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Wes Craven: Cine agrietado, pero no tan negro

New Line Cinema
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Acaba de morir el creador de Freddy Krueger

ADULTOS CON RESERVAS – Escenas extremas de contenido violento o sexual

 

El pasado 30 de agosto fallecía en Los Ángeles el director y guionista Wes Craven víctima de un tumor cerebral a los 76 años de edad. El director es conocido fundamentalmente por ser el padre de Freddy Krueger y por haber dirigido las cuatro entregas de la saga Scream, sin embargo, este antiguo profesor de literatura y filosofía era algo más que un simple alborotador de butacas atestadas de adolescentes. No todo el mundo puede decir que aterrorizó a tres generaciones enteras y Wes Craven lo hizo.

Su pasión por el cine le empujó a abandonar la seguridad de las aulas que le proporcionaba la Universidad de Clarckson en la que daba clase. Trabajó como taxista hasta que consiguió entrar en una productora montando películas eróticas de poca monta hasta que logró hacer los contactos necesarios y reunir el dinero suficiente como para poner en pie su primera película. La última casa a la izquierda (1972) es una película brutal e insana, formal y moralmente. Lo que Craven propuso con aquel largometraje todavía está siendo digerido por quienes vieron el film en su momento. Cinco años después filmó otra aberración titulada, Las colinas tienen ojos (1977), una película primo-hermana de la anterior que en muchos sentidos la complementa.

Aquellas películas fueron importantes porque propusieron una nueva forma de hacer terror. Se alejaron de las telarañas y los castillos encantados y situaron el miedo en el mundo moderno, cambiando las sábanas flotando por cuchillos ensangrentados. Pero sobre todo, aquellas películas adulteraron una moral que parecía inexpugnable poniendo en evidencia que la más sólida de las civilizaciones modernas también tenía grietas por las que podían asomar sus propios monstruos.

De hecho, el cine de Craven se centró en buena medida en esas grietas de la moral. Y lo hizo con muy poco optimismo. En sus películas es muy raro un final feliz. Años después, en 1984 filmaría otro monumento del género, eso sí, siempre dentro de la serie B, Pesadilla en Elm Street. Aquella película también hablaba de grietas pero esta vez, en el subconsciente. Craven hizo físico lo onírico y convirtió una simple pesadilla en una matanza brutal. Freddy Krueger había nacido. Con el paso del tiempo el personaje terminó convirtiéndose en un ridículo monigote más cercano a los dibujos animados que al cine de terror pero lo cierto es que el mito ya había echado raíces.

En 1996, Wes Craven volvería a remover los cimientos del género con una nueva reinterpretación del slasher (películas con asesino enmascarado tipo Viernes 13 o La noche de Haloween), Scream. Se tiene la sensación generalizada de que Scream es una película muy mala sin discusión sin embargo creo que no se ha sabido valorar sus aciertos.

De entrada, Scream es una película a años luz del nivel de violencia tanto de las primeras películas de Craven como de la saga Pesadilla en Elm Street, principalmente porque el film era un largometraje pensado para el gran público. En segundo lugar, Scream reúne buena parte de su encanto en su propia auto consciencia, es decir, en saberse a sí misma como una réplica de cartón piedra –casi paródica y profundamente autorreferencial- de los clásicos de finales de los setenta y principios de los ochenta. Y esto Craven lo supo entender muy bien. Filmó con notable maestría las escenas de suspense y supo mantener su esquivo sentido del humor sin que dejáramos de ver una película de miedo. Y finalmente, Scream también nos hablaba de otra grieta, la de la fútil cultura adolescente de los noventa. Las sandeces e idioteces propias de la edad podían reventar en un baño de sangre y volverse –una vez más en el cine de Craven- físicas, dolorosas y finalmente sangrientas.

El cine “agrietado” de Craven nos recordó que somos frágiles y que nada ni nadie es perfecto al menos en este mundo terreno. También nos recordó que los monstruos nos acechan y, en el fondo, también nos dijo que a veces lo único que nos puede salvar de una muerte segura es una lucha en equipo conjugando valores como lealtad, valentía y amistad. Después de todo no todo era tan negro en el cine de Wes Craven.

 

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