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GLEE, un musical posmoderno lleno de estereotipos

FOX
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Una interesante serie juvenil que combina la comedia y lo musical

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 13 AÑOS – El lenguaje y las escenas de contenido violento o sexual pueden herir la sensibilidad

Desde la aparición de programas de televisión como American Idol, Operación triunfo, X-factor o La Voz, el género musical ha recuperado un protagonismo en televisión que había perdido. Como prolongación natural de esta corriente nace Glee, una serie de televisión que, aunque llena de estereotipos, combina con acierto la comedia con lo musical buscando un tono familiar y optimista.

La serie nos cuenta la historia de un grupo de estudiantes inadaptados de gran talento, que integran un grupo extraescolar llamado “Glee” en donde tratan de ser ellos mismos, gracias a la dedicación de su profesor, Will Schuester. En torno a este profesor se genera un espacio donde poder descubrir y compartir los talentos musicales. Un lugar donde mirar sin miedo nuestra humanidad a través de sensacionales actuaciones musicales. Pero pronto descubrirán que perseguir sus sueños será algo que pondrá en juego su humanidad y su ética personal. Descubrirán que no todo vale.

Esta serie estadounidense, creada por Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan fue pensada desde el principio con un tono juvenil y positivo que compensara la oscuridad visual de la mayoría de las series del momento. En este sentido acierta también permitiendo una experiencia visual distinta, a la vez que logra atraer tanto al público juvenil como al adulto, al darle ese toque familiar desenfadado.

Aunque para algunos pudiera ser definida como un continuo videoclip con paradas explicativas, hecho para adolescentes y portador de los topicazos más habituales de esta época, es cierto que no solo es eso. Glee presenta una serie de personajes muy variados, que a lo largo de la serie tratan de llenarlos de matices y logran abordar temas tan delicados para la adolescencia como: las relaciones amorosas, la sexualidad, la discrimninación o el bulling dentro de los institutos.

En el tema de la sexualidad, hoy la sociedad parace estar dividida en dos polos extremos: aquellos a los que les da vergüenza hablar de estos temas y prefieren dejarlo en un ámbito privado e íntimo; y aquellos, quizás los que más ruido hagan, que parecen tan determinados por el sexo que poco importa todo lo demás. En definitiva, o es un tabú o una imposición social obligatoria para poder “ser feliz”.

Y la Iglesia, formada por hijos nacidos en ese ambiente sexualizado, también presenta una dicotomía que pocos se atreven a afrontar. San Juan Pablo II nos marcó un camino bello y rico con la Teología del Cuerpo que bien podría ser un punto de encuentro para poder comunicarnos en temas tan importantes como éstos.

El cine y la televisión son una gran herramienta que puede permitir comenzar ese diálogo tan necesario sobre la familia y el amor. Y debemos de empezarlo con aquellas series y películas que aunque beban de estereotipos, no censuran la humanidad de sus personajes. Porque dicha humanidad es la condición indispensable para ese diálogo sobre la belleza del cuerpo.

Aunque seamos claros, Glee saca nota desde un punto de vista musical pero aprueba raspandillo a nivel narrativo (forzando comportamientos para avanzar tramas) y se termina plegando ante las modas del momento. Estamos ante un producto actual lleno de luz y talento donde, al menos, dejan aflorar la humanidad de unos personajes muy bien capitaneados por un gran profesor; que sabe que educar no es solo transmitir conocimientos sino que implica darse como persona.

 

 

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