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Habla el obispo ecologista, consejero del Papa

Holger Motzkau / Romulo Moya Peralta-cc
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En Brasil vive con protección porque no calla ante la violencia ejercida contra los indios y la Amazonia

El amor por la naturaleza. Para los indios la creación es un don de Dios y es el lugar en el que residen los antepasados. La naturaleza para ellos tiene, ante todo, un valor humano, no económico. Tienen, además, un gran sentido de la comunidad: nunca dicen ‘yo’, sino ‘nosotros’. Y ‘nosotros’ significa todos, desde los niños hasta los más ancianos.

¿Cómo se desarrolla una jornada suya?

Estoy en casa de tres meses a cuatro al año, no más. Mi diócesis es más grande que toda Italia y una parte de Austria juntas: estoy siempre viajando entre las 800 comunidades de la región.

¿Cuáles son las urgencias de su agenda?

Visitar al pueblo. Cuando me convertí en obispo los fieles me pidieron que fuese una pastor de oración pero también que estuviese cerca de las personas. Por esto mi vida es compartir con la gente, creyendo lo que dice Papa Francisco: el pastor debe tener el olor de las ovejas.

El Papa pidió a la Conferencia Episcopal Brasileña una propuesta para permitir que las comunidades dispersas se acercasen a la Eucaristía con más frecuencia. ¿Hay novedades?

Desde el pasado abril, cuando el Papa nos pidió una propuesta concreta, una comisión está planeando algunos caminos para que todas las comunidades tengan la posibilidad de participar en la Eucaristía más de tres veces al año. Para las 800 comunidades que tenemos solo hay 30 sacerdotes, y la región es muy grande. La comisión está trabajando, pero no tiene una idea concreta todavía.

Volvamos a la Austria de los años ’50 en la que usted creció. ¿Cómo nació su vocación?

Tenía 18 años y algunos amigos hacían fundado un grupo de la Juventud Obrera Católica (JOC) en Hohenems, donde vivía. Después elegí entrar en la congregación de la Preciosísima Sangre porque mi tío Erich era un misionero de ellos, y fue obispo de Brasil, exactamente en Xingu, la misma zona en la que yo estoy.

¿De joven ya soñaba reunirse con su tío en Brasil?

De joven tenía muchos sueños, uno de estos era, sin duda, Brasil. Durante un periodo pensé en convertirme en médico, pero después llegó la llamada de Dios.

A propósito de Brasil, usted ha hablado muchas veces contra el gobierno de Dilma Rousseff. ¿Cuáles son las perspectivas del país?

Brasil vive un periodo muy difícil. Las alianzas entre distintos partidos no han traído nada bueno. El país necesita una reforma agraria y una idea de desarrollo que comprenda tanto el crecimiento económico pero sobre todo social. Hablamos de calidad de vida, educación, sanidad, transporte, habitación y seguridad pública.

Monseñor Kräutler, ¿qué hará cuando se jubile?

Hace un año presenté la petición de jubilación al Papa, pero se ve que Francisco no piensa igual. Espero que mi sucesor continúe el camino que hemos comenzado.

Quisiera permanecer en Brasil pero tengo muchas peticiones de colaboración también en Europa. Además continuo como secretario de la Comisión Episcopal para la Amazonia, durante los próximos cuatro años… Esto significa que no me jubilaré muy pronto…

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