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¿Por qué el catolicismo es tan poco atractivo para los evangélicos?

© Phil Whitehouse

K. Albert Little - publicado el 14/09/15

El testimonio de un ex evangélico convertido al catolicismo

Cuando era un joven evangélico, yo hacía una clara distinción entre católicos y cristianos.

Ambos no eran sinónimos, y, muy a menudo, un católico no era, en mi opinión, un cristiano.

Cuando los católicos aparecían en nuestra exégesis evangélica del Nuevo Testamento, se les identificaba directamente con un grupo concreto de personas: los fariseos.

Los fariseos con su religión.

“Estúpidos fariseos”, pensábamos, “¡no reconocerían al Mesías ni aunque les quitara el barro de los ojos!”

¿Mencioné que nosotros éramos los inteligentes?

Ahora, para ser honrado, estábamos fuera de lugar y lo que hacíamos era el típico error protestante: identificábamos a los fariseos con la religión y la religión con lo malo.

Jesús condenó a los fariseos. Los fariseos eran religiosos. Ergo, la religión es mala.

La lógica parece aplastante.

Zwinglio, el padre del movimiento anabaptista, pensaba así también. Desde su punto de vista, la vida sacramental de la Iglesia cristiana medieval era demasiado religiosa. Un punto de vista que persiste hasta hoy en el Evangelicalismo.

El catolicismo no es atractivo para los evangélicos, pienso, por dos razones.

En primer lugar, yo y muchos de mis compañeros evangélicos, desconfiamos implícitamente de la religión. Esto se debe, en gran medida, a una falta de comprensión de las interacciones de Jesús con los fariseos y a las raíces históricas de la Reforma. Reformadores como Zwinglio desmantelaron el sistema sacramental cristiano y nosotros, los evangélicos de hoy en día, heredamos lo que quedaba.

Mirando en retrospectiva, una mucho mejor lectura de la condena de Jesús a los fariseos, una lectura mucho más consistente de su comportamiento y orientación general hacia estos líderes judíos, es que condena su religión vacía.

Su falsa piedad.

Sin embargo, en una habitación llena de evangélicos conversos, yo apostaría con seguridad que todos hemos oído ese sermón antes: la religión es mala. Naturalmente, nos pone nerviosos cualquier cosa que parezca religiosa por miedo a caer en la supuesta trampa de los fariseos.

Así que, rechazamos naturalmente el catolicismo en todas sus trampas religiosas.

¿Qué pasa con los católicos?

Por un lado, la condena de los fariseos por parte de Jesús no fue una condena en general de la religión.

La iglesia cristiana primitiva – que refleja bastante a la Iglesia católica de hoy – era rotundamente religiosa. La Didajé, uno de los testimonios más antiguos que tenemos sobre cómo vivían la fe los primeros cristianos, muestra sin complejos la perspectiva religiosa del culto cristiano.

Jesus no condenó la religión. La religión no es mala. Pero, desafortunadamente, la “religión” se ha convertido en sinónimo de “mala religión”. Inseparable en la mente de algunos.

Segundo, los evangélicos encuentran a los católicos poco atractivos por su testimonio. Faltan católicos con una relación personal con Cristo.

Cuando yo era evangélico, encontraba la fe católica poco atractiva, muy anticristiana, pues los católicos que yo conocía no tenían una relación personal con Cristo. No eran, como dirían los escritores evangélicos, “discípulos.”

No se esfuerzan por modelar su vida en Cristo – Su compasión, Su integridad, Su generosidad – y esto les hace no cristianos.

Y, en realidad, eso parece bastante justo porque Jesús condenó a los fariseos por su religión vacía.

Y las dos van de la mano: Una práctica de la religión [vacía] reemplaza la relación con Cristo. Quita la religión y céntrate en Cristo.

Es un argumento justo y, en mi opinión, nuestra respuesta no debe ser devolver el golpe, sino estar de acuerdo.

Una religión vacía es una barrera para una vida en Cristo. La religión vacía es peligrosa. Jesús la condenó. Y nosotros, como católicos, tenemos que tener cuidado de no caer en la religión vacía de los fariseos.

Yo fui evangélico y estoy de acuerdo.

Pero luego me hice católico.

No necesitamos dar argumentos.

En vez de eso, tenemos que demostrar.

Demostrar el poder vivificante de la Eucaristía. Demostrar la libertad que viene del Rito de la Penitencia. Demostrar la increíble, encarnada vida que comienza en el Bautismo y que se concede en la Confirmación.

Defender la bendición de modelo sacerdotal que Dios nos dio.

Ponerse de pie y celebrar la belleza del matrimonio sacramental.

¿Por qué el catolicismo es tan poco atractivo para los evangélicos?

Porque los evangélicos no ven una vida espiritual católica vivida, celebrada, y abrazada de todo corazón.

Los evangélicos ven una religión vacía, y ¿podemos echarles la culpa?

¿Cuándo nuestros bancos están llenos de católicos que lo son por inercia?

¿Cuando la catequesis católica es tan pobre que un buen número de católicos ni siquiera entiende la presencia real [de Cristo en la Eucaristía, n.d.t.]?

¿Cuando los católicos confunden el juicio como el atributo más imitable de Dios, en lugar de la misericordia?

En el momento en que vi y comprendí, y vi una fe católica vivida, me convencí.

En el momento en que comprendí los reclamos históricos de la Iglesia Católica, la belleza de los sacramentos, y que los católicos podían estar tan cerca de Jesús en una vida de encarnación, ya no tenía nada que hacer.

Tan pronto como me di cuenta de que lo que yo pensaba que sabía sobre el catolicismo, que lo que muchos malos católicos me habían convencido a mí de que era cierto sobre el catolicismo, en realidad estaba totalmente al revés, sabía que no podría resistirme.

¿Qué tenemos que hacer como católicos?

Necesitamos ser católicos. De verdad.

Si lo que es poco atractivo para los evangélicos es lo que parece ser esa piedad vacío y la falta de relación auténtica, lo que necesitamos pedir al Espíritu Santo es que nos llene de una vida más católica.

Un abrazo sin complejos de la fe católica, que, en su centro, es una relación personal con Cristo. Una relación, ¡por el amor de Dios!, que es tan cercana que de hecho nos alimentamos de Jesús en Su carne y sangre.

¿Suena demasiado simplista decir que no hay nada más personal que eso?

Porque si los católicos realmente vivimos la vida a la que estamos destinados, la vida que dicta nuestra fe, viviríamos la vida más centrada en Cristo, hermosa, imaginable. Cierto. Pero, por desgracia, no lo hacemos. Y, por desgracia, la imagen que yo tenía de los católicos, cuando era evangélico, es en gran medida exacta.

No estoy satisfecho con esto, y ninguno de nosotros debería estarlo.

Si tenemos, como profesa la Iglesia Católica, la «plenitud» de Cristo, entonces nuestros hermanos y hermanas evangélicos debería ver algo distinto de lo que ellos hacen. Deberíamos tener un aspecto diferente del que tenemos.

Después de todo, como católicos tenemos el trío ganador: La realidad histórica de una Iglesia de dos mil años, una gran cantidad de rigor intelectual de peso, y el atractivo de la belleza de nuestra fe.

Pero sin vivirlo en la realidad – con una demostración de que amamos a Jesús -, no somos, al final, mejores que los fariseos.

Y esto no es atractivo.

Artículo publicado en el blog The Cordial Catholic, de K. Albert Little, y traducido y publicado por Aleteia con permiso expreso de su autor

Tags:
ecumenismo
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