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“Terminator Génesis”: ¿Sueñan los T-800 con el libre albedrío?

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El futuro está siempre por delante y está en nuestra mano escribirlo

En este borrón y cuenta vieja (¡si hasta sale Arnold Schwarzenegger por partida doble!) no puede decirse que no se haya tratado de contentar de la mejor forma posible a todo tipo de público potencial. Da igual si nunca se ha visto una película de la saga/franquicia, si sólo se vio la primera, si sólo se vio esta y la segunda, o si también se ha visto alguna de las que posteriormente a las dos primeras de James Cameron trataron con irregular (e infructuosa) fortuna de seguir la estela trazada.
 
Cualquiera que sea el background (historial) cinematográfico del espectador, las posibles expectativas quedarán satisfechas dado que Terminator Génesis está pensada para poder agradar a cualquiera independientemente de si cuenta con más o menos información previa o incluso si en su momento contó con ella y ya la ha olvidado.

La cuestión es resetear lo que ya conocemos, si hemos visto todas las entregas, y aprovechar el ecosistema o universo ya creado para recontarlo, subvertirlo, revertirlo y llegado el caso reconstruirlo con alguna inevitable sorpresa. Como que Arnold luche contra sí mismo. Y venza, claro.
 
La historia (ya cliché) del robot que viene del futuro para asesinar a la madre del futuro líder de la resistencia humana contra las máquinas no pasa ya de incidente inicial, de espoleta que activa lo que en 1984 (orwelliano año donde los haya) fue una eficiente bomba que en 1991, convertida ya en T-2 probablemente alcanzó cotas que hayan permanecido insuperadas hasta este año.

Por ello se hacía necesario no ir más lejos o subir más alto, sino hacerse hacia un lado, y a modo de pensamiento lateral, encontrar una solución innovadora que permitiera rizar más el rizo en lugar de estirarlo.
 
Ahí hay que reconocer que han estado acertados en el equipo creativo de Terminator Génesis, puesto que han sido capaces de respetar el original (de hecho el primer acto es casi un remake de los dos primeros films de la saga) con guiños-homenaje en forma de planos calcados de las primigenias entregas (esas zapatillas Nike dentro del fotomatón).

Pero al mismo tiempo han sido capaces de desarrollar un nuevo universo propio que puede quedar autocontenido sin necesidad de una secuela (algo que en realidad podría ser un contrasentido para una película con la palabra génesis en el título) pero que bien podría dar origen a una nueva serie de entregas en las que, como nos quiso dejar claro Cameron en el último plano de la primera entrega (con aquella carretera en plano subjetivo por la que la cámara transitaba a toda velocidad en medio de la noche), el futuro está siempre por delante y está en nuestra mano escribirlo.
 
Y es que he aquí el tema de fondo de estas ya cinco películas sobre la posibilidad de alterar el curso de los acontecimientos.

Supuestamente estamos sujetos a unas inmutables leyes de la Naturaleza puestas ahí por algún motivo o (para algunos) por alguien que juega a los dados, pero está en nuestra voluntad elegir el camino, transitarlo, hacerlo en una u otra dirección, quedarnos sentados en la cuneta… o salirnos (literalmente) por la tangente y pasando del asfalto echar a andar por el desierto en busca de la tierra prometida.

Quién sabe, igual tras este reinicio titulado Terminator Génesis nos aguarda un Terminator Éxodo, mucho más entretenido seguramente que un Terminator Levítico pero siempre menos poético y sublime que un Terminator Salmos.
 
Nos cuentan cómo un robot puede ser capaz de modificar las órdenes que le han sido dadas (“ya no los mato, sólo les disparo a las piernas”), e incluso como en esta película “el abuelo” T-800 esboza lo que pretende que sea una sonrisa pero que resulta ser una mueca capaz de causar pesadillas a los niños más pequeños.

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