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Claves para el manejo del enojo (Parte I)

<a href="http://www.shutterstock.com/pic.mhtml?id=97093613&amp;src=id" target="_blank" />Angry woman screaming</a> © Ollyy / Shutterstock

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Aleteia Team - publicado el 13/08/15

Es necesario tener un plan para limitar la intensidad y prevenir sus consecuencias

Lo decíamos la semana pasada: el enojo es una emoción humana totalmente normal y por lo general, saludable. No obstante, cuando perdemos el control de esta emoción y se vuelve destructiva, puede ocasionar muchos problemas en las relaciones familiares y en la calidad general de vida. Puede hacernos sentir a merced de una emoción impredecible y poderosa que no sabemos contener. El enojo es un verdadero problema cuando no se sabe reconocer, expresar  y canalizar. Por eso tenemos que ayudar a nuestros hijos a reconocerlo, para poderlo manejar adecuadamente.

La mayoría de las familias no saben lidiar con el enojo, no lo resuelven, y se vive dentro de una olla de presión. Es necesario tener un plan para limitar la intensidad y prevenir sus consecuencias, evitando que pasen de la frustración a la ira y amargura. Para ello sugerimos:

• Ayudar a los niños a entender que el enojarse es bueno para identificar problemas, pero no para resolverlos. Es el primer paso para enseñar a nuestros hijos a dar un cauce positivo a su enojo.

Dios nos creó seres con emociones, las cuales nos ayudan a darnos cuenta de lo que está pasando a nuestro alrededor. El enojo, en particular, muestra que hay un problema. Revela cosas que están mal y que nos hacen sentir mal. Algunas de estas cosas se encuentran dentro de nosotros y requieren que ajustemos nuestras expectativas. Otros problemas están fuera de nuestro control y necesitan ser tratados de manera constructiva.

•  Identificar las primeras señales de enojo.

Los niños no saben reconocer el enojo (y nosotros los adultos tampoco); muchas veces hacen un “teatro” antes de darse cuenta de que se sienten enojados. Identificar las señales previas los ayuda a estar más conscientes de sus sentimientos. Estas son algunas actitudes en los niños que indican que se están enojando y que están a punto de perder el control: cuerpo tenso, mandíbulas apretadas; incremento en la intensidad del habla o comportamiento, palabras poco amables o groseras, o tono de voz que pasa a quejido o gritos, inquietud, aislamiento, callado, fácil de provocar; hace ruidos con la boca como gruñidos o respiración más pesada; pucheros; hacer caras o  gestos de indiferencia.

Aprendamos a reconocer estas señales que muestran que nuestro hijo está empezando a frustrarse. Una vez que las reconocemos, enseñémosle a reconocerlas también. Eventualmente los niños serán capaces de pasar de la emoción a la acción correcta, pero primero deben reconocer las señales de que su enojo se está intensificando.

• Reír y contar hasta diez.


Enseñar a nuestros hijos con el ejemplo a tomar unos minutos para calmarse, (lo que en inglés llaman tomar un “break”) a separarse de la situación que está siendo difícil y estar  a solas unos minutos. Una de las respuestas más saludables es darse un tiempo para pensar las cosas. Durante este tiempo el niño puede pensar de nuevo en la situación, calmarse y decidir qué hacer después. (Este enfoque no es un castigo por mal comportamiento, pero permite al niño hacer ajustes internos.)

El tiempo que el niño debe estar sólo es determinado por la intensidad de la emoción. Un niño que está frustrado, puede simplemente respirar profundo y proseguir. El niño que está haciendo berrinche necesita salir del lugar donde esté, hasta calmarse por completo.

Debe haber siempre una conclusión positiva cuando el niño regrese más tranquilo. Esta es una forma de mostrar con el ejemplo que ustedes confían en él, a semejanza de Dios nuestro Padre, que sigue confiando en nosotros a pesar de nuestras pataletas, enojos y desobediencias.

Mientras practican las propuestas de esta semana, esperen el próximo artículo en donde tendremos  más claves para enseñar a los hijos a manejar y controlar emociones, antes de que se conviertan en esclavos de su enojo.

Artículo originalmente publicado por Desde la fe

Tags:
ser humano
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