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¿Cuál es el verdadero horror de la muerte?

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David Mills - publicado el 28/07/15

Empiezo a comprender a los ateos, que no tienen miedo de su propio final....

Mientras escribo, la madre de mi mujer está muriendo. Después de una vida larga y plena, con el amor de sus hijos, ha llegado al punto en que la muerte es un elemento de misericordia.

Es la última de nuestros padres que se va. Primero mi padre, después el de mi mujer, después mi madre, ahora la suya. Cuando tus padres están vivos, piensas que siempre habrá una “defensa” entre tu y el mundo. Cuando mi padre murió, la imagen que me vino a la mente era la de haber estado con mi familia en una habitación cálida y bien iluminada, y de repente encontrarme solo entre el viento frío en una cima, y que me quedaría allí durante el resto de mi vida.

El sentimiento de pérdida no desaparece nunca. Durante años, tras la muerte de mi padre, veía un libro en una librería y pensaba: “A papá le gustará”, lo tomaba y después, con la descarga de adrenalina que te encoge el estómago, pensaba “Oh, no, espera”.

Aún ahora, 11 años después, cuando veo en Facebook una fotografía de un amigo de mi edad con su padre pienso, con un sentimiento de pérdida que me bloquea unos segundos, que no es justo que yo no pueda poner una foto mía y de mi papá sonriendo al objetivo.

* * * * *

“Piensan que vivirán para siempre”, dice un amigo que acaba de ver a su hija adolescente y unos amigos lanzarse a una amplia calle de Chicago con el semáforo rojo para los peatones, llegando a la otra acera segundos antes de que una estampida de autos pase con el verde. Recuerdo los días en que la vida parecía no tener fin, pero recuerdo también que a veces era consciente de que iba a morir.

Leyendo las historias de ateos ancianos que decían no temer a la muerte, pensaba que se mentían a sí mismos o a los que escribían. No podrían afrontar la muerte tan tranquilamente sin alguna esperanza de la vida eterna. Ahora que soy mucho más adulto, sé cómo se sentían. Hay un momento en que sientes que has obtenido de la vida todo lo que razonablemente podías esperar.

Quizás pensaré de forma distinta en mi lecho de muerte, si tengo la suerte de tener uno, y quizás he interiorizado tanto la convicción de la vida del mundo futuro que no me imagino la muerte como punto final, pero creo que siento lo mismo que sienten los ateos. No es mi muerte lo que me da miedo.

Hace unos años decía al mayor de mis hijos, que si las cosas fueran distintas – es decir, si no hubiera invitado a su madre a comer después de misa ese día – él no existiría, y le pregunté qué pensaba. Dijo que si no hubiera existido, tampoco habría sabido que no existía, por lo que el pensamiento de no existir no le molestaba.

Lo que le molestaba mucho era la idea de que su hermano pequeño habría podido no existir. Es lo mismo. Si Jonathan no hubiera existido, no habría sabido que Jonathan no existía. Pero da igual, él pensaba que la no existencia de Jonathan no debía pasar. Parecía injusta.

Aunque podamos afrontar felizmente el fin de nuestra existencia, sentimos que los que amamos deberían vivir para siempre. La idea de que desaparezcan del cosmos parece equivocada. Da igual si pensamos que son eternos porque los amamos, o si los amamos porque son eternos.

El horror de la muerte no es tanto que mueras tu, sino que mueran los demás. La tragedia de tu muerte es que para tus familiares y amigos eres uno de esos que no deberían morir. Sienten por ti lo que tu sientes por ellos. Y dado que morirás, desean la eternidad para ti, independientemente del hecho de que tu la quieras o no.

Es verdad, pero no cambia el hecho de que en esta vida, una persona a la que quieres está aquí y un momento después ya no está. Nunca lograré comprarle un libro a mi padre. No podré postear una foto de los dos juntos en Facebook. Mi mujer no podrá volver a llamar a su madre para hablarle de los niños y oírla hablar de su círculo de lectura y de las comidas para ancianos después de misa. Es algo tremendo.

Hijos de todas las edades, amad a vuestros padres. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro, pero en este mundo morirán.

David Mills, ex director ejecutivo de First Things, es senior editor de The Stream, director editorial de Ethika Politika y escribe para numerosas publicaciones católicas. Su último libro es Discovering Mary.

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