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España y las series históricas: un filón que parece inagotable

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Isabel, Carlos… ¿Felipe? La edad de oro de las series históricas en TVE

 

Inicio del primer capítulo: https://youtu.be/wZN98jymI6c

Calificación por edades: No recomendado a menores de 12 años.

Tres temporadas y casi medio centenar después de la apuesta de Televisión Española por recrear la vida de la reina Isabel la Católica puede certificarse que el proyecto, a pesar de algunos vaivenes a mitad de su desarrollo (como por otra parte corresponde a todo segundo acto que se precie de tal), ha sido tal éxito que ha propiciado la continuación de la “trama”.

Pero claro, una vez difunta la protagonista que además da nombre a la serie ¿cómo continuamos? Pues ya que estamos hablando de la primera reina de la España unificada como tal lo natural es continuar con la saga dinástica, de forma que esta temporada se ha estrenado “Carlos, rey emperador”, en lo que promete ser una continuación del tono y el trasfondo que nos trajo la anterior entrega en lo que muy bien podría convertirse en una Historia de España televisada (y dramatizada).

A pesar de su juventud, Michelle Jenner logró convertirse en la idónea encarnación de la reina de Castilla incluso contando con la suspensión de incredulidad del espectador que no veía problemas en que el aspecto de la actriz fuese bastante distante de lo que los cuadros de la época nos cuentan del rostro y el físico de la monarca.

El resto del reparto (salvo contadas excepciones) consiguió atrapar a una parte significativa de la audiencia que llegó a encontrar un quizá olvidado interés por la Historia de España gracias a la trama de unos capítulos que si bien se tomaban algunas libertades en cuanto a la fidelidad a los hechos reales también es cierto que hablamos de una serie, no de un documental, por lo que como los mismos productores reconocieron, lo esencial era la narración, a la que a veces tenía que doblegarse lo que aconteció (o al menos lo que los libros convienen que sucedió).

Probablemente sólo una cadena pública como Televisión Española podía afrontar con ciertas garantías el proyecto que supuso “Isabel” y el que supone continuar en cierta manera la “saga” con la recién estrenada “Carlos, rey emperador”, en referencia al título con el que todos aprendimos en el colegio a denominar a Carlos I de España y V de Alemania, pues tal era el trono que ocupó en la nación centroeuropea.

La ambientación en ocasionales localizaciones relacionadas con los acontecimientos reales ya se convirtió en habitual con “Isabel” y con “Carlos, rey emperador” ya hemos podido ver que uno de los emblemáticos espacios escogidos es el Palacio de Carlos V, ubicado en la misma Alhambra que ya transitó por los capítulos dedicados a narrar la vida de sus padres, y es de suponer que como en aquella, se aprovechará el incomparable marco de dichos monumentos para acercarnos a un período importantísimo de nuestra Historia.

“Isabel” nos mostró el nacimiento de lo que con los vaivenes propios del medio milenio transcurrido continúa siendo en mayor o menor (sobre todo menor) medida el Reino de España y con “Carlos, rey emperador” podremos asistir a la ampliación de nuestras fronteras y el nacimiento de un Imperio cuya consolidación tal vez (y a la par el inicio de la decadencia, por ser el punto álgido) podría llegar si todo funciona bien (hablamos de índices de audiencia, cómo no), en una tercera serie que continuaría la saga y que bien podría titularse “Felipe: no se pone el sol”.

Episodios a la par apasionantes, instructivos y cargados de intrigas y conflictos personales no faltan, desde luego, en las biografías de Carlos V y Felipe II, además de que el mero hecho de imaginar El Escorial (y la recreación digital de su proceso de construcción) como escenario de más de un capítulo ya merece la pena, pero el trasfondo resulta especialmente relevante, y es cómo se ha sabido con acierto convertir nuestro pasado, nuestra Historia en historia. La transición entre esa H mayúscula y minúscula precisaba de unos guionistas y unos documentalistas capaces de entresacar los momentos, personajes y conflictos más susceptibles de mantener al público enganchado a sus devenires pese a saber en líneas generales cuál sería el desenlace.

A diferencia del cine, donde los tiempos de exposición de la trama son, por fuerza, muy distintos y resultaría agotador pasar más de tres o cuatro horas seguidas asistiendo a una película, las series de televisión se han constituido en los últimos tiempos en el refugio del crecimiento argumental y del trazo reposado del arco de evolución del personaje.

Tenemos la suerte de que unos productores y una cadena hayan reparado en lo interesante que puede ser contarnos nuestra Historia al modo de lo que como lugar común y desde hace décadas han hecho, por ejemplo, en las cadenas británicas, y esperemos que el éxito acompañe a la recién iniciada “Carlos, rey emperador” y que dentro de una década estemos preguntándonos si tras contarnos el reinado de Felipe II TVE apuesta por pasar directamente a la Guerra de Sucesión y embarcarnos directamente en la llegada de la dinastía borbónica con Felipe V antes de abordar la trepidante sucesión de Carlos III, Fernando VII, Isabel II… esto no ha hecho más que empezar.

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