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“Anacleto, agente secreto”: de tal palo tal astilla

Warner Bros. Pictures
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Una película española que promete: Anacleto tiene un hijo y este no sabe que su padre es un agente secreto

https://youtu.be/YSOkNEv3uYs

Clasificación por edad: No recomendada para menores de 12 años

¿Qué te deja en herencia un padre que te abandona? ¿Cuál puede ser el objetivo de un clásico villano de película para poder causar daño al superagente secreto que logró atraparle y encarcelarle?

Tras sorprender agradablemente con “Spanish movie” y “Promoción fantasma” y simplemente hacernos reír (que no es poco) con “3 bodas de más” el director Javier Ruiz Caldera demuestra estar consagrado como artífice de efectivos vehículos cinematográficos de diversión visual y oral. El chiste que se encierra en un cruce de diálogos o en los guiños visuales multirreferenciales es más que acertado, y la sonrisa que se escapa de un gesto o una acción también encuentran acomodo en lo que Caldera plasma en imágenes.

El director consigue además hacer suyo un personaje de tebeo que será desconocido para el público más joven pero al que trata con tanto cariño como coherencia para que tanto si el espectador ya conocía los habituales desiertos, tiburones y entradas secretas del tebeo como si llega virgen a la sala de exhibición no tarde lo más mínimo en sumergirse en un universo que estilísticamente es muy deudor de aquel “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” con el que Javier Fesser supo trasladar el rico ecosistema de Ibañez a la pantalla.

En este caso aunque el Anacleto de Vázquez tenía un estilo propio, más sobrio y hasta cierto punto deudor del estilismo sesentero de las películas de James Bond de la época y especialmente de la serie “El superagente 86” a la que más directamente parodiaba Caldera parece recoger un filtro fesseriano, quizá por la propia conveniencia de ubicar a Anacleto y su mundo en una ambientación retroindeterminada, en colores cálidos y diseño de producción viejuno, que cederá paso a la frialdad de la época actual, como trasunto de esa herencia yacente que, en el fondo, supone la propuesta de esta película.

Y es que como ya se ha encargado de destriparnos el trailer, Anacleto tiene un hijo y este no sabe que su padre es un agente secreto. Un padre que además se ausentó abandonando a su retoño (que ahora está en el punto de mira del malvado Vázquez, trasunto que el propio autor hizo de sí mismo en las propias historietas) y que guarda una mezcla entre rencor, desconfianza y vacío como consecuencia de su “orfandad”.

Aquí merece la pena destacar la confirmación, una vez más, de la versatilidad de Carlos Areces (aquí como El Malvado Vázquez) para la comedia o la grata sorpresa que supone ver a Berto Romero una vez más en pantalla grande como “alivio cómico” en una comedia, lo que ya es rizar el rizo, al tiempo que se constata que Quim Gutiérrez es el perfecto actor para representar al individuo superado por las circunstancias y que Imanol Arias es capaz de hacer tan creíble a Anacleto como superagente secreto real que ya debería haber peticiones para que Caldera ruede alguna precuela de esta película con “Antonio Alcántara” vestido de smoking y pajarita… y con el tupé teñido para contarnos antiguas batallitas del agente secreto.

Pero lo que descubriremos en “Anacleto, agente secreto” es que, quizá como un tan involuntario como sutil homenaje a la canción de Johnny Cash “A boy named Sue”, realmente Anacleto legó a su hijo, pese a su ausencia, una formación subconsciente que realmente cuando llegue el momento necesario permitirá aparecer ese carácter que permanecía soterrado, esas habilidades que permitirán que una vez más el alumno (hijo) supere al maestro (padre) y sea capaz de vestirse el smoking y la pajarita sempiternos del más famoso agente secreto de las viñetas patrias.

En el fondo “Anacleto, agente secreto” no deja de ser un ejemplo de amor paternofilial en el que el progenitor debe sacrificar su relación para proteger a su retoño del posible mal que pudiera causarle las obligaciones laborales propias de su condición (léase daños colaterales). Cuando finalmente estas repercusiones amenazan la vida de aquel a quien más ha querido, desde la ausencia, será cuando los auténticos sentimientos salgan a la luz y (me perdonarán el spoiler) el perdón ni siquiera llegue a ser necesario porque cuando se quiere a alguien ya no hay nada que perdonarle.

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