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Woody Allen, un ateo en manos de Dios

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El director, que admite ser judío, le dedica mucho tiempo a sus personajes para dejar claro, de una forma o de otra, su tendencia religiosa…

Woody Allen siempre ha dicho que era ateo. Pero siempre lo ha dicho con gesto de disgusto. A él le gustaría creer en Dios. A Allen le aterroriza la idea de la nada y la posibilidad de que al morir desaparezcamos de esta dimensión y de la que esté por venir. Tal vez por esto Woody Allen habla mucho de Dios en sus películas. El actor y director parte de la premisa de que estamos solos en el universo y a partir de ahí, organiza sus historias.

Como es bien sabido, Woody Allen es judío y fue educado como tal. Aunque él siempre ha declarado que sus películas no son en absoluto autobiográficas, el que más y el que menos siempre ha querido ver en su filmografía un reflejo bastante aproximado de lo que Woody Allen debe ser fuera de la pantalla.

En sus películas, por ejemplo, rara vez hemos visto la figura de Dios aunque, sin embargo, sí la del demonio o la muerte. En La última noche de Boris Grushenko o en Desmontando a Harry, la muerte físicamente, iba a buscar al personaje interpretado por Allen encapuchada guadaña en mano.

De hecho, en esta última, el Demonio ocupaba un lugar importante de la trama donde también podíamos contemplar una “dantesca” representación del infierno, ascensor incluido.

Es curioso no obstante, que un hombre que afirma ser ateo admita también que es judío. Como es sabido, el judaísmo no es solo una etnia, una lengua, una ética, una filosofía vital o una religión, el judaísmo es también una forma de relacionarse con Dios. Es por esto que si Allen afirma no creer en Dios, en el fondo no puede evitar tenerlo constantemente presente, ya sea tanto desde una óptica judía como desde una perspectiva cristiana como, por ejemplo, ocurría en El dormilón.

También, para ser un ateo, Woody Allen le dedica mucho tiempo a sus personajes para dejar claro, de una forma o de otra, su te1ndencia religiosa. En el cine del director de Zeig hay sobre todo judíos y católicos probablemente porque Allen sabe que en el fondo estamos hablando de lo mismo.

Es posible que el cine de Woody Allen salga de una cabeza materialista, aterrorizada con la nada que siempre busca el momento para poner en evidencia a casi todas las religiones con las que se tropieza. Pero no es menos que cierto que, esa misma negación implica una admisión, una creencia, una dirección vital.

En las películas de Woody Allen abundan los personajes pesimistas y hasta negacionistas que ocupan buena parte de sus tramas en dialogar con Dios o en discutir su ausencia o no.

Puede que el cine de Woody Allen no sea el más idóneo para poner en una clase de Religión católica pero no es menos cierto que sus ocurrencias y sus disquisiciones bien pueden invitar a la reflexión. No necesariamente sobre la propia existencia de Dios sino sobre el comportamiento del hombre ante el infinito, el pesimismo y también claro, el sentido del humor.

Al fin y al cabo no sería la primera vez que una buena carcajada ha inspirado a más de uno. Ahí está el mismísimo Isaac, uno de los patriarcas del pueblo de Israel, y que en hebreo significa “reir” o “risa”. De esto sin duda, sí que tomó buena nota Woody Allen, un ateo que en definitiva no deja de estar en las manos de Dios.

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