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Cine de acción: En busca del hombre bueno

Vaca Films
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El hombre bueno, aún en un infierno de rufianes, tiene al menos un amigo

https://www.youtube.com/watch?v=4a0IE_gSMYI

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 17 AÑOS – Imágenes de alto contenido violento o sexual

 

No es ningún secreto que el cine de acción es un género vilipendiado hasta el hartazgo. Innumerables e insufribles propuestas venidas de todos los rincones del mundo nos han bombardeado, conscientes o no, con la idea de que una buena cinta de acción es aquella que no da un momento de respiro. Por ahí anda la producción española El desconocido. Sin embargo, en España siempre nos hemos acercado al género con cierto complejo, como avergonzados por tener que reducirnos al cine de mamporros y persecuciones para poder hacer algo de taquilla.

Por esta razón, un buen número de películas españolas de acción nunca terminan de funcionar, porque tratando de ser algo más que simples productos de acción están más centradas en sus dramas internos y en sus personajes desdibujados por innecesarias escenas de acción que en el propio género en sí. Sin embargo es muy probable que por esto el cine de acción sea uno de los más estrictamente cinematográficos porque es tan importante el contenido (los personajes, el drama, etc…) como la forma (las escenas de acción).

El cine de acción, tal y como lo conocemos hoy día le debe mucho, primero al film noir, o cine negro, fundamentalmente por su entorno. Las películas de gangster como las cintas de acción suele suceder en entornos fundamentalmente urbanos. Pero también al cine bélico o a las películas del oeste. La lealtad, la valentía, la amistad y en última instancia la bondad del ser humano se situaba como piedra angular a partir de la cual se organizaban sus tramas. En entornos de corrupción, traición o visceralidad animal resurgía el hombre bueno, el hombre honesto, el hombre hecho a sí mismo. El Elliot Ness de Los intocables, el Ethan Edwards de Centauros del desierto o el capitán John Miller de Salvar al soldado Ryan no son más que hombres buenos que no luchan por la verdad o la justicia sino por aquello que consideran bueno sin demasiadas explicaciones.

El cine de acción, el buen cine de acción, también es todo esto. Pero también es equipo, lealtad y sobre todo amistad. El hombre bueno, aún en un infierno de rufianes, tiene al menos un amigo. Le ocurría a John McClane en La jungla de cristal cuando su único amigo era un policía desconocido con el que hablaba a través del walkie-talkie y a Sam en Ronin, una trama enmarañada donde solo sobrevivirá el que consiga hacer las alianzas adecuadas con los hombres idóneos.

El cine de acción, como casi todos los géneros llegados de Hollywood, es un cine eminentemente americano. Hay una forma y una cultura que al resto del mundo nos cuesta entender. Las armas, la inseguridad y la necesidad de seguridad, la amistad y la vecindad son sentimientos directamente heredados de la época colonial cuando Estados Unidos no era más que un mosaico de propiedades terrenales acechadas por los apaches y los cuatreros.

Tal vez por todo esto, a los españoles nos cueste tanto hacer cintas de acción. Tendemos a confundirlas con dramas cuando no se trata de eso. Es fácil que las vistamos de películas de tiros y en realidad sean otra cosa muy distinta. Entramos en el género como si supiéramos de lo que estamos hablando cuando en la mayoría de los casos no tenemos ni idea. Creo que no adivinamos su esencia, pero tampoco su forma. Nuestro cine de acción imita al americano y eso sólo puede acarrear productos mediocres.

No obstante, yo siempre que puedo peco de imprudente y voy a ver una película de acción española. Es cuestión de tiempo que un día entendamos el género y más aún, es cuestión de tiempo que los hagamos nuestro y será en ese momento cuando encontremos a nuestro hombre bueno. ¿Es El desconocido esa película?

 

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