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Roberto Clemente: Caballero dentro y fuera del diamante

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Hispanos católicos en la América contemporánea

“Cuando tienes la oportunidad de mejorar cualquier situación y no lo haces, estás malgastando tu tiempo en la tierra” (Roberto Clemente).

Roberto Clemente Walker nació en Carolina, Puerto Rico el 18 agosto de 1934. Fue el menor de siete hermanos y desde su juventud destacó en el ámbito deportivo siendo el béisbol el deporte de su preferencia. En 1954 firma para el equipo de los Dodgers de Brooklyn pero debido al reglamento del momento su contrato no es válido; de esta manera, los Piratas de Pittsburgh lo adquieren el 22 de noviembre del mismo año.

Luisa, la madre su madre, era bautista. Su padre, Melchor, católico. Roberto crecería con una fuerte inclinación religiosa en su vida, primero como bautista y ya en su vida adulta como católico. 

Cabe agregar a esto un dato poco conocido: Roberto fue bautizado en la iglesia católica de niño. Gracias a su esposa Vera Zavala, Roberto empieza a practicar su fe católica en su vida adulta.

Su vida dentro del campo de beisbol fue espectacular: de 1955 hasta 1972 jugó con los Piratas de Pittsburg consiguiendo los siguientes reconocimientos:

● Dos títulos de Series Mundiales (1960, 1971)

● Jugador más valioso de la Liga Nacional en 1966

● Jugador más valioso de la Serie Mundial

● Cuatro títulos de bateo 1961, 1964, 1965, 1967

● Doce guantes de oro

● 3.000 hits

● Doce veces elegido al Juego de Estrellas

● Exaltado al Salón de la Fama en 1973
 
Todos estos logros no llegaron tan fácilmente. Roberto llegó al beisbol profesional durante una época de racismo y segregación racial en los Estados Unidos.

Durante su carrera profesional se vio obligado a viajar, comer y ser tratado de manera diferente por su color de piel. Aun con esto y la constante falta de reconocimiento de la prensa especializada, Roberto logró poco a poco convertirse no solo en un gran pelotero: su trascendencia sobrepasa el diamante de juego.

“En el día mas grande de mi vida, a los nenes (sus hijos) la bendición mía y que mis padres me echen su bendición”, dijo después de ganar la Serie Mundial del 71’.

Su vida fuera del campo de juego fue mucho más productiva que dentro del mismo. Durante la temporada baja de beisbol regresaba a su natal Puerto Rico e impartía clases a jóvenes, charlas en las que siempre trataba de transmitir los valores familiares, siempre aconsejando a los niños a que hicieran caso a sus padres y que buscaran su bendición.
 
Durante su vida soñó con crear una “Ciudad Deportiva” en su natal Carolina, lo cual su familia y amigos han hecho una realidad hoy día.
 
Hombre de profunda fe y convicciones, Roberto siempre dio el máximo de sí en pos del prójimo. El fuerte sentido de trabajo y ética le permitieron representar dignamente no solo a Puerto Rico sino a toda Latinoamérica con honor y dignidad. Su incansable anhelo y deseo de servir al prójimo en especial a los jóvenes lo hacen un ejemplo a seguir.

El 31 de diciembre de 1972 muere Roberto. Lo hace tal como vivió su vida: sirviendo al prójimo. El avión en el que viajaba, que llevaba ayuda humanitaria a las víctimas del terremoto de Nicaragua, se desploma a pocos segundos del despegue en el océano Atlantico. Sus restos jamás serían encontrados.

La MLB, la liga de beisbol profesional, cada año otorga el premio “Roberto Clemente” a aquel jugador que trascienda en la comunidad con sus acciones y ejemplo. 

El 18 de septiembre se celebra el día de Roberto Clemente en el beisbol, esto honrando la memoria del que se considera uno de los deportistas hispanos más influyentes de todos los tiempos, no solo por sus logros profesionales sino por la manera como vivió su vida, siempre dándose por el projimo y pensando en los demás.
 
Roberto Clemente fue un caballero dentro y fuera del terreno de juego, que vivió al son de la letra de su himno favorito:
“ Solo Dios hace el hombre feliz. Solo Dios hace el hombre feliz . . . Todo se acaba. Solo Dios hace el hombre feliz”.

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