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La América Latina que el Papa Francisco conoce bien

Pope Francis Bolivia – es

CTV

Pope Francis in Bolivia

José Antonio Varela - publicado el 15/07/15

Sus homilías y discursos en Ecuador, Bolivia y Paraguay tuvieron denuncia y anuncio (I)

Terminada la visita del Papa Francisco a América Latina, muchos se preguntan por qué el Santo Padre conectó tan bien con su población, a la cual le dejó pautas claras para la vida diaria de las personas, de los gobiernos y para los mismos episcopados.

No es justo pensar que el Continente de la Esperanza tiene una Iglesia ideologizada, o que ha convivido en décadas atrás con pensamientos radicales sin la voz de los pastores. Lo realista es situarse en cada contexto, cuando le tocó responder a la Iglesia con valentía y acompañar con profetismo las situaciones de abandono y exclusión en la que ha vivido y aún vive un alto número de habitantes latinoamericanos, incluido el Caribe.

Los discursos y gestos que tuvo el Papa Francisco en su noveno viaje fuera de Italia, que lo llevó esta vez al Ecuador, Bolivia y al Paraguay, tienen una profundidad y un realismo que dejan ver el sustrato en el cual se apoya su pontificado: el evangelio, sus vivencias personales de pastor y algo que no deja de lado nunca: el pensamiento social del magisterio universal y el latinoamericano.

Repercusiones del Vaticano II

Mientras el joven Jorge Mario Bergoglio se preparaba en Buenos Aires para ser ordenado presbítero, en la ciudad colombiana de Medellín los obispos del continente latinoamericano se reunían entre agosto y septiembre de 1968 (evento inaugurado por el papa Pablo VI), para analizar las repercusiones del Vaticano II, y trabajar en sus primeras adecuaciones y transformaciones.

El hoy Papa Francisco, junto a su comunidad de jesuitas, seguiría sin duda todas las informaciones que llegaban de este evento, que como sabemos tuvo una influencia clarísima del Vaticano II (1962-1965) y de la encíclica Populorum Progressio del mismo Pablo VI (1967).

Jorge Bergoglio vería así convalidado en el documento el método pastoral del ‘Ver, Juzgar y Actuar‘, que con tanta precisión aplicaría en su labor apostólica, aún hasta nuestros días. Sobre esto, basta seguir atentamente las homilías de sumo pontífice para constatar cómo lo aplica, y las claras respuestas que da a los desafíos contemporáneos.

Primeras ilusiones

La América Latina –incluida la Iglesia–, que vio crecer al actual Papa se encontraba en una fase de identificación propia. Por ello es fácil comprender que en la formación de muchos institutos religiosos y seminarios de la época, así como en la reflexión de obispos y presbíteros, algo empezó a cambiar…

Se entendía la urgencia de una mayor coherencia mediante un Evangelio inculturado, y la liberación de aquellas realidades socio-económicas que, al ser tan dependientes del centro financiero del mundo, no podrían resurgir jamás por sí mismas, ni mucho menos responder a los signos de los tiempos.

Algunos ven aquí la coyuntura más evidente para el nacimiento de la Teología de la Liberación, la cual necesitó muchos años –y el trabajo denodado de dos papas: Juan Pablo II y Benedicto XVI–, para ser ubicada en su escalafón justo, evitándole lecturas políticas o enemistades con la autoridad jerárquica. 

No es raro entonces que en el novicio jesuita y posterior presbítero Bergoglio, se fueran marcando ideas legítimas de una Iglesia servidora, coherente, pobre y comprometida con el desarrollo de sus integrantes, especialmente con aquellos que eran víctimas de sistemas totalitarios o frente a quienes gobernaban acentuando el subdesarrollo de los pueblos.

Medellín: Ver, Juzgar y actuar

El neo-presbítero Jorge Bergoglio, ordenado en 1969, recibiría junto a un misal y una patena, el documento con las Conclusiones de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano – Celam
, que se había reunido un año antes en la ciudad colombiana de Medellín.

La expectativa por conocer este documento era doble, sobre todo porque tanto el evento como la publicación final había contado con la activa participación del gran cardenal argentino Eduardo Pironio, en ese entonces secretario general del Celam, y hoy camino a los altares.

Caso curioso que el mismo Francisco, siendo cardenal, dirigiría años después la redacción final de otro documento del episcopado latinoamericano. Nos referimos al de Aparecida, hecho que comentaremos más adelante.

Con el documento de Medellín entre sus manos, leyéndolo en sus horas libres de profesor y cura de parroquia, el futuro Papa constataría que los problemas y esperanzas de los hombres encuentran respuesta si son tratados como lo que realmente son: realidades humanas que, iluminadas por su Creador, pueden ser transformadas desde sus raíces y a la vez contribuir con otras realidades circundantes.

Para esto, el modelo ‘Ver-Juzgar y Actuar’ que proponía en sus líneas el documento de Medellín, daba una esperanza para buscar, a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio, las grandes respuestas a situaciones que en algunos casos, transgredían la mismísima dignidad humana.

Bergoglio no le prestaría menos atención a las conclusiones de los obispos latinoamericanos -–apoyados por Pablo VI–, que recomendaban una atención especial a realidades como la familia, la justicia, la paz y la juventud. O los urgentes temas de la catequesis, la liturgia, la formación del clero y los innovadores medios de comunicación, entre otros desafíos urgentes.

Tocar la carne de Cristo

Cada uno de los aspectos que iba descubriendo en el nuevo documento de Medellín, irían haciendo del hoy Papa Francisco un hombre de gran sensibilidad con el dolor y el sufrimiento de su pueblo.

Con las armas del evangelio y el magisterio, se sentía capaz de iluminar las realidades que le tocaba enfrentar cada día como presbítero, sea en las comunidades marginales que visitaba frecuentemente y sin avisar, así como en el foro interno de sus fieles y alumnos.

Se dio cuenta sin duda, que el documento de Medellín no era el “manifiesto político” que algunos quisieron atribuirle para desprestigiarlo.

Esto provino de algunos sectores alarmados quizás por lo explícito de una "opción preferencial por los pobres" –que después en Puebla se aclararía de que no era ni exclusiva ni excluyente–, sino que respondía a un conjunto de enseñanzas de los obispos latinoamericanos que en comunión con el Santo Padre, impulsaban una “presencia profética” en la Iglesia.

Le bastaba solamente leer la Introducción al documento: “De este modo ella (la Iglesia) no se ha “descuidado” sino que se ha “vuelto” hacia el hombre, consciente que para conocer a Dios, es necesario conocer al hombre”.

Hoy podemos decir que el Papa Francisco viene haciendo cosas que “desorientan” a algunos… Pero, dada su formación venida desde los años 50 y 60 en la Iglesia latinoamericana, lo que vemos es que con sus enseñanzas y acciones quiere hacer volver a la Iglesia sobre sus huellas, sobre aquellos pasos evangélicos que alguna vez le dieron mayores resultados y credibilidad.

Próxima entrega: El documento de Puebla en el superior provincial jesuita

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