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¿Por qué el Papa Francisco ha “enganchado” tan bien en Latinoamérica?

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José Antonio Varela - publicado el 20/07/15

Sus homilías y discursos en Ecuador, Bolivia y Paraguay tuvieron denuncia y anuncio (II)

Terminada la visita del Papa Francisco al Ecuador, Bolivia y el Paraguay, hay quienes no pueden borrar de sus sentidos las imágenes, las palabras y el sentimiento generalizado de atención pastoral que dejó impregnado el vicario de Cristo.

En este viaje, que viene a ser el noveno fuera de Italia y el segundo a América Latina (asistió a la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil en 2014), el Santo Padre quiso abordar la mayor cantidad de temas posibles, visitar a los diversos sectores sociales y pastorales, así como enfocar su discurso sobre las distintas realidades que forman parte de las riquezas y desafíos del Continente de la Esperanza.

Una pregunta que flota en el ambiente aún, es ¿por qué ha “enganchado” tan bien en lo que dijo?, y ¿por qué hasta los mandatarios de los países visitados quieren perennizar su paso con regalos, alusiones y perennizando lugares visitados?

Aleteia trata de dar una respuesta a través de esta serie de artículos que recorren con el mismo padre Jorge Bergoglio, antes obispo y cardenal después, las claves de su crecimiento pastoral, social y ministerial desde el interior de América Latina, frente a una realidad que cuestiona y con un magisterio social que ilumina.

La Conferencia de Puebla

Corría el año 1979 cuando se llevó a cabo la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano del CELAM en Puebla, México.

Era un periodo especial para el padre Bergoglio quien con diez años de presbítero, ya había cumplido un periodo como superior provincial de los jesuitas en la Argentina y trabajaba como profesor de la Facultad de Filosofía y Teología del ex Colegio Máximo en San Miguel, del cual sería luego rector.

Fueron días en que pudo escuchar por los medios de comunicación al mismo Juan Pablo II, desde el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México el 27 de enero de 1979, las profundas directrices que le dejó a la Iglesia del continente. Los trabajos continuaron en Puebla hasta el 13 de febrero en que concluyó el evento.

A través de las semanas, se reflexionó sobre el sentido de la misión evangelizadora de la Iglesia, la cual estaba llamada a entregarse “al servicio de la verdad, de la unidad eclesial y de la dignidad y promoción del hombre en la integridad de su ser”.

Fueron temas y realidades que hoy se distinguen de manera clara en las enseñanzas de Francisco como Pastor universal.
Puebla también habría sembrado en él la convicción de la eficacia del evangelio como medio de “comunión y de participación” que fortalece al hombre en su camino hacia Dios y le hace anhelar la “civilización del amor”.

Evangelizar siempre

Al estilo paulino de no avergonzarse del anuncio evangélico –ni ayer ni hoy-, Puebla fue una confirmación para los de la generación del Papa, de que “el anuncio del Evangelio dignifica a la persona sin hacer distinción de raza o cultura”.

Estas certezas impulsaron a los obispos a ir hacia delante, aun en medio de una pobreza que se convertía ya en escándalo. Esto permitió que, inmersa en las distintas realidades, pudiera sembrar confianza en la población y evitar que el pueblo se defraudara del “Dios de la Vida”.

Para esto -lo dijo el documento de Puebla y lo entendieron rápido los de entonces-, era urgente una “renovación de las diócesis y de las parroquias”, a fin de trabajar en la promoción humana integral (ya tratada en Medellín), cuyo centralidad fuera siempre el anuncio del Evangelio.

Es decir, se aprendió cómo llevar en una mano los principios sociales y en la otra el Evangelio, sin sobreponerse, sino como dos lados del mismo corazón de Cristo.

Comunión y participación

Mientras ejercía su responsabilidad como superior de los jesuitas en Argentina, el padre Bergoglio trabajaba también como profesor en la formación de futuras generaciones. Esta responsabilidad contaba con una luz nueva para él, gracias a las opciones pastorales que tomó la Iglesia latinoamericana en Puebla.

Ya sea con los religiosos a su cargo, como con sus alumnos, profundizaría en el “salir de sí mismo” que se hablaba entonces y que repite en su pontificado, lo que invita a “vivir en comunidad haciendo presente al Señor resucitado”.

Estos espacios identificados por el documento, y a los cuales se ha volcado Jorge Bergoglio hasta nuestros días con gran celo pastoral, son “las familias, las pequeñas comunidades y sobre todo las parroquias”. 

Era el gran llamado que hacía la Iglesia a sus hijos: "ser fermento en el mundo y participar como constructores de una nueva civilización del amor".

Una opción preferencial

A la Iglesia latinoamericana la conocen muchos por su radicalidad. Y no se equivocan. Durante las últimas décadas ha dejado claras sus opciones y ha vivido con la mayor coherencia posible dichos compromisos. No son poses ni tendencias las que la mueven, sino el confrontarse con realidades que la interpelan y que demandan su voz libre y determinada.

Por ello el padre –y después obispo y cardenal— Jorge Bergoglio, no podía sustraerse a este perfil, el cual le llevaría a convertirse en el estilo de pastor que hoy el mundo comenta.

Entre las opciones de la Iglesia del continente, ha sido admirada aquella a favor de los pobres –y desde Puebla–, también por los jóvenes. Fue propicia la ocasión para que se explicara que dicha opción no era ni “exclusiva ni excluyente”, dado que desde Medellín se venía dando cierta confusión.

La Iglesia, bajo la que creció y maduró el papa Francisco, “mira en los pobres y necesitados el rostro doliente del Señor y es por esa razón que le nace como madre cobijar en su seno a estos sus hijos”.

Por eso estamos ante un pontífice que sin debilidad –ni ayer ni hoy–, ejerce su magisterio para recordar que a los pobres y a los jóvenes, “Dios por medio de su Iglesia, los defiende y los ama entrañablemente, y son los destinatarios primordiales de toda la misión”.

Grandes retos

En la medida que Dios preparaba al padre Bergoglio para el episcopado, que recaerá recién en 1992, durante toda la década pudo profundizar y aplicar conceptos emanados del documento de Puebla y que se convirtieron en una verdadera primavera de evangelización y promoción humana en el continente.

Hoy podemos ver que ha calado muy bien en el Papa Francisco la idea de “Iglesia sacramento de comunión que promueve la reconciliación de los pueblos”. O también aquello de que la Iglesia es “servidora que prolonga a través de los tiempos al Cristo-Siervo de Yahvé por los diversos ministerios y carismas”.

Los que no se quedan solo en los gestos del Papa, sino que lo siguen en sus mensajes, irán identificando cómo desarrollan con claridad y urgencia las enseñanzas del magisterio latinoamericano.

Es evidente que Francisco se identifica con una Iglesia que “llama a la conversión y denuncia el pecado del hombre que atropella la dignidad de la persona y la explota”.

Próxima entrega: El nuevo obispo Bergoglio participa de la Conferencia de Santo Domingo
Para leer la primera parte de este artículo, aquí

Tags:
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