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¿Es “pecado” responder al celular durante la misa?

© Marko Vombergar / Aleteia
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Una cuestión de sentido común

Desde que vivimos en la era de los teléfonos móviles o celulares, numerosísimas personas lo llevan siempre consigo, ya sea para chatear, jugar o simplemente hablar. Es un continuo mirar siempre el celular para ver lo que ha pasado, lo que alguien ha dicho, lo que me han enviado o las llamadas que he tenido.

En los actos públicos, o en los espectáculos, ya se amonesta: “apaguen los celulares”. Algunos siguen sin apagarlos y no es raro escuchar el sonido de una llamada en medio de un concierto o de una obra de teatro, ante la indignación del resto del público. ¿Se olvidó de apagar el celular o ponerlo en silencio o “modo avión”? Es lo más probable, pero no faltan quienes no quieren despegarse del celular para chatear en las redes sociales.

También se lleva el celular cuando se va a misa. Y en numerosas ocasiones se oye la música de un celular sonar en medio de la misa. Si el celular se encuentra en un lugar escondido de los bolsillos o de los bolsos –es más fácil en este caso—el celular suena y suena y vuelve a sonar, hasta que se oye una voz que dice “Hello!”, o “¿Diga?”. El que responde sale de la iglesia y habla en la calle. A veces se oye el “¡Tsiiiit!” de los otros fieles. Muchas veces el sacerdote debe parar la celebración de la misa hasta dejar de oír el celular.

Una vez una señora preguntó al sacerdote: “¿es pecado responder al celular en medio de la misa?”. La respuesta del sacerdote fue razonada. “Mire señora, el celular debe entrar en el templo apagado o silenciado, porque no es solo que puede impedir que siga usted tranquilamente la Eucaristía, sino que la sigan los demás, o el mismo sacerdote que se distrae si suena el celular”.

Y la mujer insistió: “¿pero es pecado, padre?”. Y la respuesta del sacerdote fue. “No es pecado si usted llevó el celular abierto a llamadas sin darse cuenta. Y si se da cuenta, es una falta de consideración para con el Señor en la Eucaristía, para con el sacerdote y para con los demás feligreses. Y si lo hace a menudo, entonces tendría un problema de adicción al celular”.

Y sigue la señora: “Si respondo al celular en medio de la misa, y me voy del templo a la calle para responder, ¿cumplo con el precepto dominical?”. El sacerdote le dijo que si su intención era ir a Misa y tuvo esa llamada, cumple con el precepto dominical. “En cualquier caso es una falta de respeto, tanto con el Señor presente en la Eucaristía, como con los demás fieles. Mi consejo es que lleve usted siempre el celular apagado o en silencio y así estará más pendiente de lo que ha venido a hacer en el templo”.

Casi nunca las llamadas no son urgentes, y pueden atenderse fuera del templo después de la misa o de la función litúrgica que sea. Eso se hace por respeto de quién está en el templo: Dios y los fieles. Y si hay un problema adicción o semiadicción, lo que hay que hacer es tratarse psicológicamente para eliminar esa dependencia malsana del celular.

No se trata, por lo tanto de si es o no pecado, que no lo es, sino de respeto y de consideración, en primer lugar con Dios que preside el templo. Lo mismo que en una reunión de trabajo con el jefe: si todos los reunidos respondieran al celular este se quedaría sin interlocutores en la reunión, pues todos estarían con el celular colgado de la oreja. Hay que utilizar el sentido común en el manejo de los celulares… y evitar adicciones.

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