Aleteia

El caso Heineken: Avaricia y amistad

alchemy
Comparte

“Se puede tener mucho dinero y se pueden tener amigos, pero nunca las dos cosas”

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 17 AÑOS – Imágenes de alto contenido violento o sexual

 

El caso Heineken está basada en un hecho real. En 1983, en pleno centro de Amsterdam, un grupo de maleantes secuestraron al acaudalado propietario de la conocida cerveza Heineken, Alfred Henry “Freddy” Heineken. El empresario de 60 años permaneció en cautiverio treinta días junto a su chofer Ad Dodere. El conocido como “secuestro del siglo” y por el que se desembolsaron 35 millones de florines neerlandeses (unos 16 millones de euros) no es la primera vez que es llevado al cine.

En el año 2011, el director holandés Maarten Treurniet, llevó a cabo una insípida adaptación del caso con Rutger Hauger como Alfred Heineken. En esta ocasión, para interpretar al adinerado propietario de la marca de cerveza se ha contado con la presencia del mismísimo sir. Anthony Hopkins en una película que, sin dejar de ser una producción holandesa, también cuenta con Sam Worthington, a quien hemos podido ver en películas como Avatar, Furia de titanes o Terminator. Salvation. En la dirección tenemos a Daniel Alfredson, un avezado director de telefilmes suecos que además ha realizado la segunda y tercera entrega de la popular serie Millenium y que en esta ocasión ha cambiado de bandera y se traslada a Holanda para filmar uno de los secuestros más sonados del pasado siglo.

A El caso Heineken se le ha reprochado, no sin razón, unos personajes demasiado estereotipados y un transcurso de la trama decididamente flojo. Y lo cierto es que es muy posible que sea así. Pero también es cierto que la película de Alfredson no aburre en ningún momento y esto lo han admitido también los mismos críticos. No estamos ante una gran película, no vale la pena recomendarla pero tampoco avisar de su existencia para que se anden con ojo. El caso Heineken es un film perfecto para contemplar como a veces vemos ciertas películas, casi a traición, cuando nos disponíamos a echar una siestecita.

En cualquier caso, probablemente lo más destacable de El caso Heineken sea la defensa que se hace de la amistad. En un momento dado, Alfred Heineken, le dice a uno de sus secuestradores, “se puede tener mucho dinero y se pueden tener amigos, pero nunca las dos cosas”. Lo que empieza siendo un grupo de amigos en una situación económica desesperada termina convirtiéndose en una deslavazada trifulca de discusiones y engaños que nunca terminará bien.

Una pena, por los personajes reales que vivieron aquella situación y por la película, que se queda en un quiero y no puedo por falta de pulso y nervio narrativo. Eso sí, uno pasa un rato entretenido y de paso puede aprender incluso alguna que otra obviedad sobre la amistad y la avaricia.

 

 

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.