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¿Qué es la numerología?

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Vicente Jara - publicado el 23/07/15

La numerología es una creencia mágica e irracional que pretende ligar los números y a veces las letras con el destino humano o los acontecimientos del futuro

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La historia

Para darle cierta aura de misterio y de autoridad se pretende ligar esta adivinación o mancia a los tiempos de Pitágoras en Grecia (s. VI-V a. C.) o incluso a los caldeos (s. VIII-VII a. C.), si bien esta denominación de «caldeos» era el modo como los romanos solían llamar a los astrólogos y los matemáticos de Babilonia.

En Occidente podemos encuadrar la numerología dentro de la concepción religiosa – de la que verdaderamente sabemos muy poco – de los números de la escuela pitagórica del siglo VI-V a. C. , sus relaciones geométricas, sucesiones, tipos y la relación de los números con el mundo y el cosmos.

Tras la disolución de su grupo de Crotona (sur de Italia), su influencia se extendió a gran parte del pensamiento helenístico con la denominación de neopitagorismo, muchas veces un sincretismo filosófico-religioso, magia y superstición, y de ahí al neoplatonismo.

Es especialmente con esta degeneración mágica de las matemáticas griegas pitagóricas (cada vez más al margen de la ciencia matemática y más cerca de las mancias y la mística supersticiosa) con quien el cristianismo se enfrentó en su intento de ir eliminando las supercherías de los conjuros y sortilegios ligados a los números.

No obstante, estos aspectos permanecieron en los siglos medievales, con diferencias regionales, temporales y sociales, y resurgieron con fuerza durante el Renacimiento ante el redescubrimiento de autores neoplatónicos y del Medio Oriente.

Dentro de la numerología es fundamental el uso de las fechas de nacimiento, los años, meses, días, la edad del sujeto, así como hoy en día también, los números de identificación personal, los números de identificación social, los códigos de barras de los productos o las matrículas de los vehículos, entre otros; elementos todos para buscar y predecir acontecimientos o ligar hechos futuros, ventura o fatalidad, a alguna persona o suceso.

Además del uso de los números, desde antiguo ha sido habitual el corresponder y agrupar los números con las letras del alfabeto, o bien dando a todas las letras números entre el 0 y el 9, o bien, entre el 1 y 9, o bien, más allá del 9 hasta alcanzar tantos valores como letras haya en el alfabeto considerado.

Esto supone combinar no sólo fechas o números propiamente, sino palabras y frases, que de este modo adquieren valor numérico.

Las palabras y frases pueden así sumar sus respectivos dígitos dando lugar a cifras, que de nuevo han de reducirse mediante adición hasta alcanzar un sólo número entre el conjunto origen, número con aspecto «mágico» o propiedades ocultas ligadas a la persona o al acontecimiento que se trate en dicho nombre, palabra o frase originaria.

Estos son los métodos más habituales dentro de la denominada modernamente numerología caldea, hebrea, árabe, griega, helenista, y también del medio oriente, por la normal correspondencia de números y letras, que en algunos lenguajes era propio y normal en su desarrollo más arcaico, como en las lenguas semitas.

En el judaísmo estuvo muy desarrollada la simbología numérica y la gematría como identificación de caracteres literales con números, llegando su uso hasta las centenas, siendo muy habitual su utilización por los místicos cabalistas tardo-medievales y subsiguientes en la búsqueda en la Torá (Pentateuco) o en los Neviim (Profetas) de significados futuros.

Otro tanto se puede decir de la cultura islámica usando la lengua árabe, y en menor medida de las culturas griega, romana y armenia, que también usaron de estas técnicas identificativas.

La alquimia medieval usó también la asignación a ciertos elementos y compuestos de notaciones numéricas construidas a partir de las letras de sus nombres, como hizo en el siglo VIII y IX Jabir ibn Hayyan, si bien no fue un método muy extendido.

Para el paganismo nórdico el 3, el 9 y el 27 son de especial significado, si bien una cultura con menor desarrollo numerológico que los pueblos del sur de Europa y del Mediterráneo.

Existen también relaciones mágico-numerales en los números desde el 1 al 9 para el mundo chino, así como números asociados a mayor o menor suerte o bien a catástrofes y de los que hay que huir para designar lugares o ubicaciones.




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La numerología está muy presente también en la geomancia taoísta china del feng-shui, y ello debido a la influencia que sobre él tiene el “I Ching” o libro oracular de «Las mutaciones», tratado de predicciones y adivinatorio.

El “I Ching” pretende explicar los cambios en nosotros y en el mundo por medio de combinaciones de sistema binario de dos opciones (yin-yang) mediante el uso de varillas de dos longitudes, y posteriormente realizando construcciones de trigramas o hexagramas, que en definitiva son todas las posibilidades: variaciones con repetición.

También existen aspectos numerológicos ligados a los chakras hindúes y la medicina tradicional china.

En la actualidad el neo-paganismo de la Wicca en general sigue los mismos esquemas de las demás tradiciones griegas, neo-platónicas y de magia renacentista, así como nórdico-germanas, aunque en general se queda en lo que llama aspectos masculinos y femeninos de los números, dejando para los masculinos los números pares y para los femeninos los impares.




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Por otro lado, no existe una clara generalización en cuanto a los números, cuáles tienen más o menos fuerza, o qué combinaciones de números son mejores para realzar los aspectos mágicos o no, dependiendo de las ramas y escuelas, pero sin demasiado desarrollo propio.

Decir también que en el tarot, los números tienen también su significado ligado a las figuras, así el 1 representa al Mago, el 7 a la Justicia, el 10 a la Rueda de la Fortuna, o la carta sin número que corresponde al personaje del Loco.

También la pseudo-psicología del eneagrama usa de arquetipos numéricos y sus relaciones para ordenar las personalidades en nueve tipos básicos, a los que asocia su número identificativo y otros a los que liga con relación de afinidad o contraste.




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Al margen de otros desarrollos numerológicos más complejos como los vistos, la importancia de los números, su ordenación y grados, se mantiene en general en todas las agrupaciones mistéricas, esotéricas, masónicas, rosacruces y grupos iniciáticos.

Algunas propiedades supuestas en los números

Algunas características o propiedades habituales en las diferentes corrientes son las siguientes, sin demasiado detalle y extensión:

1. El uno es considerado la unidad, creador del resto de números, principio también nivelador.
2. El número dos a veces es visto como yin y yang, como polaridad de la realidad, blanco y negro, la unión de lo masculino y lo femenino.
3. El tres es considerado como la tríada, la unión de los tres estados físicos básicos naturales del mundo (aire-agua-tierra) y del hombre (cuerpo-mente-espíritu), o bien, principio de avance y evolución (tesis-antítesis-síntesis), entre otros aspectos.
4. El cuatro viene ligado a los cuatro elementos del filósofo griego del siglo V a. C. Empédocles (aire-agua-tierra-fuego) o los cuatro puntos cardinales, la totalidad del mundo.
5. El cinco supone la adición a los anteriores elementos de Empédocles del éter, entre otras posibilidades, lo que le confiere un aspecto de libertad y volubilidad.

En general se encuentran para el resto de números iguales asociaciones de todo tipo, no sólo hasta el 10, sino también hasta el 12, o hasta el 15 o más allá, el 20. A veces solamente con las decenas y las primeras centenas.

0. Al cero a veces se le da el valor de la nada o del mismo infinito, entendida la Nada en sentido hinduista como definición esotérica del Todo.También es habitual hacer asociaciones numéricas, como el 9, considerado como triple tres, o el 6 como suma de los tres primeros números (6=1+2+3).

Junto a ello, la numerología habla de números afines y compatibilidades a uno dado y lo contrario, números a los que evitar o contra-afines.

La numerología une también los números con los días de la semana o los planetas de la antigüedad.

En muchos aspectos, y tras partir de un nombre de persona y obtener su número asociado, la numerología es muy parecida a la astrología zodiacal más corriente y vulgar.




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¿Qué tiene que ver esto con el destino? Un ejemplo

Veamos un posible ejemplo, con una de las posibles asignaciones de letras a números: 1={a,j,r}; 2={b,k,s}; 3={c,l,t}; 4={d,m,u}; 5={e,n,v}; 6={f,ñ,w}; 7={g,o,x}; 8={h,p,y}; 9={i,q,z}.

Como ejemplo de asignación tomemos el nombre femenino más común en castellano, «María«, que descompuesto en números en la forma anteriormente mostrada, quedaría como 4-1-1-9-1, que si son sumados queda 4+1+1+9+1=16, y si sumamos de nuevo sus cifras, tendríamos 1+6=7, como número identificador para cualquier persona de nombre «María», como vemos una simpleza infantil, que con todo es la más habitual de esta adivinación.

No obstante, si uno toma el nombre y los dos apellidos, lo cual crea más diferenciación entre personas diferentes de igual nombre propio o nombre de bautismo, el número tenderá a salir distinto, si bien no es algo común dentro de la numerología, lo cual es incomprensible.

En todo caso, siempre se agruparán las personas en 9 grupos, no más. Recordemos que si la astrología pretende meter en solamente 12 signos a todas las personas, la numerología más simplona quiere hacer lo mismo pero con menos posibilidades, tres menos, con números desde el 1 al 9.




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Por otro lado, no vemos qué significado tiene el que los valores obtenidos sean sobre base 10. Porque si usamos una base distinta, que es algo indiferente en matemáticas, el resultado es distinto.

Así, en base 16, podríamos tener la asignación 1={a,o}; 2={b,p}; 3={c,q}; 4={d,r}; 5={e,s}; 6={f,t}; 7={g,u}; 8={h,v}; 9={i,w}; A={j,x}; B={k,y}; C={l,z}; D={m}; E={n}; F={ñ}, lo cual daría para el mismo ejemplo, «María», el valor D-1-4-9-1, que sumado da 13+1+4+9+1=28 en base 10, que en base 16 es 1C, que sumado de nuevo es 1+12=13, valor igual en base decimal que en hexadecimal.

Como vemos el valor ahora es diferente al anteriormente obtenido, que era 7. ¿En qué quedamos? ¿Somos el 7 o somos el 13? ¿Por qué es mejor una base numeral que otra? Nadie lo dice.

Por otro lado, si pensamos en la astrología, no existe coincidencia entre el futuro que da a una persona la astrología y el que da la numerología, entre otras cosas porque en general, si buscamos una cierta igualdad deberíamos pensar en base 12.

En este caso, la asignación podríamos suponer se hará de esta forma, 1={a,l,v}; 2={b,m,w}; 3={c,n,x}; 4={d,ñ,y}; 5={e,o,z}; 6={f,p}; 7={g,q}; 8={h,r}; 9={i,s}; A={j,t}; B={k,u}, dando el nombre «María» el valor 2-1-8-9-1, que sumado es 21 en decimal pero es 19 en base doce, que sumado de nuevo queda 1+9=10, coincidente en base duodecimal y en base decimal.

De nuevo un valor diferente. ¿Con cuál se quedarán las chicas de nombre «María»? Cada vez estarán más confundidas.

Pero utilizamos el valor doce para hacerlo coincidir con los signos de la astrología, esperando que ambas mancias adivinatorias lleguen a resultados similares, ya que ambas pretenden decir cuál es el destino de todo el mundo.

No obstante, si usamos la base duodecimal para englobar a todas las personas, como hace la astrología con sus 12 signos zodiacales, ¿acaso todas las personas que se llaman igual y que obtienen el mismo número tendrán el mismo signo astrológico?

Debería ser así, pues se pretende que su destino es el mismo. No obstante, no todas las chicas de nombre «María» son libra o piscis o acuario.

Por lo tanto, una prueba más de que las mancias y adivinaciones se oponen entre sí, y ello debido a su incoherencia y absurdo.

Más incoherente es el método de agrupar letras con números, de todo convencional, y sin ninguna base: ¿por qué no empezar por el final, o dar al 1={a,b,c}, 2={d,e,f}  así sucesivamente? Ninguna razón.

Por otro lado, la numerología y sus correspondencias no distinguen entre mayúsculas y minúsculas, ni entre letras con tilde o sin ella.

Esto llevaría a pensar en algo más del doble de opciones y correspondencias que las vistas, ya que «María» no es coincidente con «maria», aspecto que obvia este sistema tan impreciso, y que daría valores numéricos diferentes si pretendiera ser más afinado.

Además, la influencia de la lengua es muy elevada, ya que ese mismo nombre en otra lengua obtendría un valor diferente, por lo que depende del idioma y con ello de la cultura y el modo ortográfico en ese momento de escribirse dicha palabra en un determinado idioma.

Con todo ello vemos que la numerología en definitiva depende de la cultura y de otros aspectos nada místicos ni esotéricos, sino culturales e históricos.

Tan es así, que en regiones donde es habitual el uso del bilingüismo por razones históricas, familiares o de mezcla de pueblos, las personas tienen al mismo tiempo el mismo nombre con diferentes alfabetos, respondiendo a todos ellos, según con quiénes traten, lo cual lleva a diferentes números por lo general para la misma persona, una incongruencia a todas luces, ¡más cuando según ciertos sistemas numerológicos algunos números son incluso opuestos entre sí! Algo verdaderamente absurdo e increíble que la numerología no logra explicar ni da cuenta de ello.

Otra crítica a la numerología es que en general se queda con los primeros números naturales, a veces tomando el cero en consideración, pero muchas veces no.

No considera los números negativos o enteros, y menos los racionales, los algebraicos, los irracionales, los números trascendentes, los reales, y mucho menos números como los complejos, o los terniones, cuaterniones y resto de números hipercomplejos, todos ellos desarrollos no del pensamiento mágico como es la numerología, sino del pensamiento racional y científico de la ciencia matemática.

Conclusión final

La numerología en buena parte es un pasatiempo propio de niños y adolescentes, más un juego que una creencia de fuerte arraigo, si bien a veces está muy enraizada en los juegos de azar como loterías o similares, números especiales o terminaciones de la suerte.

Otras personalidades paranoides y conspiranoicas y psicológicamente no del todo equilibradas pretenden ver relaciones entre fechas y sucesos, catástrofes y desgracias con fechas de meses, años y días, intentando crear teorías de conspiración en torno a simples y fáciles relaciones que pueden encontrarse en casi cualquier suceso.

Similarmente se puede decir de los que intentan ver mensajes escondidos en la prensa, los telediarios, los videos de internet o las canciones de los grupos musicales, buscando fechas, palabras o letras que luego juntan pretendiendo ver conexiones ocultas.

Ciertamente las matemáticas son complicadas y abstractas, y los números ejercen en muchas personas un efecto misterioso y confuso, más cuanto las sociedades son altamente analfabetas matemáticamente o «anuméricas», en palabras del divulgador científico y matemático John Allen Paulos, lo que lleva a muchísimas personas a no entender las verdaderas relaciones entre los números y la realidad, y a suponer aspectos mágicos e irracionales.

Como decía Galileo Galilei «las matemáticas son el lenguaje de la Naturaleza, el alfabeto con el que Dios ha escrito el Universo, su Creación», pero las matemáticas de Galileo, de Euclides, de Arquímedes, de Descartes, Gauss, Newton, Euler, Riemann o Cantor, una matemática complicada, que exige esfuerzo, dedicación, trabajo, racionalidad y humildad científica, no pretensiones vanidosas y soberbias del que pretende saber el destino del hombre y el mundo haciendo una suma infantil de varios dígitos.

Bibliografía:
Annemarie Schimmel, «El misterio de los números», Oxford University Press, New York, 1993.
John Allen Paulos, «El hombre anumérico», Tusquets Editores, Barcelona, 1990.

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