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Dios, familia, oración y expiar: Las prioridades del exitoso actor Mark Wahlberg

Carl Court/Getty Images/AFP
PHILADELPHIA, PA - SEPTEMBER 26: Actor Mark Wahlberg (C) speaks as Pope Francis (L) speaks during the Festival of Families on September 26, 2015 in Philadelphia, Pennsylvania. Pope Francis is wrapping up his trip to the United States with two days in Philadelphia where he will attend the Festival of Families and will meet with prisoners at the Curran-Fromhold Correctional Facility. Carl Court/Getty Images/AFP
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"Me centré en mi fe", afirma el presentador del festival de las familias del EMF de Filadelfia

Sus últimas tres películas han facturado 2.250 millones de euros en todo el mundo y las series de televisión que produce para la cadena HBO (Entourage, Boardwalk Empire ) ocupan los primeros puestos del ranking de audiencia en EEUU. A sus 43 años, Mark Wahlberg, teniendo a Dios como su roca firme, ha dado un giro total a su vida.

Tras liderar una pandilla, ser adicto a la cocaína y el PCP entre los 13 y los 14 años hasta caer en prisión, hoy es un declarado y ferviente católico, padre de cuatro hijos y persona comprometida con diversas causas sociales a través de sus organizaciones filantrópicas.

Mientras finaliza el rodaje de la próxima entrega de Ted y se prepara para producir una nueva serie para la HBO, titulada Ballers, el actor estrena la cuarta entrega de Transformers: La era de la extinción, donde demuestra su poderío para luchar contra las fuerzas del mal.

“Ser católico es lo más importante de mi vida”. Lo ha proclamado en decenas de entrevistas Mark Wahlberg, actor atípico, al secular y laicista mundo de Hollywood.

“Lo primero que hago cuando comienzo mi día es rezar, ponerme de rodillas y dar gracias a Dios. Luego cuando salgo de casa mi primera parada es en la iglesia… Los niños están locos conmigo. Me dicen: “Papá! Se tarda demasiado tiempo” y les digo: “¡Estaremos sólo 10 minutos, y esto es algo que realmente necesito hacer!” Porque si puedo empezar mi día diciendo mis oraciones y enfocarme desde el alma, entonces sé que estoy haciendo lo correcto. Esos 10 minutos me ayudan en todos los sentidos durante todo el día”.

Si alguien ha aprendido el beneficio de una vida espiritual, ese es Mark. Un joven problema que vivía cerca de Boston, el más joven de los nueve hijos de un padre que trabajaba como chófer y una madre empleada bancaria.

En su adolescencia fue delincuente y adicto a las drogas, especialmente cocaína, abandonó la secundaria por su pandilla y se la pasaba en problemas con la policía viviendo bajo la constante amenaza de la cárcel. Cuestión que se hizo realidad a sus 16 años.

Su adicción a la droga PCP le forzó a robar una farmacia, donde golpeó a un hombre hasta dejarlo inconsciente, a otro ciego de un ojo y atacó además a un guardia de seguridad. Como consecuencia fue acusado de intento de asesinato y condenado a prisión en la cárcel Boston Deer Island.

“El comienzo del resto de mi vida”

Aquello que era para muchos una pesadilla, fue “el comienzo del resto de mi vida”, dice agradecido el propio Mark. “No hay nada más aterrador que tener 16 años de edad y oír que la puerta de la cárcel se cierra detrás tuyo, sabiendo que no vas a salir. ¿Qué he traído conmigo? Un montón de cosas malas que me pasaron cuando era joven, y un montón de cosas malas que yo hice también.

Era demasiado rebelde y autónomo para la escuela, cometí errores y estaba pagando por ellos. Había perdido el vínculo con mi religión. Mis padres, aunque no tan devotos, sí eran católicos, pero una vez que me largué a la calle eso dejó de ser importante para mí.

¡Ah, pero claro, cuando estás en problemas, empiezas a rezar!: “¡Oh, Dios mío, sácame de aquí, y te juro que nunca lo volveré a hacer!” Bueno, lo cumplí al salir de la cárcel y me aseguré de que nunca regresaría allí. La tasa de reincidencia de las personas que regresan está por los cielos, pero no conmigo. Yo quería ser de otra estadística. Yo quería vivir mi vida centrado”.

El sacerdote, oración y expiación

Recuerda que lo primero que hizo nada más salir de la cárcel fue visitar a su párroco en Boston, el padre Flavin, quien sigue siendo un buen amigo. Con la ayuda del sacerdote abandonó su pandilla, comenzó -precisa- a expiar por sus acciones pasadas dedicándose así a poner en orden su ‘casa espiritual’. Y por primera vez su vida “tenía sentido”.

“Una vez que me centré en mi fe, cosas maravillosas empezaron a suceder para mí. Y no me refiero a lo profesional, no es de lo que se trata… Es algo mucho más grande que eso. Quería servir a Dios y ser un buen ser humano, expiar por los errores que cometí y el dolor que provoqué a las personas. Por eso es por lo que oro”.

Pero también el éxito profesional y material son parte de su vida. Una apariencia ruda y el amor a primera vista que surgió con el lente de la publicidad lo hicieron ‘visible’ como modelo de ropa interior. Luego, con trabajo constante derivó hacia la actuación. Comenzó entibiando la pantalla grande en Boogie Nights, antes de pasar a películas de acción como Tres reyes, La tormenta perfecta y The Italian Job.

La aclamación mundial y una nominación al Premio de la Academia llegó con Infiltrados (The Departed), dirigido por Martin Scorsese. Luego ha seguido acumulando éxitos y millones. Nada de mal, para un chico que ni siquiera pudo salir de la escuela secundaria…

“Pero eso no es de lo que se trata”, insiste Mark. “Ser un buen actor o un buen productor: no me ayudará a dormir por la noche o a llegar al cielo. Lo más importante desde mi punto vista es ser un buen padre, un buen marido y un buen hijo de Dios; un hombre que ayuda a su prójimo y apoya a sus niños para ser también buenos hijos de Dios”.

 

Artículo originalmente publicado por Portaluz

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