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Me gusta, me atrae, me hace soñar.... ¿es eso amor?

Ian MacKenzie

Orfa Astorga - publicado el 07/07/15

¿Por qué tantos matrimonios, aparentemente perfectos, no encuentran el amor?

Al timbre del teléfono me apresuro a contestar para escuchar la voz grave y alegre de mi esposo que me habla desde una distante ciudad a  la que ha viajado por motivos de trabajo. Hoy cumplimos un año más de casados, y pone al teléfono una canción que  tanto nos gusta. El nuestro, es un amor que se extiende en una vida conyugal de quince años.

Nuestro matrimonio es aun joven y en el aún se fragua una historia de amor personal.

Tristemente algunos de nuestros amigos han roto sus matrimonios, y en charlas íntimas y penosas, nos han compartido su triste experiencia, en la que no pudieron encontrar el verdadero amor.

Algunos  porque lo buscaron donde no se encuentra, creyendo verlo en algo que era de la persona,  cuando  debieron buscarlo en el ser de persona misma. Ese algo de alguien que  resulto pasajero y pronto o tarde se convirtió en  desilusión; fue entre muchas cosas su pelo rubio, su cuerpo joven y bien formado, los bellos rasgos de una cara, su simpatía, su ingenio, su dinero, su cultura, su capacidad laboral, etc. Todos aspectos o facetas de que la persona dispone, pero que no son la persona y que no implican el poder valorarla como quien es.

Otros,  porque con gran inmadurez afectiva lo confundieron con el deseo sexual, las emociones sensibles o la afectividad sentimental, que formaron una barrera que les impidió conocer quién era la persona con  la que se relacionaban.

También los hay quienes tras un súbito enamoramiento, sin casi conocerse, contrajeron rápido matrimonio, pues pensaban que sufrirían separados, pero al cabo de poco tiempo se dieron cuenta de que habría sido mejor ser desdichados en su imaginación, que en la realidad.

El auténtico amor, por ser un amor personal, necesita de un  tiempo para madurar, para poder  llegar a él a través de la amistad y confidencia que engendra comprensión. No se puede amar lo que no se conoce y se comprende. Ese conocer personal, parte desde nuestra intimidad hacia la intimidad de otro ser distinto de mí, para aceptarlo tal y como es; para ayudarle a ser mejor, a ser feliz.

Un tiempo, un trato, y una comprensión, necesarios para la aceptación del don que mutuamente nos ofrecemos, el don  y aceptación de nuestras enteras personas como un fin en sí mismo. No nos amamos para algo distinto a ser felices haciendo feliz al otro.

Amamos ciertamente con toda nuestra naturaleza como son la inteligencia, voluntad, sentimientos, libertad y toda nuestra realidad bioquímica, que  contienen en si una razón de bondad  por las que ciertamente el amor se manifiesta.  Pero el amor personal es mucho más que todo ello, pues es un don que va mucho más allá, permitiéndonos siempre hasta el final de nuestros días  conocernos y amarnos más, uniéndonos en una sola carne y un solo espíritu.

Es por eso que el matrimonio lleva inscrito en su ADN que es para siempre.

Porque a través de ese amor personal, al ofrecernos y aceptarnos mutuamente como un don, somos capaces  de  la aceptación de otro don maravilloso: los hijos.

El amor personal  funda el verdadero matrimonio y la familia.

Reflexión: Cuando no se tiene en cuenta a la persona como tal, en su ser, sino solo determinados aspectos  de la misma, se le valora como medio y no como un  fin en sí misma,  y se tiende a usar de ella. No hay, en estos casos, el auténtico amor.

Por Orfa Astorga de Lira.
Orientadora familiar.
Máster en matrimonio y familia.
Universidad de Navarra.

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Tags:
familia
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