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Blasfemar, ¿por qué ofende? ¿por qué es ilegal?

AFP PHOTO/THOMAS SAMSO

<span>FRANCE, Paris : A member of Ukrainian feminist group Femen stands at the altar of the Madeleine church in Paris in a protest against the Catholic Church&#039;s stance on abortion on December 20, 2013.</span><br /> <span>AFP PHOTO/THOMAS SAMSON</span>

Ignacio Centenera Crespo - publicado el 29/06/15

En este sentido, destaca la sentencia del Tribunal Supremo 259/2011, de 12 abril, donde el voto particular de la misma señala que numerosos convenios internacionales y organismos dependientes del Consejo de Europa y de Naciones Unidas, propician en sus recomendaciones la punición de conductas como la que es objeto de los tipos aplicados en la sentencia impugnada, que han englobado bajo la rúbrica de "discurso del odio".

Así con todo, menciona la Recomendación 1805 (2007) de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, sobre blasfemia, insultos religiosos y discursos del odio contra personas por razón de su religión, que ha recomendado la conveniencia de sanciones penales a sus autores (si bien no tiene carácter vinculante dicha Recomendación).

Considera que “en la medida en que sea necesario en una sociedad democrática con arreglo a lo establecido en el artículo 10, párrafo 2, del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, en la legislación nacional solo deben penalizarse las expresiones sobre cuestiones religiosas que alteren grave e intencionadamente el orden público y en las que se haga un llamamiento público a la violencia”, algo que parece concordar con el lema “Altar para abortar” que prodigaron en su reivindicación, conteniendo un discurso de odio y transmisión del mismo en su mensaje.

Volviendo a lo que dije al principio, lo que dice el versículo completo que menciona Lara Alcázar es el siguiente: “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, rebosante. Porque con la medida con que midáis se os medirá” (Lucas 6, 38).

Cristo nos habla de misericordia. Al respecto, el Papa Francisco explicó que “si en nuestro corazón no hay misericordia, no estamos en comunión con Dios. ¡Aquí está todo el Evangelio, está el cristianismo! ¡Pero miren que no es sentimiento […]! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo […]. Sólo el amor llena los vacíos, los abismos negativos que el mal abre en el corazón y en la historia. […]. Y ésta es la alegría de Dios”.

Siguiendo este tenor, a mí es lo que siempre me han inculcado como base del cristianismo. Esa misericordia es la esencia de nuestra creencia, que se extiende hasta los más variopintos sectores de la sociedad. Ese ha de ser nuestro día a día como cristianos.

La misericordia supone un verdadero acto de amor, que conlleva una verdad, como el hecho de la equiparación en cuanto a derechos y obligaciones civiles entre hombres y mujeres (el verdadero sentido del feminismo de antaño y que yo comparto).

No podemos hablar de que la Iglesia católica denigra a la mujer si resulta que cuando abrimos la Biblia me encuentro con que Cristo salva a María Magdalena de la lapidación, o que las primeras en descubrir la Resurrección de Cristo fueran las tres Marías.

Tampoco entiendo cómo se habla de denigración de la mujer en la Iglesia cuando Cristo dijo a san Juan: “Hijo, ahí tienes a tu madre”.

No sé por qué se defiende que la Iglesia católica, como institución, excluya a la mujer de su tarea, si san Juan Pablo II tuvo un especial reconocimiento a las mujeres en 1988, con su Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, con ocasión del año mariano (esto es, de la Virgen María), como más tarde en 1995 con su carta a las mujeres en la que decía que “el punto de partida de este diálogo ideal no es otro que dar gracias.

“La Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el "misterio de la mujer" y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las "maravillas de Dios", que en la historia de la humanidad se han realizado en ella y por ella”.

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Tags:
libertad religiosa
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