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La humanidad no es una plaga: Laudato Si’ rechaza el control de población

NazareneMissionsInternational-CC
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La amenaza para el medioambiente no es la tasa de natalidad mundial

Laudato Si’ es la primera encíclica compuesta únicamente por el Papa Francisco y está provocando grandes titulares alrededor del mundo. Esto es así porque en ella el Papa acepta que el cambio climático está sucediendo, y esto es en gran parte por las acciones de la humanidad y requiere que tomemos medidas urgentes para combatirlo. Por supuesto, para muchos activistas del cambio climático este es un mensaje de Dios a través de su Vicario en la Tierra.

Sin embargo, lo que es probable que no vaya a ser tan popular (o ampliamente difundido) es lo que el Papa tiene que decir acerca de los esfuerzos para combatir el cambio climático a través del control de población.

El control de población es, a menudo, promocionado como la única forma de reducir las emisiones de carbono: menos gente=menos contaminación. Esta lógica, sin embargo, siempre me ha parecido el camino más facilón. Muchas partes del mundo consumen mucho más y contaminan mucho más, por lo tanto la respuesta de la gente es tener menos hijos.

Además de no abordar los asuntos fundamentales relacionados con nuestro sistema económico y contaminación, tal pensamiento conduce al peligro del control demográfico regulado por el Estado donde un “debería” se convierte en un “debe”. Por ejemplo China, Birmania, Vietnam, etc…

Lo que Laudato Si’ dice sobre la superpoblación:

“En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de ‘salud reproductiva’. Pero, ‘si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario’ [28]".

"Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo".

"Además, sabemos que se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y ‘el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre’ [29]. De cualquier manera, es cierto que hay que prestar atención al desequilibrio en la distribución de la población sobre el territorio, tanto en el nivel nacional como en el global, porque el aumento del consumo llevaría a situaciones regionales complejas, por las combinaciones de problemas ligados a la contaminación ambiental, al transporte, al tratamiento de residuos, a la pérdida de recursos, a la calidad de vida… [60]".

"Finalmente, reconozcamos que se han desarrollado diversas visiones y líneas de pensamiento acerca de la situación y de las posibles soluciones. En un extremo, algunos sostienen a toda costa el mito del progreso y afirman que los problemas ecológicos se resolverán simplemente con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones éticas ni cambios de fondo. En el otro extremo, otros entienden que el ser humano, con cualquiera de sus intervenciones, sólo puede ser una amenaza y perjudicar al ecosistema mundial, por lo cual conviene reducir su presencia en el planeta e impedirle todo tipo de intervención”.

Por decirlo de otra manera, citando a David Attenborough, la humanidad no “es una plaga”. Hemos hablado en muchas ocasiones sobre el desperdicio de comida (aquí, aquí y aquí).

Si queremos hacer algo en la forma en la que estamos tratando la Tierra, entonces el Papa nos está pidiendo que vayamos al corazón del problema, no que nos volvamos a la solución fácil pero peligrosa del control de población que nos deja en un Occidente cómodo, en una sociedad de consumo alto y grandes creadores de basura.

 

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