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La América Latina que el Papa Francisco conoce bien

CTV
Pope Francis in Bolivia
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Sus homilías y discursos en Ecuador, Bolivia y Paraguay tuvieron denuncia y anuncio (I)

, que se había reunido un año antes en la ciudad colombiana de Medellín.

La expectativa por conocer este documento era doble, sobre todo porque tanto el evento como la publicación final había contado con la activa participación del gran cardenal argentino Eduardo Pironio, en ese entonces secretario general del Celam, y hoy camino a los altares.

Caso curioso que el mismo Francisco, siendo cardenal, dirigiría años después la redacción final de otro documento del episcopado latinoamericano. Nos referimos al de Aparecida, hecho que comentaremos más adelante.

Con el documento de Medellín entre sus manos, leyéndolo en sus horas libres de profesor y cura de parroquia, el futuro Papa constataría que los problemas y esperanzas de los hombres encuentran respuesta si son tratados como lo que realmente son: realidades humanas que, iluminadas por su Creador, pueden ser transformadas desde sus raíces y a la vez contribuir con otras realidades circundantes.

Para esto, el modelo ‘Ver-Juzgar y Actuar’ que proponía en sus líneas el documento de Medellín, daba una esperanza para buscar, a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio, las grandes respuestas a situaciones que en algunos casos, transgredían la mismísima dignidad humana.

Bergoglio no le prestaría menos atención a las conclusiones de los obispos latinoamericanos -–apoyados por Pablo VI–, que recomendaban una atención especial a realidades como la familia, la justicia, la paz y la juventud. O los urgentes temas de la catequesis, la liturgia, la formación del clero y los innovadores medios de comunicación, entre otros desafíos urgentes.

Tocar la carne de Cristo

Cada uno de los aspectos que iba descubriendo en el nuevo documento de Medellín, irían haciendo del hoy Papa Francisco un hombre de gran sensibilidad con el dolor y el sufrimiento de su pueblo.

Con las armas del evangelio y el magisterio, se sentía capaz de iluminar las realidades que le tocaba enfrentar cada día como presbítero, sea en las comunidades marginales que visitaba frecuentemente y sin avisar, así como en el foro interno de sus fieles y alumnos.

Se dio cuenta sin duda, que el documento de Medellín no era el “manifiesto político” que algunos quisieron atribuirle para desprestigiarlo.

Esto provino de algunos sectores alarmados quizás por lo explícito de una "opción preferencial por los pobres" –que después en Puebla se aclararía de que no era ni exclusiva ni excluyente–, sino que respondía a un conjunto de enseñanzas de los obispos latinoamericanos que en comunión con el Santo Padre, impulsaban una “presencia profética” en la Iglesia.

Le bastaba solamente leer la Introducción al documento: “De este modo ella (la Iglesia) no se ha “descuidado” sino que se ha “vuelto” hacia el hombre, consciente que para conocer a Dios, es necesario conocer al hombre”.

Hoy podemos decir que el Papa Francisco viene haciendo cosas que “desorientan” a algunos… Pero, dada su formación venida desde los años 50 y 60 en la Iglesia latinoamericana, lo que vemos es que con sus enseñanzas y acciones quiere hacer volver a la Iglesia sobre sus huellas, sobre aquellos pasos evangélicos que alguna vez le dieron mayores resultados y credibilidad.

Próxima entrega: El documento de Puebla en el superior provincial jesuita
 

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