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Una mirada a la pobreza del país más rico del mundo

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Y cómo los católicos la combaten

Para muchos es un mito, una leyenda. En Estados Unidos no hay pobres. Estamos en una de las tramas mejor armadas de la historia moderna. Pero no hay que irse con la leyenda de Eldorado. La verdad es otra.

Es lo que muestra el último Censo de Estados Unidos realizado entre 2010 y 2011 y que pone a pensar a más de uno sobre si es capaz de no sobrevalorar la vida en un país con el mayor número de inmigrantes viviendo dentro de sus fronteras y con verdaderos problemas para hacer que su propia población, sobre todo la de origen afroamericano, supere los niveles de pobreza.

Estadísticas que muestran otro rostro

En 2011, 46,2 millones de personas vivían en la zona de influencia de pobreza en Estados Unidos. El número de personas en situación de pobreza en el año 2011 se mantuvo sin cambios desde 2010.

El año 2010 supuso el cuarto incremento anual consecutivo en el número de personas que viven en situación de pobreza. La tasa de pobreza, o el porcentaje de la población total que vive en la pobreza, también ha aumentado hasta alcanzar un 15,1% en 2010, frente al 12,5% de 2007.

El número de personas que vivían en la pobreza en 2010 y 2011 (46,2 millones) es el número más elevado registrado en los 53 años que se llevan publicando las cifras estimadas de pobreza, según el estudio “Ingresos, pobreza y cobertura del seguro de salud en EE. UU.: 2011”, de la Oficina del Censo.

Los niños son los que más la sufren

El Papa Francisco, en su reciente estancia en Estados Unidos dijo que los niños son el principal tesoro y la parte más importante de esa nación. Sin embargo, según la misma fuente citada, en 2011, el 22% de todos los niños vivían en la zona de influencia de pobreza en EE. UU.; es decir, poco más de 1 cada 5 niños.

En 2010, el Centro Nacional de Familias Sin Hogar analizó datos a nivel estatal y encontró que, a nivel nacional, 1,6 millones de niños viven en la calle a lo largo de un año.

Por suerte, hay programas que ayudan. El Programa Nacional de Almuerzo Escolar proporciona comidas de bajo costo o costo cero para los niños sin recursos. Sólo en 2011, el programa sirvió almuerzos subvencionados a más de 31 millones de niños, y ha servido 224.000 millones de comidas desde su fundación en 1946.

Grupos étnicos

De acuerdo con los datos del Censo de EE.UU. de 2011, el mayor índice de pobreza según origen étnico se encuentra entre los negros (27,6%), seguido por los hispanos (de cualquier raza), que registran la segunda tasa más alta de pobreza (25,3%).

Los blancos presentaban una tasa de pobreza del 9,8%, mientras que la de los asiáticos resultó ser la menor con un 12,3%. Hay que recordar que los inmigrantes asiáticos se han convertido ya en la primera fuerza migratoria a Estados Unidos y que podrían aumentar, drásticamente, las estadísticas de pobreza de ese grupo étnico en los próximos años.

Una campaña católica

Frente a estas estadísticas, se alza la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD, por sus siglas en inglés) como un instrumento de la Iglesia católica de Estados Unidos que trabaja para cumplir la misión de Jesucristo “… para dar buenas nuevas a los pobres … libertad a los cautivos … vista a los ciegos, y poner en libertad a los oprimidos.” (Lucas 4,18)

Establecida en 1970 por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, la CCHD tiene un doble mandato:

  1. Ayudar a las personas con bajos ingresos a participar en las decisiones que afectan a sus vidas, sus familias y sus comunidades.
  2. Proporcionar educación y fomentar el entendimiento acerca de la pobreza y sus causas profundas.

Esta doble estrategia de “ayudar a las personas pobres a hablar y actuar por sí mismas” y de ofrecer “educación para la justicia económica” refleja el mandato de las Escrituras y los principios de la enseñanza social católica.

Apoyo y generosidad

Los esfuerzos de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano son posibles gracias al generoso apoyo de los católicos en los Estados Unidos, especialmente a través de una colecta anual en las parroquias.

Las subvenciones que CCHD destina a los esfuerzos locales contra la pobreza se evalúan minuciosamente, se adjudican y se supervisan en estrecha colaboración con las diócesis católicas locales. Las subvenciones de CCHD a grupos de comunidades locales están sujetas a la aprobación explícita del obispo de la diócesis correspondiente.

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