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Adaline y el ¿secreto? de la eterna juventud

Lakeshore Entertainment
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¿Merece la pena envejecer con alguien por amor?

Clasificación: No recomendada para menores de 7 años
 
 
En medio de un verano en el que pocos estrenos resultan realmente estimulantes más allá de los consabidos taquillazos prefabricados (y no por ello menos entretenidos) superheróicos y neopolicíacos (ya no hay ¨polis y cacos¨ sino agentes secretos de organizaciones inéditas contra malvados villanos con ansias de caos mundial) queda hueco para una película diferente al resto de la oferta cinematográfica estival aunque ello tampoco implique una novedad absoluta.
 
En "El secreto de Adaline¨ tenemos algo más que un vehículo de lucimiento para la actirz Blake Lively, espléndidamente vestida y con una actuación sobria mas ajustada al papel y el libreto. Tenemos un cóctel que sale bien parado de ofrecer una mezcolanza que podría haber resultado desastrosa. Expliquemos que nos cuentan en esta película.
 
Fruto de un accidente, la protagonista queda para siempre en un estado que cualquiera podría envidiar de perpetua lozanía, inmarcesible juventud y derivado de ello un desapego sentimental derivado del sacrificio que supondría renunciar a esa eterna juventud por mor de un amor que podría no ser el definitivo.
 
No tardan en acudir al recuerdo del cinéfilo (e incluso del espectador ocasional) referentes variados. Tenemos ¨El curioso caso de Benjamin Button¨ en el que el protagonista nace viejo y se hace más joven cada día con lo que es fugaz la época en la que puede convivir adecuadamente con el amor de su vida sin que la diferencia de edad (y de madurez) constituya un obstáculo.
 
Tenemos también ¨Los inmortales¨ con aquel habitante de las Tierras Altas de Escocia que sólo podía morir si otro inmortal como él le separaba la cabeza del tronco con un golpe de espada. En este caso quedaba para el recuerdo aquella preciosa respuesta ante la pregunta de su mujer, ya anciana, cuando en el lecho de muerte le preguntaba por qué nunca había envejecido y el estrábico montañés explicaba que ¨porque te sigo queriendo como el primer día¨.
 
Pero quizá el referente más claro y directo sea el personaje de la elfa Arwen de la trilogía ¨El Señor de los Anillos¨, enamorada del montaraz Trancos (otro rudo hombre de las montañas capaz de solventar las controversias con mandoble firme), posteriormente desvelado como Aragorn, noble heredero del trono de Isildur. No era la diferencia de rango, posición ni de raza lo que les separaba sino más bien una de las peculiares características de los elfos: su inmortalidad.
 
Y ahí es donde parece encontrar su característica diferencial ¨El secreto de Adaline¨ puesto que el gran reto de su protagonista llegará cuando quede expuesta ante sí la gran duda que constituye el eje sobre el que gravitará su destino y que definirá las vueltas que seguirá dando en torno al Sol sin que los años le causen mella: ¿merecerá el amor por esta persona renunciar a mi eterna juventud?
 
Obviamente la pregunta podemos hacérnosla a nosotros mismos en estos tiempos de egoísmo, de culto al yo, de ausencia de empatía y sacrificio por los demás, de autocentrismo sumo que ha llevado a elevar a categoría envidiable la soltería bajo la etiqueta del anglicismo single que encumbra la anulación del compromiso de vida en pareja (no hablemos ya de la paternidad responsable o el proyecto de formar una familia). En esta eterna juventud de peterpanes para quienes los 40 son los nuevos 20, ¿merecerá la pena dejar de ser joven para envejecer junto a alguien a quien amamos y que nos ama?
 
Que no nos deslumbren las décadas que desfilan paseando sus cambiantes modelitos por la espectacular percha de Blake Lively: todos somos Adaline pero ninguno vamos a tener medio siglo para decidir si empezamos o no a envejecer por amor.
 

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