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«7 cosas que me gustaría que mi director espiritual supiera sobre mi homosexualidad»

Michel Loro Morcillo-cc

Religión en Libertad - publicado el 10/08/15

Jean Lloyd vivía una vida lesbiana: está ahora casada y tiene dos hijos

Jean Lloyd es una mujer que es profesora y se define como «felizmente casada» y madre de dos hijos. Pero durante años llevó una vida homosexual, y desde que la dejó ofrece su consejo a sacerdotes y consejeros que quieren orientar adecuadamente a los miembros de la comunidad LGBT que acuden a su despacho.

Jane se dirige también a quienes quitan importancia al ejercicio de la homosexualidad o lo recomiendan, e incluso a quienes, rechazándolo en teoría, se sienten «obligados» por «misericordia» a no invitar a la castidad y a la conversión. «¿Puedo hacer dos peticiones?», les dice la profesora Lloyd: «Ámame, pero recuerda que no puedes ser más misericordioso que Dios. No es misericordia afirmar que los actos sexuales entre personas del mismo sexo son buenos. No comprometas la verdad; ayúdame a vivir en armonia con ella».

Con esa finalidad, escribió un artículo en The Public Discourse bajo el título Siete cosas que me gustaría que mi director supiera sobre mi homosexualidad, que reproducimos a continuación (los ladillos que preceden a cada uno de los 7 puntos son de ReL).

* * *

Han pasado treinta años desde que la atracción por el mismo sexo surgió desde la profundidad de mis doce años. Esta atracción llegó espontáneamente, sin quererlo, y era al mismo tiempo poderosa y absorbente.

Como cristiana, el conflicto entre mi sexualidad y mi fe ha sido el más profundo e intenso de mi vida. Ahora estoy en los cuarenta y he pasado de ser abiertamente lesbiana a estar casada heterosexualmente, pasando por un periodo de celibato. El hecho de que necesite calificar mi unión marital como heterosexual revela cómo ha cambiado en este tiempo el escenario cultural. Como también ha cambiado el mío, pero de maneras muy distintas.

Mientras crecía oí unos cuantos sermones exaltados sobre la homosexualidad. Ahora en cambio oigo declaraciones de amor. Me hacen gritar de alegría. ¡Amén! ¡Debería haber sido siempre así! Al mismo tiempo, sin embargo, muchos pastores han empezado a acompañar este amor absteniéndose de hacer referencia a la moral sexual de la Biblia por considerarla opresiva, irrazonable o cruel. Por lo que amar a las personas homosexuales conllevaría afirmarlas en su condición y animarlas a relaciones sexuales y comportamientos homosexuales.

Aunque aprecio el deseo de actuar con amor, éste no es el amor genuino que necesita la gente como yo. ¡Ámame mejor que esto! El experto en Tomás de Aquino Josef Pieper lo plantea así: «El amor no es sinónimo de aprobación de todo lo que la persona amada piensa y hace en la vida real… [Tampoco es] el deseo para el amado de sentirse bien siempre y en cada situación, evitando sentir pena o dolor en todas las circunstancias. La simple ‘amabilidad’ que tolera todo excepto el sufrimiento [del amado] no tiene nada que ver con el amor real. (…) Ningún amante puede sentirse cómodo cuando ve que la persona amada prefiere la conveniencia al bien».

Amarme con esta clase de amor no es instantáneo ni fácil. Pero el conocimiento y la verdad nos pueden ayudar a permanecer en pie ante la creciente corriente de capitulación de la moral. A la luz de todo esto, he aquí siete cosas que deseo que sepas sobre la homosexualidad.

No nací gay

1. Deseo que sepas que no por el hecho de que yo no eligiese esta orientación se deduce que «nací de este modo» o que «Dios me creó gay». Aunque la genética puede influir en estos rasgos, no hay una predeterminación absoluta. No son innatos como el color de los ojos o de la piel.  (Los gemelos deberían tener el 100% de concordancia en la orientación sexual si ésta estuviera genéticamente predeterminada y no implicara factores posnatales. Pero los índices de concordancia son muy bajos: Bailey, J.M., Dunne, M.P., & Martin, N.G.,  «Genetic and environmental influences on sexual orientation and its correlates in an Australian twin sample.» Journal of Personality and Social Psychology, 78, 2000, pp. 524-536.) Miro hacia atrás y entiendo cómo surgió en mi vida. Obviamente, otras experiencias son distintas a la mía. Pero al final la etiología no es lo que importa. Las relaciones entre personas del mismo sexo están fuera del designio y el deseo del plan del Señor. Declarar lo contrario significa ignorar la Escritura, la autoridad cristiana histórica y la ley natural. Necesito ayuda para vivir en castidad, sin importar de dónde proviene mi atracción por el mismo sexo.

Las relaciones homosexuales dañan mi cuerpo

2. Desearía que conocieras un modo mejor para ayudarme a honrar mi cuerpo viviendo según el diseño del Creador. Yo nací así: mujer. Dios me creó mujer. Por favor, no caigas en el dualismo gnóstico que separa mi vida espiritual de la vida que vivo en mi cuerpo. Cristo se encarnó: mi cuerpo es ahora parte de Su cuerpo, el templo del Espíritu Santo. Actuar contra su designio realizando actos con personas de mi mismo sexo daña la dignidad de mi cuerpo. Para mis hermanos con atracción por el mismo sexo, los actos sexuales de este tipo dañan sus cuerpos mucho más a causa de su diseño fisiológico y por los efectos físicos de ir contra ese diseño. Estos cuerpos serán rescatados de nuevo. Ellos importan.

No sé si cambiaré, pero no me niegues esa posibilidad

3. Deseo que sepas que no me ayudas a seguir a Cristo exigiéndome que mi atracción cambie o no permitiendo que cambie. Nadie puede prometerme que mi atracción cambiará. Jesús ciertamente no lo hizo. Pero no me niegues tampoco la posibilidad, ¡sobre todo si soy un adolescente! Tanto la ciencia secular como la experiencia humana dan fe de la mutabilidad sexual y de la potencialidad para el cambio.

Puedo controlar mis pulsiones

4. Desearía que conocieras un modo mejor de definir el «cambio». Al cabo de los años mi experiencia de atracción por el mismo sexo pasó de ser un fuego continuo a un destello ocasional. Un hombre que sigue experimentando atracción por el mismo sexo pero que está felizmente casado con una mujer -aunque antes no creyera posible en absoluto tener una relación heterosexual- desde luego ha cambiado.

Yo también debo ser casta

5. Desearía que supieras que se me debería atribuir la misma voluntad moral y responsabilidad que se le atribuye a cualquier otra persona de la comunidad cristiana. Si los heterosexuales no casados deben ser célibes y se presume que en Cristo tienen la fuerza de vivir según Sus mandamientos, así también debo ser yo. Tratarme según un estándar diferente es reducir mi dignidad ante Dios. Yo también estoy llamada a la santidad.

Dios nos transmite mucho más que un «no»

6. Deseo que sepas que Dios enseña mucho más sobre la conducta homosexual que el simple «No». Él también enseña esto, pero la verdad sobre el cuerpo, el sexo y el diseño y el telos de la creación revela mucho más.

Dime la verdad sobre el plan de Dios

7. Deseo que sepas que no honra ni a Dios ni a mí disculparse por Su plan o designio. Aprecio la empatía por el dolor que mis deseos desordenados pueden causar, pero Dios no está reteniendo arbitrariamente algo bueno de mí. Él me está mostrando lo que lleva al florecimiento de la vida y de lo humano y me protege de lo que podría dañarme. «Dejemos que el amor sea sin disimulación». Ámame y dime la verdad.

¿Puedo hacer dos peticiones? Ámame, pero recuerda que no puedes ser más misericordioso que Dios. No es misericordia afirmar que los actos sexuales entre personas del mismo sexo son buenos. Practica la compasión según el significado radical de «compasión»: sufre conmigo. No comprometas la verdad; ayúdame a vivir en armonia con ella.

Te estoy pidiendo que me ayudes a coger mi cruz y seguir a Cristo.

Traducción de Helena Faccia Serrano. Artículo originalmente publicado por Religión en Libertad

Tags:
homosexualidadtestimonio

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