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Las 4 anécdotas más locas de la historia de la Iglesia, ¡y pasaron de verdad!

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Desde el bautismo con cerveza a las batallas públicas sobre el prepucio de Jesús

Los Caballeros de Colón a veces llevan sombreros color púrpura de gala, una dulce viejecita española con buenas intenciones transformó un fresco de Cristo del sigo XVIII en un alienígena, y un coro católico de niños cantó como los gatos. Una locura. Todos estos ejemplos no son nada comparados con las cosas realmente raras que han sucedido en la historia de la Iglesia católica.

El periodo en el que vivimos podría ser uno de los más sanos en la vida de la Iglesia. Si dudáis, echad un vistazo antes a estas historias:

1) Happy Hour con Bautismo

El consumo responsable de alcohol es desde siempre una parte importante de la cultura católica. Y los sacerdotes consagran el vino durante la Misa, hay “beer gardens” en los festivales parroquiales, y todos sabemos que los trapenses fabrican la mejor cerveza del mundo. El agua es aburrida, la cerveza es cool. ¿Por qué no bautizar con ella?

Si habéis llegado a esta conclusión, deberíais inscribiros en la Confraternidad de la Doctrina Cristiana, pero lo vuestro no sería nuevo en la historia de la Iglesia. Parece ser que en el siglo XIII en Noruega había regiones pobres en agua y ricas en cerveza, y algunos católicos empezaron a usar la cerveza local en el sacramento del bautismo.

La práctica estaba tan difundida que el papa Gregorio IX tuvo que intervenir para detenerla (un ejemplo de por qué es fundamental tener el Magisterio). En una carta al arzobispo de Trondheim, el pontífice escribió: “Dado que según la enseñanza del Evangelio el hombre debe renacer del agua y del Espíritu Santo, no se consideran válidamente bautizados los que lo han sido con la cerveza”.

2) La confusa identidad de la mujer barbuda y crucificada

Probablemente nunca hayas oído hablar, pero existe una santa de nombre Vilgefortis, famosa sobre todo por sus representaciones que la muestran como una mujer barbuda crucificada. No, no es una locura derivada del “espíritu del Vaticano II” en los Setenta. Se remonta al siglo XV, y parece que su culto fue bastante popular, hasta que se revisó en el siglo XVI.

Y si opinas que se parece un poco a un Jesús en la cruz y que lleva un hábito, tienes razón. Algunas figuras de Cristo en la cruz del periodo medieval en Oriente representaban a Jesús con largos vestidos en la cruz, en lugar de un exiguo paño como en Occidente. La túnica se confundió en Occidente con un vestido, y dado que nadie podía pensar en un Jesús «travesti», el mito de santa Vilgefortis se utilizó para explicar esta imagen.

El personaje lleva un vestido, y por eso se pensaba que debía ser una mujer y no Jesús. Sí, el personaje tiene barba, pero porque la mujer había hecho voto de virginidad, y dado que su padre quería obligarla a casarse con un rey pagano, ella rezaba para volverse repelente. La barba que salió milagrosamente en su rostro puso fin al noviazgo, pero también puso furioso al padre, que la hizo crucificar. ¿Tiene sentido, no?

Tranquilos, el culto de este legendario personaje andrógino fue suprimido oficialmente en 1969.

3) El proceso al cadáver

La locura no es cosa de la baja Edad Media. También la Alta tuvo su buena dosis. El “Concilio cadavérico” del siglo IX es uno de los ejemplos principales, y no sin motivo.

Formoso fue consagrado obispo en Italia durante el pontificado del papa San Nicolás el Grande. Se empeñó también en la actividad misionera en Bulgaria, donde tuvo tanto éxito que la población local pidió que se convirtiera en su obispo. El Papa sin embargo le ordenó que se quedara en Italia.

Algunos años después de la muerte de San Nicolás, el papa Juan VIII sospechó de Formoso, acusándolo de corromper la mente de los búlgaros y de conspirar para apoderarse del papado, por lo que Formoso y otros fueron excomulgados.

Tras la muerte de Juan VIII, sin embargo, la suerte de Formoso cambió. Volvió a tomar posesión de su diócesis, y unos años después fue elegido papa. Reinó unos cinco años, hasta su muerte.

Su sucesor vivió solo dos semanas, pero el papa siguiente, Esteban V, creyó que el pontificado de Formoso había sido ilegítimo y ordenó que el cuerpo de Formoso fuera sacado de su tumba, vestido y puesto en un trono para ser interrogado. A un diacono se le asignó la tarea de hablar por Formoso.

Aunque los historiadores dicen que Esteban V lo hizo por razones políticas (Formoso había coronado a la persona “equivocada” como emperador del Sacro Imperio Romano), condenó al cadáver de Formoso por violación del derecho canónico, perjurio y, lo más importante, por ser un falso obispo y por tanto un falso papa. Esteban declaró inválidos todos los actos y las ordenaciones de Formoso.

Ironía del destino, Formoso había ordenado a Esteban, lo que significa que este último estaba declarando no válida su propia ordenación: por tanto, tampoco él era un papa válido, si tampoco su declaración. Esteban, el papa que sin darse cuenta se había declarado a si mismo un falso papa con el poder papal que nunca había tenido en base a su declaración, que tampoco era válida, hizo arrojar el cuerpo de Formoso al Tíber enganchado a dos pesos.

Desafortunadamente para Esteban, el cadáver de Formoso llegó a una playa y comenzaron a circular noticias sobre milagros asociados a su cuerpo. La gente se rebeló contra la locura de Esteban, lo capturó y metió en prisión, donde murió en seguida. Dos de los sucesores de Esteban, Teodoro II y Juan IX, declararon nulo el «Concilio cadavérico», y Juan IX prohibió todo futuro proceso contra personas difuntas.

¿Creéis que no puede haber nada más raro? Pues no os perdáis la siguiente…

4) El prepucio que creó situaciones de crisis

El 1 de enero se celebra la fiesta de María, Madre de Dios, pero hasta 1974 era la fiesta de la circuncisión de Cristo, el octavo día después de Navidad.

¿Qué le pasó al prepucio del niño Jesús? ¿Se conservó de alguna forma? Como parte del cuerpo del Señor, ¿no sería bonito tenerlo como reliquia? Si piensas que estas ideas son un poco raras, un número sorprendentemente alto de personas en la historia no estarían de acuerdo

El primer presunto santo prepucio apareció en el año 800, cuando Carlomagno le dio uno al papa León III. Su autenticidad fue aparentemente confirmada por algunos milagros, y León lo expuso en la Basílica de Letrán.

Allí permaneció durante siglos, hasta que Roma fue saqueada en 1527. El ladrón fue atrapado, y la reliquia recuperada en la ciudad de Calcata (Italia), donde permaneció hasta el siglo XX.

En la Europa medieval hubo hasta otros 17 prepucios, y todos sus propietarios aseguraban que se trataba del auténtico de Jesús. Tener el santo prepucio era aparentemente un gran honor (o una gran atracción turística). Otros lugares que reivindicaban poseer el prepucio de Jesús eran Le Puy-en-Velay, Santiago de Compostela, Anversa, Coulombs, Chartres, Besançon, Newport, Metz, Hildesheim, Charroux, Conques, Langres, Fécamp y Stoke-on-Trent. La región francesa de Auvergne tenía el honor especial de acoger hasta dos.

En el siglo XIX desaparecieron o fueron destruidos, excepto el de Calcata, hasta que se redescubrió uno en Francia por un obrero que hacía reformas en una abadía. Su descubrimiento provocó una de las mayores batallas teológicas (y uno de los mayores desastres a nivel de relaciones públicas) sobre qué prepucio era el verdadero.

¿Por qué no has oído hablar antes del tema? David Farley explica que el Vaticano puso punto final a la cuestión a principios y a mitad del siglo XX:

“Frente a las crecientes críticas a raíz del “redescubrimiento” de un santo prepucio en Francia, el Vaticano decretó [en 1900] que quien escribiera o hablara del santo prepucio sería excomulgado. Y 54 años después, cuando un monje intentó incluir Calcata en una guía turística de peregrinaciones, los oficiales del Vaticano no se limitaron a rechazar la propuesta (después de muchos debates). Emitieron un castigo: quien pronunciara su nombre sufriría la forma más severa de excomunión – ‘infame y a evitar’ -, aunque concluían que el santo prepucio de Calcata era el más legítimo de los demás pretendientes”.

En cualquier caso, a la iglesia de Calcata se le concedió incluir la reliquia en su procesión anual el día de fin de Año, lo que se hizo hasta 1983, cuando se cuenta que la reliquia fue robada.

Y aquí llegamos a lo mejor de la historia. El lenguaje ambiguo en el anuncio del robo del prepucio, una posible confesión en el lecho de muerte por parte de un obispo local, y otras pruebas, han llevado a algunos a sospechar que detrás del robo estaría ¡precisamente el Vaticano!, deseoso de acallar la cuestión.

Independientemente del hecho de que el Vaticano haya o no “quitado de en medio” el prepucio de Jesús, como dicen los parroquianos de Calcata, es probablemente mejor así en el mundo post-oveja Dolly, como subraya Farley:

“Si hubiera sobrevivido, habría sido sólo cuestión de tiempo, pero antes o después alguien intentaría clonarlo. Y esto habría podido dar a la Segunda Venida un significado completamente nuevo”.

¿Me he dejado alguna historia interesante? ¡Coméntala tu!

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