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Teología de la prosperidad: el evangelio de la avaricia

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Sus predicadores más representativos no tienen reparo en enseñar abiertamente sus doctrinas del negocio con Dios

Y así, la prosperidad económica y el éxito son para ellos signos de la santidad y de aquél que tiene a Dios por «socio».

Todo el mensaje del evangelio se reduce a una visión materialista, individualista y superficial de los pasajes bíblicos, manipulando emocionalmente a sus fieles mediante el uso de técnicas de inducción a crisis histéricas y presionándolos para que ofrenden a la Iglesia más de lo que pueden, incluyendo su casa y sus ahorros.

Al nivel escandaloso al que ha llegado este movimiento, ha sido objeto de crítica, no solo de la mayoría del mundo evangélico y pentecostal, sino de autores que en un comienzo la defendían.

Autores como Peter Wagner, han reconocido abiertamente que «la línea entre la prosperidad dada por Dios y la codicia desenfrenada se ha desvanecido».

Actualmente, más de la mitad de los cristianos de las iglesias neopentecostales pertenecen a esta corriente, aunque no conozcan su nombre. En Estados Unidos casi el 20% de los evangélicos pentecostales confiesan ser parte de este movimiento.

¿Qué enseña la teología de la prosperidad?

Podríamos sintetizar la doctrina de la prosperidad en estos principios que se enseñan oralmente en las prédicas de cada vez más pastores de este evangelio de la avaricia.

– Dios es el dueño del mundo y si tú eres hijo -socio- de Dios, te pertenece todo y has de reclamar tu derecho.

– Dios promete bendiciones -interpretadas todas como prosperidad material- a todo aquel que se una a él e invierta en sus proyectos.

– La única forma de adquirir prosperidad es por medio de la fe, especialmente «declarando» prosperidad. La lógica es simple: «Si pides con fe se te dará, pero si no recibes, es por falta de fe, es tu culpa si no eres próspero». Esto también incluye reprender demonios que son los causantes de la pobreza y de los fracasos.

– La clave es ofrendar: cuánto más grande sea tu ofrenda, más le estarías mostrando a Dios tu confianza en él y por lo tanto, mayores serán tus ganancias.

Con esta doctrina los pastores y telepredicadores ostentan su lujo sin complejos, como una forma de manifestar su nivel de santidad y el mayor nivel de bendición divina que han recibido.

Forman verdaderos imperios económicos, buscando cada vez mayor poder e influencia en los medios de comunicación y en la política.

Pastores y políticos

Muchos partidos políticos, a su vez, encuentran en estas iglesias una forma fácil de adquirir votantes, ya que los pastores de esta corriente son fuertemente autoritarios e imponen el voto a su comunidad como voluntad divina.

Este es un tema que requiere un análisis profundo: ¿alianzas políticas con pastores autoritarios que manipulan a sus numerosos fieles? ¿nuevos caudillos carismáticos que arengan masas incontables con fines políticos?

En estos contextos presenciamos una reconfiguración de la relación entre política y religión. Tema que excede nuestro artículo.

Un escándalo para los cristianos

Cualquier cristiano que estudie en serio la Biblia, sea católico o evangélico, reformado, ortodoxo, anglicano o pentecostal, sabe que esta doctrina no solo no tiene fundamento bíblico, sino que es un insulto al cristianismo, una caricatura aberrante de Dios y una enseñanza abiertamente antievangélica.

Aunque usen abundancia de citas bíblicas sacadas de contexto, la aparente unción celestial -que son puros gritos sin sentido- y los superficiales gestos de piedad, no pueden esconder lo que mueve realmente a estos predicadores: la avaricia.

Entrar a un templo de estas megaiglesias o ver un programa de televisión de predicadores de la prosperidad, nos recuerda aquel texto del evangelio de Juan (2,16) cuando Jesús echa a los mercaderes del Templo de Jerusalén, porque «han convertido la casa de mi Padre en una casa de comercio».

Pero los teólogos y predicadores de la prosperidad, convirtieron la necesidad de las personas en un grosero comercio religioso.

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