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Iglesia y ciencia: ¿Galileo podría haber sido una sonora excepción?

Victor R. Ruiz -cc
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Decir que la Iglesia jugó un papel positivo en el desarrollo de la ciencia ahora se ha convertido en una importante corriente.

Desde el papel de los monjes en el arte y la arquitectura, desde la Universidad hasta las leyes occidentales, desde la ciencia hasta las obras de caridad, desde el derecho internacional hasta la economía, el libro de Thomas E. Woods, JR (Cómo la Iglesia Católica construyó la Civilización Occidental) muestra la gran deuda que tenemos como civilización para con la Iglesia Católica, lo queramos reconocer o no.

El capítulo más largo del libro es "La Iglesia y la ciencia" pese a que todos hemos escuchado tantas cosas sobre la supuesta hostilidad de la Iglesia para con la ciencia.

De hecho, mucha gente no sabe que los historiadores de la ciencia han pasado el último medio siglo revisando rigurosamente esta idea convencional, argumentando que el rol de la Iglesia en el desarrollo de la ciencia occidental ha sido mucho más importante de lo que se creía.  Hablando no sólo de los apologetas católicos, sino también de expertos historiadores de la ciencia, serios e importantes, como J.L. Heilbron, A.C. Crombie, David Lindberg, Edward Grant y Thomas Goldstein.

Vale la pena señalar además que, entre otros muchos ejemplos,  importantes científicos como Louis Pasteur, han sido católicos. Más interesante aún es la cantidad de sacerdotes que se han destacado en la ciencia. Se sabe, por ejemplo, que la primera persona que midió el rango de aceleración de la caída de un cuerpo fue el P. Giambattista Riccioli. El hombre que fue considerado el padre de la egiptología fue el P. Athanasius Kircher (también conocido como "el maestro de las cien artes" por la amplitud de sus conocimientos); y el P. Roger Boscovich, que ha sido descrito como "el más grande genio que Yugoslavia alguna vez produjo", ha sido con frecuencia considerado como el padre de la teoría atómica moderna.

El caso Galileo es citado con frecuencia como una evidencia de la hostilidad católica. Pero recordamos hechos concretos: las catedrales católicas de Boloña, Florencia, París y Roma fueron construidas para funcionar como observatorios solares.No se puede encontrar en el mundo instrumentos más precisos para observar el aparente movimiento del sol.

Cuando Johannes Kepler señaló que las órbitas planetarias eran elípticas en vez de circulares, el astrónomo católico Giovanni Cassini verificó la afirmación de Kepler a través de las observaciones que hizo en la Basílica de San Petronio en el corazón de los estados pontificios. Cassini, casualmente, fue alumno del P. Riccioli y del P. Francesco Grimaldi, el gran astrónomo que también descubrió la difracción de la luz y que incluso hizo que a este fenómeno se le diera su nombre.

Decir que la Iglesia jugó un papel positivo en el desarrollo de la ciencia ahora se ha convertido en una importante corriente, aunque este actual consenso aún no ha terminado de llegar al público en general. Stanley Jaki, a lo largo de su extraordinaria carrera académica, ha desarrollado el importante argumento de que fueron, de hecho, importantes aspectos de la perspectiva cristiana los que permiten entender por qué la ciencia occidental tuvo el éxito que tuvo como una empresa autosostenible.

“Las culturas no cristianas no tienen las mismas herramientas filosóficas y, de hecho, estaban encerradas por marcos conceptuales que no permitían el desarrollo de la ciencia”. Jaki extiende esta tesis a siete grandes culturas: la árabe, la babilónica, la china, la egipcia, la griega, la hindú y la maya. En estas culturas, explica, la ciencia sufrió una "muerte fetal".

El pensamiento económico es otra área en la que los académicos han comenzado a reconocer el papel, antes subestimado, de los pensadores católicos. Joseph Schumpeter, uno de los grandes economistas del siglo XX, agradece las contribuciones de los escolásticos muchas veces pasadas por alto – especialmente las de los

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