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Reírse más allá de la muerte: Cine de vampiros diferente

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«Lo que hacemos en las sombras», una película desternillante

Ludwig Wittgenstein dijo aquello de que “podría escribir una obra filosófica buena y 
sería compuesta enteramente de chistes”. No me extrañaría que entre los autores 
predilectos del genial filósofo austriaco se encuentre el mismísimo Groucho Marx.

El 
sentido del humor ha sido frecuentemente denostado aunque existe la creencia popular 
de que lo verdaderamente difícil es hacer reír. Ya saben aquello de que hacer llorar es 
fácil y reír difícil. Yo, no obstante, prefiero la reflexión que Peter Bogdanovich tomó 
prestada de la actriz Tallulah Bankhead: “una cebolla te hace llorar, muéstrame un 
vegetal que te haga reír”. Sublime.

 
Para enfrentarse a una buena comedia hace falta, sin ningún género de dudas, ser un 
adulto. Hay pocas cosas en este mundo que no sean susceptibles de ser tomadas con 
sorna. Otra cosa es que nuestra sensibilidad como individuos no nos tolere verlas.

Hay 
además otra máxima elemental en el universo del humor: cuando mejor funciona la 
comedia es en los contextos opuestos al sentido del humor. Por esta razón Una noche en la 
ópera es una obra maestra, porque no había nada más rocambolesco que poner a los 
hermanos Marx en una ópera. Y también por esta razón, el llamado humor negro, los 
chistes sobre la muerte, sin trascendencia divina alguna, funcionan tan bien.

 
Lo que hacemos en las sombras es una comedia que se llevó el Premio del Público en el 
Festival de Cine de Sitges. La idea, en sí misma, promete. La película es un falso 
documental sobre el día a día de cuatro amigos que comparten casa con la peculiaridad, 
a tener muy en cuenta, de que son vampiros.

Según se nos indica al principio del film, el 
equipo que rodó el hipotético documental llevó consigo en todo momento un crucifijo 
para salvaguardar su integridad. 
Ante semejante punto de partida, lo más recomendable es, sin ningún género de dudas, 
no tomarse la película demasiado en serio, fundamentalmente porque ni ella misma se 

toma en serio.

Lo que hacemos en la sombras disecciona los tópicos y los clichés del 
cine de vampiros para reírse de ellos y con ellos. Es muy probable que esta película no 
diga gran cosa a mucha gente pero, a buen seguro, hará las delicias de los amantes del 

género.

 
La película que nos ocupa es una pequeña producción neozelandesa dirigida por dos 
jóvenes contorsionistas del medio. Por un lado Taika Waititi y por otro Jemaine 
Clement. 

El primero es un prolífico actor que ha aparecido en casi todo tipo de 
películas, incluyendo esa desfachatez titulada Linterna verde, que también ha dirigido 
numerosos trabajos en televisión además de haber escrito sus propios guiones entre 
otras labores como productor y director de casting.

En lo que respecta al segundo, 
Clement ha sido más visible en los créditos de canciones de un buen número de 
películas, además de haber actuado en otras tantas películas, por no hablar de sus 

participaciones como compositor, productor y director.

Se trata por tanto de dos
 
profesionales del medio que, no obstante, decidieron unir sus fuerzas para poner en pie 
una idea, no muy original, pero sí que muy divertida.

 
Como decía al principio, siendo un adulto y dejando a un lado prejuicios y creencias,
Lo 
que hacemos en las sombras puede terminar siendo la comedia más divertida del año. 
 
No es apta para todos los públicos pero aquellos que sepan verla como lo que es, un 
divertimento para amantes del género sin demasiados prejuicios, la película de Waititi y 
Clement muy bien puede terminar convirtiéndose en el estreno más desternillante del 
año.
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