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3 maneras de simplificar tu vida

CC-David Poe
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Cómo acabar con el estrés y finalmente sentirse en paz

¿Te sientes superado por todo ese estrés, responsabilidades y desafíos en tu vida diaria? Si soy honesto conmigo mismo, las veces que me siento más ansioso y estresado se debe por lo general a mi tendencia permanente a complicar las cosas y a mi inclinación al “ajetreo”. Doy gracias por las ocasionales inspiraciones que tengo sobre la manera de abordar este problema y, a medida que envejezco, reconozco la sabiduría de algo que mi padre a menudo me decía cuando era joven: simplifica tu vida.

Todo en nuestra cultura moderna implica complejidad y complicaciones innecesarias. Anhelo más oportunidades de vivir el momento y la experiencia de la vida en “tiempo real”, en vez del ritmo frenético en el que vivo a menudo. Quiero que lo que se recuerde de mí sea algo más que “él logró más que muchos”. No pretendo tener todas las respuestas, pero me gustaría compartir el planteamiento en tres pasos en el que estoy trabajando para lograr una mayor simplicidad, paz y sentido en mi vida:

  1. Tener prioridades claras
  1. Practicar el desprendimiento
  1. Servir a los demás

Paso 1: Tener prioridades claras

Desde que experimenté una profunda conversión a Cristo en otoño de 2005 y me uní a la Iglesia católica, he pasado de una visión compartimentada de la vida intentando, sin éxito, equilibrar trabajo y familia, a una vida donde Cristo es lo primero, la familia es lo segundo y el trabajo es lo tercero en mi lista de prioridades.

Además, yo me esfuerzo por mantener a Cristo en el centro de todo lo que hago, y el resultado es un enfoque más auténtico e integrado de la vida, donde yo soy la misma persona en todo momento.

¿Cómo lo hago?

Cristo: Él me lo pide todo y, a cambio, me da todo lo que necesito. A través de mi vida activa de oración, la Misa y la participación en la vida sacramental de la Iglesia que Él fundó, sirvo a Cristo y me aseguro de que es mi prioridad. “Señor, ayúdame a simplificar mi vida, aprendiendo lo que quieres que yo sea y convirtiéndome en esa persona” (Santa Teresa de Lisieux).

Familia: Mi vocación de padre y marido es ayudar a mi familia a llegar al Cielo. Yo les debo mi tiempo y amor, y tengo la responsabilidad de transmitirles la fe. En nuestra casa, la cena familiar es una prioridad porque es el compromiso que mi esposa y yo compartimos de amar a nuestros hijos lo bastante como para desafiarlos con la verdad. Trabajamos duro para asegurar que nuestros niños crezcan valorando el sacramento del matrimonio mostrándoles el modelo de un gran matrimonio en casa.

Trabajo: Me dedico a santificar mi trabajo y a buscar la excelencia. Tengo que recordar que mi vocación no es mi trabajo o carrera. Mi trabajo existe para servir a mi familia … no al revés, Mi trabajo ayuda a mantener a mi familia, y es una forma de cumplir mi misión, pero no puedo permitir que me absorba de una forma insana.

Tener las prioridades claras requiere voluntad y compromiso. Tenemos que planear el tiempo, tener líneas rojas y apegarnos a nuestros principios. Lo más importante, tenemos que reconocer que estamos hechos para el cielo y no para este mundo. Seremos juzgados un día por cómo vivimos, no por lo rápido que vivimos. “Debemos recordar siempre que somos peregrinos hasta que lleguemos a nuestro hogar del cielo, y que no debemos dejar que nuestros afectos nos demoren en las posadas del camino y en las tierras por donde pasamos, de lo contrario olvidaremos nuestro destino y perderemos interés en nuestro objetivo final” (San Ignacio de Loyola)

Paso 2: Practicar el desprendimiento

¿Cómo nos desprendemos? ¿Significa que tenemos que convertirnos en ermitaños y vivir en una celda en la montaña? Por supuesto que no. Pero necesitamos darnos cuenta que vivimos en un mundo materialista y consumístico que nos anima a conseguir las más cosas posibles, a menudo a expensas de lo que es de verdad importante.

Si podemos practicar la libertad real frente a la persecución ciega de una ilusoria vida mejor, ligada a adquirir la mayor cantidad de bienes materiales que no necesitamos y otras influencias negativas de este mundo, estaremos mejor preparados para hacer elecciones más sanas y llenas de sentido en la vida.

Recordemos también que apegarnos a la gente y a las actividades adecuadas nos ayudarán también a desprendernos de las influencias negativas.

Ideas para buscar el desprendimiento:

  • Déjalo ir. Pregúntate si realmente necesitas “eso”, sea lo que sea. ¿La casa más grande, el coche más grande y otros “juguetes” de verdad nos harán más felices? O, ¿estamos llenando un vacío en nosotros mismos con las cosas equivocadas?
  • Ten cuidado de que tus posesiones/hobbies/intereses no se conviertan en obstáculo entre tu y Cristo.
  • Se consciente de lo que significa de verdad “basta”.
  • Resiste las sirenas de la cultura que te llevan a ser quien no eres y a suspirar por cosas que no necesitas.
  • Reconoce la virtud del esfuerzo y rechaza la vida fácil y sin responsabilidades que a menudo se te ofrece.
  • Evita la “mentalidad de manada” y haz lo que sabes que es correcto y verdadero, no lo que hacen los demás.
  • Valora a los verdaderos amigos…los que te desafían a ser mejor y que no te piden que dejes de ser quien eres de verdad. Prepárate para tener menos amigos con el fin de mejorar por encima de todo la salud de tus relaciones.
  • Apaga el ruido. Pierde menos tiempo en el iPhone, TV, Internet y Talk Radio y dedícate más a la reflexión silenciosa, la oración, el tiempo de calidad con tus seres queridos, el ejercicio físico y la lectura.
  • Expresa con frecuencia gratitud a Dios por las bendiciones y todo lo que tienes, y nunca des tu buena suerte por descontada.

Para mí es un reto diario el concepto del desprendimiento. Es muy difícil de practicar, pero cuando progreso en este área siento un profundo sentido de libertad y paz que me anima a profundizar en ello cada día. El mundo está constantemente tratando de sacarme de mi relación con Cristo. Cuando practico el desprendimiento de nuestra cultura y sus influencias negativas, reconozco más claramente y valoro las bendiciones que he recibido de nuestro Señor. “No se puede complacer a Dios y al mundo al mismo tiempo. Ambos se oponen totalmente en sus pensamientos, deseos y acciones. “San Juan María Vianney

Paso 3: Servir a los demás

Hace unos meses estaba con una de mis clientes de coaching ejecutivo, con la que llevaba dos semanas de trabajo. Ella entró en la sala, obviamente muy contenta de compartir algo conmigo. Colocó un documento de dos páginas sobre la mesa entre nosotros y declaró: “¡Quiero discutir hoy sobre misión y valores profesionales!” Obviamente, estas páginas representan los de ella. Luego me pidió que compartiera mi propia declaración sobre misión y valores antes de que habláramos de ella, y mi clienta sacó su cuaderno para escribir lo que supuso que sería una larga descripción de mi propia declaración.

“Son sólo cuatro palabras, así que no hay necesidad de tomar notas”, le dije, para su desconcierto.

“¿Cómo puede ser? Quiero oír cuáles son tu misión y valores, ¡y son solo cuatro palabras!”

Le sonreí y le dije: “Si me dejas terminar, te lo diré. Mi misión y valores son sencillos: servir a los demás”.

Se quedó ya totalmente asombrada. “No veo cómo puede ser esta tu misión y valores. ¡La mía ocupa casi dos páginas! ”

“Bueno, cuando yo tenía 20 años, probablemente mi escrito se parecería al tuyo. Pero, conforme me he hecho mayor, he apostado por la sencillez, y me doy cuenta de que tengo todo lo que necesito en esta vida cuando pongo a otros antes que a mí mismo. Al servir a las necesidades de los demás me gano la vida y mantengo a mi familia a través de mi coaching, la consultoría, los libros y las conferencias. Formo parte de una gran misión ayudando a otros a alcanzar su máximo potencial. Lo más importante es que sirvo a Cristo sirviendo a los demás. Mi empresa se llama Serviam Partners, y serviam en latín significa ‘Yo te serviré”. Me encanta lo que hago y me siento muy afortunado de estar tan alineado con mi misión”.

Ella se quedó sin habla mientras encajaba todo esto. Nunca revisamos su escrito de dos páginas, pero la siguiente vez que nos vimos, ella trajo una versión de un párrafo en lugar de la versión de dos páginas. Hemos progresado, y con el tiempo, la reduciremos gradualmente a unas pocas palabras.

Comparto esta historia porque saber quién eres y lo que estás llamado a hacer es un componente esencial para simplificar tu vida. Cuando yo tenía 20 y 30 años, me centré en subir la escala corporativa tan rápido como fuera posible, con pocas ideas de lo que haría al llegar a la cima. Como he escrito en mi tercer libro, Something More: The Professionals Pursuit of a Meaningful Life, dejé un puesto de alto ejecutivo de una empresa mil millonaria de restaurantes cuando tenía 30 años, para crear una empresa de búsqueda nacional de boutique, y en 2013 lancé Serviam Partners, que ofrece servicios de coaching ejecutivo y consultoría de gestión para empresas y líderes de alto nivel. Estos cambios profesionales fueron intencionados, y formaban parte de mi creciente deseo de simplificar mi vida y de aprovechar totalmente mis habilidades y pasiones al servicio de los demás.

Probablemente la mayor revelación para mí en los últimos años ha sido el sentido de la paz y alegría que siento, y que sólo viene de ayudar a otras personas. A pesar de que yo siempre busco conocer y hacer la voluntad de Dios en mi vida, el momento en que más frecuentemente me siento cerca de lograrlo es cuando hago algo al servicio de los demás.

¿Cómo sirvo a los demás?

  • Aunque esté muy ocupado, siempre intento tener tiempo de calidad para los demás.
  • Trato a los demás como yo quisiera ser tratado.
  • Intento ser un buen oyente.
  • Rezo por los demás.
  • Tengo discusiones civilizadas con los que no piensan como yo.
  • Ser sincero es un regalo cuando se entrega con profesionalidad y amor. Yo siempre trato de dar este regalo a los que me encuentro.
  • Pongo en contacto a los demás con personas y recursos que les pueden ayudar.
  • Trato de dar no sólo mi tiempo, sino también mi talento y valor para servir y ayudar a los menos afortunados que yo.
  • Siempre trato de añadir valor a mis relaciones.
  • Sirvo a grandes causas y me implico con ayuda de mi familia y amigos.

Mi entrega a los demás es en última instancia un regalo que se me devuelve. Cuando me dedico a ayudar a una persona necesitada, siento una tremenda sensación de plenitud. También sé que en estos momentos preciosos estoy sirviendo a Cristo y vivo en su voluntad. Mi horario agitado a veces puede ponerse por delante, y no consigo hacer todo lo que quiero por los demás, pero sigo intentando.

Intencionalidad y claridad llevan a la sencillez

¿Alguna vez reflexionas sobre tu carrera? ¿Vuelves sobre tus pasos y reflexionas sobre las lecciones aprendidas? Al principio de mi carrera yo era un seguidor, después me convertí en gerente y luego en líder. Ahora, me dedico a la etapa de “influencer” de mi carrera. Trabajo a través de mis libros, charlas, coaching y consultoría para influir en los resultados positivos de la gente que me encuentro en la vida. Cometo errores, pero tengo claras mis metas y mi deseo de seguir un camino más simple, de servir a los demás y seguir a Cristo. El camino para llegar hasta aquí tuvo muchas idas y venidas, pero yo tenía siempre clara mi intención.

Te animo a que cambies de dirección en la vida y a que te des cuenta de que el momento para asumir un enfoque más simple de la vida es ahora y no cuando llegues a la jubilación. He visto con gratitud el ejemplo que mis padres me dieron de cómo vivir con sencillez, actuar con humildad y servir a otros con amor y caridad. Te animo, simplemente, a que abraces la sencillez. Esta es una lucha contracultural difícil, pero deshazte de lo que sobra y quédate con lo necesario. Concéntrate en lo que es importante y ten las prioridades correctas. Sirve a los demás. Sé fiel al Magisterio y vive una vida católica auténtica. Pon a Cristo el primero en todo.

Simplifica tu vida

Randy Hain es editor de The Integrated Catholic Life, donde este artículo fue publicado originalmente.

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