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Brasil: 13 años, en la calle, drogada y embarazada

Domingos Peixoto / Agência O Globo
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Pero el laicismo insiste en sus “soluciones”: no a la familia, y sí al aborto, el sexo libre, la legalización de las drogas

Copacabana, en la tarde del domingo 21 de junio. El ambiente de alegría y playa que envolvía a cariocas y turistas se intensificó con el espectáculo de Ivete Sangalo e Criole en homenaje a Tim Maia.

Agentes de la Secretaría de Desarrollo Social de la ciudad de Río de Janeiro se aproximaron a una chica. Estaba inhalando solvente de pinturas. Su vientre explicitaba su embarazo de siete meses. La chica tiene 13 años de edad.

La mayoría de los agentes sociales ya la conoce. Está en los registros municipales desde hace 8 años. Vive en la calle desde los 5 años y no sabe dónde están sus padres. A pesar del efecto estupefaciente del diluyente, ella responde a algunas preguntas de los agentes sobre su embarazo. “Si es niña, se va a llamar Ana Júlia. Y si es hombre, me olvidé. Ah, João Gabriel”.

Los agentes conducen a la muchacha a un albergue para menores. Nuevamente. Sólo del día 3 al 23 de este mes de junio, los equipos de la prefectura la han llevado 8 veces al albergue de Taiguara. Con ella, otros 19 menores han sido aprehendidos la misma tarde del domingo en la ciudad maravillosa y trasladados a los albergues municipales. Incluso embarazada de 7 meses, antes que termine el día, la chica de 13 años escala el muro del albergue para que a la mañana siguiente, fuera reencontrada deambulando por las calles. Nuevamente. Fue abordada otra vez, ella rechazó la atención médica y expresó su decisión: “No voy a ahí”.

Según los registros de la asistencia social de Río de Janeiro, la madre de la chica también vivió en las calles y hoy nadie sabe de ella. Hubieron intentos de incluirla en proyectos sociales y responsabilizarla por las hijas, sin éxito. Y no es para menos: con la disculpa de su derecho de ir y venir, el estado brasileño permite que los niños queden en las calles al dios dirá en vez de ofrecerles albergues con una infraestructura decente, tratamiento adecuado y perspectivas objetivas de educación, trabajo e inserción social.

Adolescentes embarazadas y sin cobijo no es algo raro en las calles de Río de Janeiro y su historia sigue siempre el mismo camino de irresponsabilidad de los padres; violencia doméstica, desestructuración familiar e involucramiento con las drogas. El destino de sus hijos también acostumbra ser parecido: en las dos guarderías municipales, cada uno con 20 plazas, tiene 29 bebés, 12 de los cuales son hijos de madres que viven en la calle. La mayoría de esas madres usan drogas y terminan dejando de visitar a sus hijos porque el vicio es más fuerte que el vínculo con ellos.

El año pasado, de los 79 niños que pasaron por la guardería municipal Ana Carolina, 28 fueron adoptados y 31 volvieron a la así llamada “familia extensa”, que además de los padres, incluye a parientes como tíos y abuelos.

Al retratar esta tragedia tan habitual, el diario O Globo habló con diversos profesionales que trabajan en la asistencia social carioca. Ellos dijeron no saber qué se puede hacer para solucionar este drama trivializado.

Entre las “propuestas de solución” que habitualmente aparecen en los medios laicos, tampoco hay grandes novedades: aborto legalizado, anticoncepción, sexo libre y “¿responsable?”, discursos que suelen culpar a ideas genéricas como “la sociedad”, “el sistema”, “la cultura tradicional”. También se habla de la legalización de las drogas como medio para combatir el caos social empeorado por las mismas drogas. Encima de todo, además, se intentan eliminar “conceptos intolerantes y retrógrados” como el de la “familia natural”, formada por un padre, una madre y sus hijos. La solución para la tragedia de las familias, por lo tanto, sería destruir la familia para evitar sus tragedias. ¿Estás dispuesto a esperar para ver los resultados de estas “soluciones”?

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