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40 diócesis francesas repicarán sus campanas por los cristianos perseguidos

A lot of bells in a church © Be Good / Shutterstock
<a href="http://www.shutterstock.com/pic.mhtml?id=142998415&src=id" target="_blank" />A lot of bells in a church</a> © Be Good / Shutterstock
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El próximo día 15, festividad de la Asunción, para pedir una oración a la Virgen María por los cristianos perseguidos

Crece sin parar el número de diócesis francesas en las que repicarán las campanas de las iglesias el próximo día 15, festividad de la Asunción, para pedir una oración a la Virgen María por los cristianos perseguidos. En un principio la idea surgió del dinámico e infatigable obispo de Toulon, Dominique Rey. Pero pronto otros obispos se fueron sumando a esta iniciativa que pretende dar voz a los sin voz y recordar a unos hermanos que han perdido todo y de los que poca gente se acuerda.
 
Según se acerca la fecha, la iniciativa sigue prendiendo sobre todo entre los fieles, que son los que han pedido a sus pastores que repiquen las campanas de sus diócesis. Pues está surgiendo efecto. Ya son más de 40 las diócesis francesas en las que sonarán las campanas en recuerdo de los cristianos perseguidos.
 
Entre ellos estará el cardenal Barbarin, arzobispo de Lyon, que ha acogido con entusiasmo esta campaña y que estará acompañado ese día por el obispo sirio de Alepo, precisamente una de las zonas donde los cristianos han sufrido más en los últimos años.
 
"No son seres desencarnados", proclamó monseñor Rey al lanzar la convocatoria: "Se encuentran a pocas horas de avión de aquí, en países devastados. Se llaman Samir, Sobhi, Tony, Petro, Boutros, Adib, Rima, Macha, Lama, Fadia, Rama. Son hombres, mujeres, niños, ancianos. Son rostros donde en ocasiones se lee la angustia, el miedo, la tristeza, la confianza, a veces la alegría y la esperanza. Son sollozos inacabables o carcajadas infantiles. Son seres asesinados física y moralmente. Son seres infinitamente amados por Dios".

 
Diócesis francesas en las que se oirán las campanas
 
"Bastaría un signo, una llamada firme a todos los hombres de buena voluntad", pidió el prelado: "Que el día de la Asunción, en Francia, las campanas de todas nuestras iglesias repiquen y los cristianos y todos los que lo deseen se congreguen para expresar su apoyo. Por la Paz, con el único arma del amor en las manos. Unos minutos de recogimiento y silencio".
 
Poco a poco se han ido sumando diócesis a la iniciativa, y así lo hicieron las de Bayona, con su combativo obispo Marc Aillet a la cabeza, Gap, cuyo titular es Jean-Michel di Falco, y -última por ahora- Avignon, comandada por otro prelado sin respetos humanos, Jean-Pierre Cattenoz.
 
Así lo justificaba monseñor Cattenoz: "Es importante no bajar los brazos. Hacer tañir las campanas es una hermosa forma de dar testimonio de lo que se vive en las iglesias. Así que invitamos a los cristianos, pero también a todas las personas de buena voluntad, a concentrarse en la calle con ese motivo".
 
Y "¿por qué el día de la Asunción?", se interroga monseñor Cattenoz: "Cuando todo va mal, cuando no se tiene nada, uno se vuelve hacia la Virgen María. Dos mil millones de hombres sobre la tierra le rezan, no sólo los cristianos… Propongo a todos los fieles que se concentren en las iglesias a que digan juntos la oración a María que derriba los muros".
 
Esta oración dice así:
 
"Santísima Madre de Dios, nos dirigimos a ti como Madre de la Iglesia, madre de todos los cristianos que sufren y de todas las minorías perseguidas. Te suplicamos, por tu ardiente intercesión, que hagas caer ese muro, los muros de nuestros corazones, y los muros que producen odio, violencia, miedo e indiferencia, entre los hombres y entre los pueblos.
 
"Tú, que mediante tu Fiat aplastaste a la serpiente antigua, congréganos y únenos bajo tu manto virginal, protégenos de todo mal, y abre para siempre en nuestras vidas la puerta de la esperanza.
 
"Haz que nazca en nosotros y en este mundo la civilización del amor que pende de la cruz y de la resurrección de tu Divino Hijo, Jesucristo, Nuestro Salvador, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".
 
"Tal vez", concluye monseñor Cattenoz, "algunos teman que este gesto sea considerado como una provocación hacia los musulmanes o un atentado a la laicidad. Pero no es nada de eso: se trata de un gesto de oración, de solidaridad, de paz y de fe. Creemos que puede tener un auténtico impacto".
 
Artículo originalmente publicado por Religión en Libertad

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