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Un cristiano sirio, como el protagonista de “La Terminal” en Estambul

© Fadi / Aleteia
Cristiano sirio atrapado en el aeropuerto
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Una película cuyo héroe, Tom Hanks, se queda bloqueado en el aeropuerto a causa de un golpe de estado en su país

La película La Terminal –protagonizada por Tom Hanks- que ganó numerosos premios internacionales en 2004 sucede de verdad en 2015. Esta vez, el héroe no es un actor, sino un joven sirio de 27 años, Fadi, que intenta entrar en Europa.

Está bloqueado en el aeropuerto internacional Atatürk de Estanbul desde hace más de seis meses.

Al lado de este joven cristiano se encuentran extremistas que intentan viajar en la otra dirección para unirse al Estado Islámico (Daesh) en Siria, que le ha amenazado de muerte si no se convertía al islam.

La tragedia de Fadi, que pertenece a una familia cristiana de Homs (Siria), empieza cuando debe salir de su universidad de derecho y huir de su país, como muchos otros, por su seguridad y para evitar implicarse en el conflicto que afecta al país desde 2011.

Fadi se refugia en el Líbano en agosto de 2012 cuando los combates entre el ejército sirio y las fuerzas rebeldes alcanzan su apogeo en Homs.

Se registra en la Oficina de Naciones Unidas en Beirut e intenta encontrar trabajo en las terribles condiciones de los refugiados sirios que viven en el Líbano.

Proporcionalmente a sus 4 millones de habitantes, el Líbano es el país que acoge la mayor parte de refugiados.

Tras esperar dos años y medio la decisión de las Naciones Unidas, Fadi pierde la esperanza de que su petición de asilo tenga éxito. Su otra esperanza, ver finalmente concluir los combates en Siria, para poder volver, también acaba en decepción.

Entonces conoce a un traficante de personas sin escrúpulos que se aprovecha de sus desesperación y le promete ayudarle a entrar en Europa a cambio de una gran cantidad de dinero.

El trayecto Líbano-Turquía estaba previsto para finales del mes de noviembre de 2014. De allí debía llegar a Malasia para obtener los documentos que necesitaba para llegar a Europa.

Fadi fue arrestado en el aeropuerto de Kuala Lumpur porque sus documentos son falsos. El mes pasado fue enviado de nuevo al último país que había atravesado, Turquía, que le condujo pronto al primer avión para Malasia.

Sufrió una detención inhumana, dejado tres días en el suelo en una pequeña celda sin agua ni comida.

Cuando su salud empeoró peligrosamente, un policía se las agenció en tres días para volver a enviarle a Turquía a través de la transferencia de una nueva suma de dinero.

Llegó a Turquía el 15 de marzo de 2015, dejando atrás su sueño de entrar en Europa. Fadi pidió oficialmente asilo a las autoridades turcas.

El joven sirio está detenido en el aeropuerto internacional Atatürk de Estambul. Sus amigos no pueden hacer nada por él. Su abogado se muestra impotente.

Al cabo de tres meses, el departamento de policía pone a Fadi ante dos alternativas: apelar o verse llevado de nuevo a la frontera turca, controlada por los extremistas islámicos de Daesh y Al-Nosra.

Apela ante el Tribunal Supremo de Ankara. Durante el último mes de ramadán, los problemas de Fadi empeoran. Un yihadista llegado de Ouzbékistan que intentaba unirse a Daesh, también bloqueado en el aeropuerto, intenta empezar su guerra santa por su cuenta y exige al joven cristiano que se convierta al islam, le pague un impuesto o se prepare para morir.

La intervención de la policía le salva in extremis pero el acoso de muchos otros islamistas, retenidos como él, no se detiene ahí.

La próxima semana, Fadi empezará su séptimo mes retenido en el aeropuerto. Ha intentado por todos los medios contactar con embajadas, organizaciones de derechos humanos e Iglesias, para que le ayuden.

El joven ha acabado creyendo que su fe le impide obtener el derecho de asilo. Pero Fadi nunca abandonará su religión cristiana. Cueste lo que cueste. Y continuará rezando, porque la oración es su único consuelo.

 

 

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