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¿Se puede usar música grabada en las celebraciones litúrgicas?

CD y pen drive

Junior Silva / Flickr / CC

CD

Henry Vargas Holguín - publicado el 19/08/15

Sólo en las misas con niños: en la liturgia viva deben PARTICIPAR personas vivas

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Soy parroco de una comunidad en la cual, como en muchos otros lugares, se siente la ausencia de músicos católicos. ¿Podemos usar pistas en las celebraciones liturgicas?

Los que están en una celebración litúrgica deben tener una participación plena, consciente y activa en la función litúrgica: unos participarán tocando instrumentos, otros cantando, otros sirviendo al altar, otros al servicio de la Palabra, etc.. Si no hay fieles que toquen algunos instrumentos musicales, pues los otros se limitarán sólo a cantar; es decir, si no hay músicos se ha de cantar sin música. 

“Los fieles cumplen su función litúrgica mediante la participación plena, consciente y activa que requiere la naturaleza de la misma liturgia; esta participación es un derecho y una obligación para el pueblo cristiano, en virtud de su bautismo. Esta participación:

a) Debe ser ante todo interior; es decir, que por medio de ella los fieles se unen en espíritu a lo que pronuncian o escuchan, y cooperan a la divina gracia

b) Pero la participación debe ser también exterior; es decir, que la participación interior se exprese por medio de los gestos y las actitudes corporales, por medio de las aclamaciones, las respuestas y el canto. Se debe educar también a los fieles a unirse interiormente a lo que cantan los ministros o el coro, para que eleven su espíritu a Dios al escucharles” (Instrucción sobre la música en la liturgia Musicam Sacram, 15)

Decía el Papa San Pio X: "No cantéis en la Misa, cantad la Misa". El ideal es "cantar la misa", pues canto y música no son elementos externos a la celebración. Un pueblo que canta con alegría (acompañado por instrumentos musicales o a capella), participa activamente del culto litúrgico que le tributamos a Dios.

El canto litúrgico es una dimensión importante de cada experiencia de oración dentro de la asamblea litúrgica. Es muy importante que la gente cante porque la acción de cantar la liturgia forma cristianos. Cuando la comunidad canta, ésta expresa y profundiza su fe. Todos los que participan en la liturgia deben cantar sin importar la voz que se tenga.

Cuando toda la asamblea canta se puede sentir el poder abrasador que tiene la liturgia. Cuando a la música litúrgica no se le da prioridad, la propia liturgia se debilita, porque música y liturgia siempre van unidas.

La Instrucción General del Misal Romano nos recuerda el antiguo adagio: “El que canta ora dos veces”. Esto nos recuerda que la música y nuestro canto no tienen el propósito de ofrecer diversión o de tener un fondo musical en la liturgia. Nuestro canto es también nuestra oración. El canto no solamente nos ayuda a unirnos a la acción litúrgica, sino que le da un sentido y fuerza especial a nuestra oración expresada por medio del canto.

Es tan importante la música en la celebración litúrgica que la Iglesia nos dice que “Téngase, por consiguiente, en gran estima el uso del canto en la celebración de la Misa, atendiendo a la índole de cada pueblo y a las posibilidades de cada asamblea litúrgica” (IGMR,40).

En cuanto a los cantos (con o sin instrumentos musicales) se recomienda:

1.- No añadir más cantos a los que ya las normas litúrgicas han estipulado. La idea de añadir cantos en ciertos momentos (al dar la paz por ejemplo) es ajena a la liturgia: sería como concebir la misa como algo "aburrido" que hay que amenizar. Ya sabemos que la liturgia, como la vida misma, sólo es aburrida cuando se mira desde la barrera, no cuando se vive desde dentro.

2.- Como hemos visto antes, la liturgia pide que haya cantos. Que sean con o sin música esto ya es secundario; aunque lo ideal es que haya música "en vivo y en directo" (si se puede decir así).

Por tanto, según las normas generales para la Iglesia universal, es un error que los coros recurran al uso de música grabada. Estas pistas musicales no deben reemplazar la música viva que debe ser entonada por los músicos y cantada por el coro y/o la asamblea.

Incluso en algunas ocasiones lamentablemente se ha constatado que alguna vez se ha caído en el engaño de acompañar con fonomímica una pista pregrabada.

"Las  pistas musicales pregrabadas (con voz o sin voz) nunca deben reemplazar al coro o al canto de la asamblea, ya que en la liturgia viva deben PARTICIPAR personas vivas a través de gestos y palabras. Sólo en las Misas con niños puede ser utilizada la música grabada. (Sagrada Congregación para el Culto Divino, Directorio para las misas con niños, 22-10-73, n. 32).

“El empleo de instrumentos en el acompañamiento de los cantos puede ser bueno para sostener las voces, facilitar la participación y hacer más profunda la unidad de una asamblea. Pero el sonido de los instrumentos jamás debe cubrir las voces ni dificultar la comprensión del texto” (MS, 64).

De manera pues que en los documentos oficiales la Iglesia habla sólo de instrumentos, nunca de pistas musicales. En las celebraciones litúrgicas se debe evitar todo lo que sea artificial y postizo o que se pretenda hacer encajar a la fuerza.

3.- Los cantos han de ser educadores de la fe. La primacía hay que darla al texto, porque los textos contienen mensajes de fe y doctrina; pero también hay que procurar que la música nos ayude a la mejor confesión de la fe. Por tanto, el canto litúrgico ha de ser una confesión de la fe por su melodía y por su texto.

Se deben suprimir cantos que nieguen o tergiversen verdades de fe, cantos que expresen alguna ideología ajena a la fe, cantos que sólo buscan entretener o que polaricen a los fieles.

4.- Los cantos deben expresar la fe de la Iglesia y estar al servicio del misterio que se celebra respetando las normas establecidas por la autoridad competente.

5.- Se han de escoger los cantos teniendo en cuenta que las celebraciones litúrgicas son celebraciones de LA IGLESIA; culto público al cual somos invitados a asociarnos. Y no son en absoluto celebraciones privadas donde cada cual hace o dice lo que quiere.

6.-  Que sean cantos compuestos y dedicados única y exclusivamente para la celebración litúrgica, cualquiera que ésta sea. Es decir que no sean cantos del mundo de la farándula aunque puedan tener algún contenido religioso. Hay que saber distinguir el canto religioso o música sacra del canto litúrgico.

7.- La música y/o canto litúrgico tienen que ser bellos. Hay que evitar a toda costa la música intrascendente y vulgar que deja el corazón vacío. Para "escuchar" otras cosas, hay discotecas u otros lugares.

8.- Es importante evitar que el canto litúrgico caiga en desuso o se convierta en algo transitorio; esto es algo propio de la música popular que se convierte en moda por unos días y después pierde interés y vigencia.

9.- La música litúrgica le ayuda al cristiano a adquirir y a vivir una actitud religiosa ante Dios: expresar súplica, fe, arrepentimiento, alabanza y acción de gracias.

10.- El canto litúrgico y la música litúrgica deben saber respetar los momentos de silencio. Algunos coros no saben respetar el “silencio sagrado” durante la acción litúrgica y tocan un fondo musical durante tiempos previstos para la adoración del misterio como el rito de la consagración o los momentos para la oración personal después de la comunión.

Los pastores deben instruir a los coros a respetar el “silencio sagrado” antes y durante la celebración, para poder reverenciar el misterio. Se debe evitar tocar “música de fondo” durante el rito de la consagración u otros ritos. “Todo instrumento debe callar cuando el sacerdote o un ministro pronuncian en voz alta un texto  que les corresponda por su función propia” (MS, 64).

Es de lamentar que muchas veces los coros movilizan los instrumentos y realizan sus ensayos justo antes de la celebración litúrgica molestando a los fieles que tienen derecho a prepararse a través del silencio y la oración antes de la acción sagrada.

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