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¿Es “válida” para un católico la Eucaristía en una iglesia ortodoxa?

Ramona August

Toscana Oggi - publicado el 26/06/15


“parusía” del Señor Jesús, presencia y espera al mismo tiempo.

Otra dimensión característica de la liturgia oriental es su carácter de invocaciónepiclética. El Espíritu Santo transforma tanto los dones del pan y el vino en el Cuerpo sacramental de Cristo como a aquellos que participan de ellos, introduciéndolos profundamente en el Cuerpo eclesial de Cristo.

La acción del Espíritu Santo es un don del Padre que suscita y manifiesta la petición por parte de la comunidad eclesial. La Iglesia implora al Padre desde el principio de la celebración. Con una imagen elocuente, el teólogo ruso Paul Evdokimov habla de olas cada vez más altas de epíclesis preliminares, hasta el punto en que la liturgia se extiende en la eplíclesis de la oración eucarística.

Un ejemplo de ello se encuentra en la liturgia de san Basilio: “Te rogamos y te invocamos, oh santo de santos, para que por el beneplácito de tu bondad venga tu Santo Espíritu sobre nosotros y sobre los dones aquí presentes. Los bendiga y los consagre y vuelva este pan el mismo cuerpo precioso del Señor, Dios y salvador nuestro Jesucristo, y vuelva este cáliz la misma sangre preciosa del Señor, Dios y salvador nuestro Jesucristo, derramada por la vida del mundo”.

El valor profundo que se da a la epíclesis por parte de la tradición oriental tiene una repercusión importante en la visión de la Iglesia. La Iglesia es colocada por la liturgia en una posición de humildad e invocación en relación con Cristo, su Señor y Esposo.

Su relación con Cristo está del lado de la humilde invocación, empezando por el reconocimiento de las propias culpas hasta la espera confiada de su venida.

Por otra parte, la oración eucarística es sellada por el triple amén del pueblo, significando su participación activa en la misma epíclesis.

Finalmente, como decía antes, la Eucaristía constituye a la Iglesia en la comunión. Los fieles que participan del cuerpo eucarístico se vuelven consanguíneos, concorpóreos de Cristo. San Máximo el confesor escribe que “la Eucaristía transforma a los fieles en sí misma, por eso pueden ser llamados “dioses” porque Dios los llena completamente. De esta manera todos están unidos de manera realmente católica, todos se funden por así decir los unos en los otros”.

La comunión con Cristo se abre a la comunión entre los hermanos, que va más allá de cualquier distinción, en el espacio y el tiempo. Y se extiende también a una comunión mística con la misma creación.

Lo que se ha dicho antes no es ajeno a la visión católica. Tomo un ejemplo de los escritos de Francisco de Asís, en donde encontramos una expresión muy similar a la de san Máximo el confesor.

Francisco escribió a sus hermanos sacerdotes: “Toda la humanidad de que se trate, todo el universo tiembla y el cielo se regocija, cuando en el altar, en la mano del sacerdote, está presente Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¡Oh altura admirable y condescendencia estupenda! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh humilde sublimidad, que el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, se hizo humilde para esconderse, por nuestra salvación, bajo una pequeña forma de pan! Hermanos, mirad la humildad de Dios, y abrid vuestros corazones a él; humillaos para que podáis ser exaltados por Él. Nada, pues, retened para vosotros mismos, para que os acoja plenamente Aquel que se ofrece totalmente a vosotros. Amén".

Me gustaría concluir, finalmente, con algunas palabras del patriarca Atenágoras, que recordamos nuevamente por el histórico abrazo fraterno con Pablo VI: “La Eucaristía protege al mundo y ya secretamente lo ilumina. El hombre encuentra su filiación perdida, alcanza su vida en la de Cristo, el amigo secreto, que comparte con él el pan de la necesidad y el vino de la fiesta. Y el pan es su cuerpo y el vino es su sangre y en esta unidad ya nada nos separa de nada y de nadie. Existe aquí en la tierra un lugar en el que ya no existe separación, en el que sólo existe el gran amor, la gran alegría. Y este lugar es el santo cáliz, el Grial en el corazón de la Iglesia. Y, como consecuencia, en tu corazón” (En diálogo con el Patriarca Atenágoras, París 1976).

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eucaristiaiglesia catolicaliturgiaortodoxos
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