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The Walking Dead: ¿Qué hay de humano – y de divino – en las historias de zombis?

AMC Network Entertainment LLC
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La sexta temporada, muy prometedora, mantiene un conflicto moral terriblemente interesante

Muchos se preguntan qué puede haber de humano o incluso de divino en una historia sobre zombis. La verdad es que los horribles monstruos salidos de la mente de George A. Romero en 1968 con La noche de los muertos vivientes no invitan a pensar que pueda haber nada en ellos digno de mención. Son feos, horribles y además comen carne humana.

Sin embargo, son monstruos que son también son víctimas y esto es importante. Un monstruo nunca será tal sino tiene algo de martirizado aunque solo sea porque su naturaleza monstruosa le empuja a actuar de forma también monstruosa.

Por ejemplo, un vampiro en esencia no es malo porque chupe la sangre de los vivos porque ésa es su naturaleza y no sabe hacer otra cosa. De igual forma que un león mata a una gacela para sobrevivir el vampiro hace lo mismo con los seres humanos, solo que moralmente está mal, pero no dejan de ser víctimas por ello. De igual forma, un muerto viviente insisto, en esencia, no tiene la culpa de ser lo que es. Sin ninguna duda, de haber podido elegir, nadie escogería vagar por el mundo como un muerto en vida practicando el canibalismo.

En su ya célebre cita, René Girard afirmaba que la diferencia al margen del sistema, de lo establecido, nos da miedo porque sugiere su verdad, su relatividad, su fragilidad y su fenecimiento. Y puede que no exista un monstruo que nos diga de forma más obscena que nuestra vida es frágil, relativa y caduca, que un muerto viviente. Un día moriremos y nuestro cuerpo físico se convertirá en lo que tenemos delante y llamamos zombi aunque no deambulemos por el mundo en busca de carne fresca. 

Pero también, en las películas de muertos vivientes hay seres humanos y generalmente son mucho más peligrosos y maliciosos que los propios zombis. Estas películas suelen ser retratos pesimistas del ser humano o al menos eso es lo que parece al primer vistazo. Sobre la tierra caminan los muertos y los vivos se engañan, traicionan y matan entre ellos. ¿Qué puede haber peor?

Sin embargo siempre hay un espacio para la esperanza y este sentido pocas historias sobre zombis han expuesto mejor esta cuestión que en la serie de televisión The Walking Dead. Como es bien sabido la ficción televisiva sigue la andadura de un grupo de supervivientes en mitad de un Apocalipsis zombi. Al frente de ellos está Rick Grimes, un policía local que pasó de representar la ley a personificar la humanidad y la esperanza.

Rick, es probablemente el personaje de la serie que más y mejor se empeña en conservar lo que hay de humano en nosotros aún en las situaciones más horripilantes. Aunque la lógica y la práctica le indiquen a Rick que lo mejor puede ser matar a un hombre éste jamás apretará el gatillo. O al menos, jamás lo habría apretado antes.

Durante esta última temporada (la quinta), hemos visto a un Rick diferente que mata y engaña con tal de sobrevivir. Lo que había de humano y divino en parece haberse evaporado. Como reza un famoso capítulo del cómic original en el que se basa la serie, Rick se está convirtiendo en el verdadero muerto viviente pues ya no tiene esperanza, ni sentido su vida.

Al terminar esta temporada (la sexta se estrena en un par de meses) -atención SPOILER- dos miembros del grupo de Rick son rescatados en el último momento de una muerte segura gracias a Morgan, un hombre que acogió a Rick cuando éste despertó en un mundo de zombis al comienzo de la serie. Desorientado fue rescatado por un padre y un hijo que trataban de sobrevivir en su casa sellada a cal y canto.

Al poco, Rick los dejó pero con la promesa de que se seguirían la pista en un mundo sin balizas. Morgan reaparece y salva, por pura vocación humana, a dos personas que no conoce. "¿Por qué lo has hecho?", le pregunta uno de ellos. "Toda vida es hermosa ", responde él. 

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