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«Los Minions»: La alocada búsqueda de un villano al que servir

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Cuatro décadas antes de Gru… una película familiar, optimista y divertida

Escrito por Brian Lynch y dirigido por Pierre Coffin y Kyle Balda, el próximo 3 de julio se estrena en España la muy esperada Los Minions, una de las películas de animación que llega a las salas de cine al rebufo del éxito de Despicable Me (Pierre Coffin y Chris Renaud, 2010).
 
Los minions empezaron siendo organismos amarillos unicelulares que evolucionaron a través del tiempo, poniéndose siempre al servicio de los amos más despreciables. Sin embargo, uno de ellos, Kevin, tiene un plan. Acompañado por el rebelde Stuart y el adorable Bob, decide lanzarse al mundo en busca de un nuevo amo malévolo a quien sus colegas puedan seguir.
 
El trío emprende un emocionante viaje para conseguir un jefe a quien servir, en realidad una jefa, la primera supervillana que jamás ha conocido el mundo, la terrible Scarlett Overkill. Pasarán de la helada Antártida a la ciudad de Nueva York en los años sesenta, para acabar en el Londres de la misma época, donde deberán enfrentarse al mayor reto hasta la fecha: salvar a la raza Minion de la aniquilación.
 
El filme, distribuido por Universal, no es exactamente una secuela de Gru: mi villano favorito, sino un spin off que transcurre cuatro décadas antes de Gru, el personaje principal de aquel filme donde aparecen los minions.
 
El arranque de la película es espectacular desde los créditos, cuando descubrimos la génesis de nuestros alocados amigos amarrillos siempre en busca de un malo malísimo al que servir como fieles secuaces… desde que son seres unicelulares pululando por las aguas.

Y si el secreto del éxito de Los Minions es su sencillez visual y narrativa, lo que es de traca es el exilio de sus protagonistas, quienes se deprimen al no conseguir su objetivo.

Por otro lado es casi imposible mantener el grado de locura de los personajes durante una hora y media. El guión de Brian Lynch, por su cuenta, desarrolla dos ideas muy concretas: una muy acertada y otra muy desafortunada, si así puede decirse, que hace que la segunda parte de la película resulte algo más convencional.
 
La primera trata de individualizar a los minions presentándonos a Kevin, Stuart y Bob y confiriéndoles una personalidad determinada que nos permite cogerles aún más cariño, y la segunda es presentar una trama asociada a una villana bastante histérica que carece de interés para la comedia que conocen en la Viilain-Con, la convención internacional de supervillanos.
 
A pesar de este pequeño bajón que supone su trama secundaria, y que pasa por el robo de la corona de la reina de Inglaterra, el contexto salva bastante la historia. Los minions protagonizan sketches divertidísimos por más que sean un tanto inconexos hasta llegar a un final bastante digno que no se olvida de los tintes nostálgicos. 
 
La película, de tono familiar, optimista y simpático, hará las delicias de los más pequeños de la casa y en su versión original cuenta con las voces de Sandra Bullock y de uno de sus directores, Pierre Coffin, entre muchos otros, y en castellano las de ella y su marido las interpretan Alexandra Jiménez y Quim Gutiérrez, dos actores que servirán de reclamo comercial a la película, aunque no tanto como el encanto de las criaturillas que nos tienen robado el corazón con sus locuras.
 

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