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Diálogo entre religiones: ¿Es siempre positivo rezar juntos?

AP Photo/Lefteris Pitarakis
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Son gestos importantes, pero creer en Dios no es suficiente para poder orar juntos, si no hay unanimidad sobre quién es ese Dios

En unos de los apartados de su libro Fe, verdad y tolerancia Joseph Ratzinger abordó una de las cuestiones más interesantes sobre la cultura del diálogo y el encuentro entre religiones: la oración común y su conveniencia. Para ello diferenció entre la oración multirreligiosa y la interreligiosa.

La oración multirreligiosa

Para Ratzinger, las jornadas mundiales de oración por la paz (Asís, 1986 y 2002), podrían considerarse como modelos de oración multirreligiosa. Unidas por un espíritu común, representantes de varias religiones realizaron gestos públicos a favor de la paz y la justicia en el mundo. Y lo hicieron también reconociendo sus diferentes caminos para legar a Dios. Podría resumirse este modelo en un “estar unidos desde la diferencia”.

Este tipo de oraciones originado muchas dudas sobre su validez. Puesto que sus creencias son distintas, muchos opinan que no sólo fomentan el relativismo, sino que muestra una unidad que no es real. Sin embargo, Ratzinger considera equivocado rechazar totalmente este tipo de encuentros. Por el contrario, pueden ser un instrumento válido si se refuerza el valor real de la oración individual, entendida como un clamor a Dios en condiciones de verdad y responsabilidad.

Sin embargo, Ratzinger subraya la necesidad de que se cumplan dos requisitos fundamentales. El primero es que sean actos excepcionales. Como señales dirigidas a llamar la atención del mundo, que “al mismo tiempo conmueva el corazón de Dios”. El segundo, es que quede bien establecido que orar juntos no significa creer en lo mismo ni por los mismos cauces. Sería un mensaje que podría confundir a quienes reciben la imagen de estos acontecimientos, reforzando el relativismo. Es decir, un todo vale. Todo es lo mismo. Perdiendo así todo el sentido.

La oración interreligiosa

Como se ha dicho, en la oración multirreligiosa se ora en un mismo contexto, pero de forma separada. Sin embargo, en la oración interreligiosa personas de distintas religiones oran juntos. Para Ratzinger, que este tipo de oración contenga elementos de verdad y honradez debe cumplir tres condiciones. Requisitos  fundamentales para este modelo de oración no se convierta en “la negación de la fe”. 

La primera es que exista unanimidad en quien es Dios y en qué significa orar. Es decir, ser conscientes de que es un diálogo con un Dios único, con mi Creador. Con una “persona” que es capaz de conocer, escuchar y amar. Que tiene el poder para oírme y responderme. Que es bueno y que el mal no tiene cabida en Él. Que es el Dios de la paz y la justicia. Por tanto, estaría excluida toda forma de entenderlo como un dios impersonal o una deidad entre tantas.

La segunda es valorar el motivo por el que se ora. Si es una petición digna. Para Ratzinger no hay nada que refleje mejor el contenido de una oración como el Padrenuestro. Sus peticiones revelan quién es Dios y quienes somos nosotros. Purifican nuestras intenciones. Para un cristiano, cualquier petición que se aleje de este espíritu no puede ni debe ser motivos de oración ni interreligiosa ni de ninguna otra clase.  

En último lugar, es muy importante que todo se desenvuelva de tal forma que evite cualquier interpretación errónea o relativista sobre la fe y la oración. Esta cuestión es de vital importancia tanto para cristianos como para creyentes de otras religiones. Ya que no debe darse la impresión de que las religiones son intercambiables.

La unicidad de Dios y de Jesucristo, Salvador de los hombres, no puede quedar en un segundo plano al relacionarse con religiones no cristianas. Especialmente, porque es lo que da sentido al cristiano. Es frecuente que en este tipo de diálogo, la buena disposición del cristiano sea interpretada por los no cristianos como cierta relajación de su fe. Por tanto, el cristiano no debe relativizar su fe en Cristo y su anuncio al mundo al participar en este tipo de oración.

Para Ratzinger, estos son puntos de partida clave en el diálogo. Unas consideraciones que cobran un sentido pleno en nuestros días, donde proliferan actos de este tipo. De obviarse, este tipo de encuentros no supondrían un avance, sino un retroceso para el cristiano, cuya misión es caminar hacia Dios en Cristo, en medio del mundo.

REFERENCIA:
RAZTINGER, J.: Fe, verdad y tolerancia, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2005. 

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