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¿Están Internet y las Redes Sociales pervirtiendo el amor?

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Las nuevas relaciones digitales requieren una nueva respuesta

Nuestros abuelos se conocieron gracias a sus familiares. Nuestros padres se conocieron en su mismo pueblo o ciudad, gracias a amistades comunes. Nosotros, como pareja nos hemos conocido en fiestas, en bares o gracias a un lugar común: el trabajo o la universidad. Nuestros hijos y nietos darán un paso más allá: comenzarán su relación por Internet.

Antes daba vergüenza decir que se buscaba pareja a través de portales especializados o las redes sociales. Ahora… el 72 por ciento de los colombianos, por poner un ejemplo, opina que “buscar pareja por internet es válido y normal”.

Todo ha cambiado. Existe una menor relación personal y ha aumentado la relación virtual. Ya no se queda tanto con amigos y se interactúa digitalmente. Ya no es la calle el hábitat de nuestras relaciones personales, ahora es un ordenador, una tablet o un móvil lo que nos abre las puertas del mundo. Los amigos son perfiles, los bares y las fiestas con chats y las grandes “quedadas” son portales especializados. ¿Cómo puede afectar esta nueva realidad a las futuras familias? ¿Esta Internet y los nuevos lenguajes condicionando una futura estructura familiar?

¿Búsqueda del verdadero amor?

Existen muchas aplicaciones para buscar el “amor”. Internet se ha convertido en un lugar donde muchas personas intentan buscar a su “media naranja”. Tinder, Adopta un tío, Meetic, Lovoo, Edarling… son algunas de las aplicaciones más exitosas para ligar.  Las redes sociales y algunos chats también son un buen lugar para encontrar el amor o alguien que te acompañe una temporada.

Pero…¿qué es lo que realmente se busca? Es muy difícil responder a esta cuestión puesto que es muy personal y son diferentes las intenciones de cada usuario. Lo que sí podemos observar, en un primer vistazo, es lo que encuentra: algunas fotografías, una breve descripción y una relación de gustos y afinidades…No hay mucho más.

¿Son estos elementos suficientes para el verdadero amor? ¿No se está convirtiendo a la pareja en mercancía? ¿Estamos ante una búsqueda del amor rápido, una especia de comida basura un sucedáneo de lo que debe ser un verdadero amor?

Algunos usuarios de Tinder muestran en el periódico español: “El Mundo” cómo es su presencia en estas aplicaciones de búsqueda de pareja: “A veces te desbordan las quedadas, casi te tienes que hacer un Excel para acordarte de los datos de cada persona e imagino que a ellas esto les pasará multiplicado por tres”, afirma Alberto.

De la misma manera se expresa Clara en este reportaje: “Creo que un usuario más avanzado que yo se puede enganchar muy fácilmente. Supongo que también es una de las razones por las que no lo he utilizado más… Vivimos en el mundo del “fácil y ahora” y Tinder es una especie de McDonald’s del sexo”.

La pareja como bien de consumo

Las nuevas relaciones interpersonales a través de internet y de los buscadores de pareja convierte a las personas en meros objetos de consumo. Una buena fotografía y un sugerente perfil con quien poder quedar y satisfacer las necesidades de cada uno.

En su discurso, en Filadelfia, a los obispos el Papa Francisco alertaba sobre estas nuevas situaciones, las nuevas realidades y cómo afectan a la familia: “Lo importante hoy parece que lo determina el consumo. Consumir relaciones, consumir amistades, consumir religiones, consumir, consumir. No importa el costo ni las consecuencias. Un consumo que no genera vínculos, un consumo que va más allá de las relaciones humanas. Los vínculos son un mero «trámite» en la satisfacción de «mis necesidades»”.

Es la cultura actual, a la que tendrán que enfrentarse nuestros hijos y nietos. Es el futuro de las relaciones, ya no sólo personales, sino también en la búsqueda de pareja: “Corriendo detrás de un like, corriendo detrás de aumentar el número de followers en cualquiera de las redes sociales, así van –así vamos– los seres humanos en la propuesta que ofrece esta sociedad contemporánea. Una soledad con miedo al compromiso y en una búsqueda desenfrenada por sentirse reconocido”, afirmaba el Papa Francisco.

La sociedad y la cultura marcan nuestra relaciones y no se trata de condenar lo existente sino de ver qué respuesta puede ofrecerse ante los problemas familiares. Muchos de estos problemas o novedades que tendrán las futuras familias parten de la forma en que se conocen o comienzan una relación. ¿Qué respuestas puede dar la Iglesia ante estas nuevas realidades? ¿Cómo explicar a las nuevas generaciones que se puede dar un amor infinito más allá de una foto de perfil y unas pocas afinidades? ¿Cómo explicar que algo puede durar toda una vida cuando la sociedad convierte a las personas en objetos de consumo?

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