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La caridad de tres religiosas que vence a la barbarie de los asesinos

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Tres mártires españolas son beatificadas por su testimonio de paz y perdón

Las religiosas españolas  Fidela Oller, Josefa Monrabal y Facunda Margenat, asesinadas durante el comienzo de la Guerra Civil ya son Beatas. En una ceremonia celebrada en la Catedral de Girona, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la FE, Angelo Amato las calificó como “personas buenas, buenas…que se habían consagrado a Dios para ayudar al prójio en sus domicilios y en los hospitales. No hacían el mal, sino solo el bien” y se preguntó:  «¿Por qué fueron asesinadas? ¿Por qué?»

El cardenal Amato habló de la situación en España en los años treinta y cómo en Agosto del 36: “el enemigo de Dios y la humanidad entro en la mente y el corazón de algunos hombres con el veneno del odio y la destrucción para anular a los que hacían el bien: padres y madres de familia, grandes y pequeños, sacerdotes, religiosas y también obispos”.

Las tres religiosas, que acaban de ser elevadas a los altares fueron de las primeras víctimas de la persecución del verano de 1936 en España. “Fueron ejemplares en rezar por la paz y en el perdonar a sus verdugos”, destacó el Cardenal Amato, que se refirió a cómo vencer el mal con el bien: “La barbarie de los asesinos fue vencida por la caridad de las tres víctimas inocentes. Los nombres de los perseguidores se pierden en el olvido de la deploración y el deshonor, mientras el nombre de las consagradas se recuerda con respeto y veneración”.

Fidela Oller (Banyoles 1869 – Xeresa 1936)

Sintió la llamada del Señor a los 17 años e ingresó en el Instituto de Religiosas de San José de Gerona. En 1892, emitió los votos. Ofreció su servicio en varios hospitales cuidando a los enfermos con mucho amor y dedicación. Fue superiora en diversas comunidades.
En 1927, con un grupo de Hermanas, fundó la comunidad de Gandía. Destacó por su don de consejo y cercanía, y por su vida de piedad, prudencia y sencillez, siendo un ejemplo para todos.
Perseguida como religiosa y superiora, fue arrestada y martirizada por los milicianos en el camino de Xeresa (Valencia) el 30 de agosto de 1936. Su vida fue una preparación continua, y, ante la llamada apremiante del Señor, madre Fidela respondió con heroísmo a los 67 años de edad.
Josefa Monrabal (Gandía 1901 – Xeresa 1936)

Fue una joven piadosa y caritativa con sus compañeras y con los pobres. Desde pequeña sintió el deseo de consagrarse al Señor pero circunstancias familiares se lo impidieron.
En 1928, ingresó en el Instituto de Religiosas de San José de Gerona. Profesó en 1931, y en 1934, hizo la profesión perpetua. Fue destinada a la comunidad de Villarreal (Castellón de la Plana) para el cuidado de los enfermos a los que servía con mucho amor y dedicación.
Para la hermana Josefa todo tenía gran valor, vivía entregada al Señor y decía: “Me gustaría ser mártir y ofrecer mi vida por la conversión de los pecadores si esa es la voluntad de Dios”.
Expulsada con violencia de la comunidad en 1936, buscó refugio en la casa de su hermano en Gandía. Allí, fue arrestada y llevada al martirio junto con la madre Fidela. El Señor la invitó a ofrecer el supremo sacrificio de amor a los 35 años de edad.

Facunda Margenat (Girona 1876 – Barcelona 1936)

Nació en Girona el 6 de septiembre de 1876. En 1894, ingresó en el Instituto de Religiosas de San José de Gerona donde profesó en 1896, a los 20 años de edad. Pasó por varias comunidades siempre al servicio de los enfermos. Fue una Hermana ejemplar, llena de amor y compasión hacia los enfermos, a cuyo servicio dedicó su vida hasta el heroísmo.
Durante la persecución religiosa (1936) vivió en Barcelona. Visto el desorden que reinaba decía a las Hermanas: “Deseo dar la vida por la conversión de estos que persiguen a Dios y a la Iglesia”.
Al ser expulsada la comunidad del lugar donde residía, la hermana Facunda permaneció refugiada con la familia del enfermo al que asistía. Fue denunciada por la portera del edificio y allí, la fueron a buscar para conducirla al martirio la noche del 26 al 27 de agosto.

El Señor la halló preparada para el encuentro definitivo con Él mientras le servía en el enfermo. Tenía 60 años de edad.

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