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“Simulé ser un traficante y compré a aquel niño por 26 dólares”

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El Padre Ignacio-María Doñoro, ayuda a chicos en la Amazonía peruana con su Hogar Nazaret

 
»Al día siguiente le conté a una de las hermanas lo que me había sucedido y cuando le describí al niño se quedó paralizada. Me envió a la madre Rosa, una religiosa a la que apenas le quedaban tres meses de vida por un cáncer. Se lo conté todo, le dije que era como si Dios me estuviera haciendo una llamada.
 
»Ella se echó a llorar y me contó que el chico pertenecía a una familia en situación de hambruna y que habían decidido venderlo porque estaba enfermo. Pensé que era mentira, pero la verdad acabó imponiéndose, la verdad del tráfico de niños.
 
»Me dije: ‘‘Tengo mi dinero y Dios me ha puesto aquí para comprar a ese niño’’. Al final, aunque la monja se mostraba muy reticente pues decía que era muy peligroso, la convencí: ‘‘Hermana, usted va a morir pronto y yo estoy loco’’.
 
Comprar un niño por 26 dólares

»Fuimos a por el niño. Estaba desnudo. Entre todos lo vistieron. Yo pregunté que cuánto costaba. Entendí 25.000 dólares, pero lo habían vendido por 25. Pagué 26, agarré al niño y lo metí con gesto feo en la camioneta simulando ser un traficante.
 
»Ya dentro, y camino del hospital, el pequeño se orinó encima de miedo y empezó a gritar. Le confesé: ‘‘Tranquilo, soy sacerdote, te estoy rescatando, no tengas miedo. ¿Cómo te llamas?’’. Contestó: ‘‘Me llamo Manuel’’. Repliqué: ‘‘Manuel significa Dios está con nosotros. Si Dios está con nosotros, nadie puede estar contra nosotros. No te preocupes, porque no te va a pasar nada. Yo voy a dar mi vida por ti si hace falta’’.
 
»Cuando llegamos al hospital volvió a orinarse, y cuando el médico le pidió que se quitara la ropa para explorarle se quedó bloqueado, asustadísimo. Lo volví a abrazar: ‘‘Manuel, yo voy a dar mi vida por ti, Dios está con nosotros". Me miró con tanto cariño… Jamás había visto una mirada así. Realmente, vi la mirada de Dios, su sonrisa. Sentí que Dios estaba ahí, pidiendo auxilio. Lo cierto es que Manuel se curó, pero el problema no era sólo Manuel; el problema es que había muchos «Manueles». En ese momento me di cuenta de que estaba siendo muy tacaño con Dios».
 
Buscando ayudar a más niños

A su vuelta a España, empezó su trabajo creando varias asociaciones con el fin de conseguir subvenciones que cubrieran, en un principio, los proyectos de San Salvador, y luego otros en Bogotá (Colombia), Tánger (Marruecos) y Beira (Mozambique), siempre al servicio de los niños en situaciones especialmente delicadas.
 
Fue en este contexto en el que decidió crear su propia obra en Puerto Maldonado, para lo cual cuenta con recursos aportados por el presidente del Real Madrid y propietario de ACS, Florentino Pérez, que ha donado una importante cantidad; y también por José Ramón de la Morena y «El Larguero», su programa radiofónico deportivo.
 
En Puerto Maldonado arranca a niños de la muerte, del tráfico, y luego arregla su situación legal –inscripción en el Registro Civil, partida de nacimiento y documento de identidad–, pues una vez que «el niño ya existe», no se puede traficar con él.
 
También les consigue atención médica y escolarización, y a medida que pasa el tiempo, se van «curando las heridas del alma, hasta sentirse como una familia normal».
 
Su paso por la casa es transitorio, pues aunque sean una auténtica familia, es bueno que, ya sea una tía, una abuela o una hermana mayor, se hagan cargo de ellos con garantías.
 
Gestión de horrores y recuerdos

Otro de los grandes retos es la gestión de los horrores que estos pequeños han tenido que sufrir. «No intentamos que los niños bloqueen los recuerdos, como si aquello no hubiera ocurrido. Sucedió. Una máxima que orienta al Hogar Nazaret es que “el perdón nos reconcilia con nosotros mismos, nos libera” y que se aprende a amar amando».

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