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¿Qué tienen en común el sexo en el matrimonio y la santa misa?

© Richard foster
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Como para el sacerdote, también para los esposos unidos en sacramento, hay momentos cumbres que resumen esta realidad esponsal de siempre en un solo acto, el de la unión matrimonial de ser «una carne»

Les queremos ofrecer un ejemplo. Un sacerdote puede haber sido ordenado desde hace años. Es sacerdote "para siempre". Nunca dejará de ser sacerdote. Con todo, hay momentos cumbres cuando Cristo quiere actuar sacramentalmente y de manera especial a través del sacerdocio de ese hombre ordenado por la imposición de las manos del obispo. Uno de esos momentos cumbres es la celebración de la Eucaristía.
 
La Eucaristía es un momento cumbre cuando el sacerdote actúa "en la persona de Cristo", es decir, se vuelve instrumento transparente a la fe porque su persona hace presente a Jesucristo. Es la actualización del sacramento del orden. Es que como si se resumiera todo su sacerdocio en esta celebración eucarística. Y la fe abre los ojos y ve el cielo abierto.
 
De manera similar el matrimonio está consagrado por el sacramento desde el día de sus bodas hasta que la muerte los separe. Se han donado el uno al otro sin reservas en Jesucristo. Esta entrega mutua fue el sacramento porque significa sacramentalmente la presencia de Cristo que se entrega a su Iglesia.

Ahora bien, el momento cumbre de esta donación mutua impregna todo lo que harán en el futuro como esposos y como padres. Pero, como para el sacerdote también para los esposos unidos en sacramento, hay momentos cumbres que resumen esta realidad esponsal de siempre en un solo acto, el de la unión matrimonial de ser "una carne".

Se realiza, se re-actualiza, cuando los esposos se entregan el uno al otro "en el Señor". En ese momento se vuelven instrumento transparente a la fe como personas que hacen presente a Jesucristo que se entrega de nuevo a su esposa la Iglesia  para hacerla santa e inmaculada en su presencia. Y la fe abre los ojos y ve el cielo abierto.
 
La consagración de la santa misa es uno de los momentos que más  reclama el recogimiento profundo del creyente. ¿Por qué? Porque en ese momento Cristo se inmola, se dona, se entrega.

Algo semejante, bajo otro signo, lo realiza Jesucristo cuando los dos esposos se unen. Cristo se entrega a su Iglesia para hacerla santa e inmaculada en su presencia. Es la actualización del sacramento. Es un momento cumbre del designio de Cristo sobre el amor de los esposos. ¿Acaso esto no reclama una honda atención a la presencia del Señor en medio del acto matrimonial?
 
Ahora podrán ustedes entender porque los esposos cristianos antes de “hacerse uno en la carne” se ponen de rodillas ante Dios y le agradecen el amor que les ha regalado y le piden poder amarse el uno al otro cómo Cristo los ha amado.

Se están aprestando a celebrar su sacramento. Convocan a Cristo y a la Iglesia y se convierten en signo de la entrega de Cristo a su Iglesia. Cuando se celebra la Misa Cristo muerto y resucitado se hace presente bajo los signos de pan y vino que ya no son pan y vino.

Cuando la pareja celebra su matrimonio la entrega de Cristo a su Iglesia se hace presente bajo el signo de la unión de los esposos.
 
Demos un paso más para descubrir las maravillas que Dios ha pensado dar al matrimonio.
 
Los tres altares del matrimonio cristiano
 
Los antiguos hablan de tres altares en el matrimonio cristiano. El primer altar es el altar de la iglesia donde se nos sirve el pan de la palabra de Dios y de la eucaristía para vida eterna. El segundo altar es la mesa familiar donde se comparten los alimentos, donde la familia ora, donde se educan los hijos.

El tercer altar es el tálamo nupcial, es decir, la cama matrimonial. Es un altar. No es para menos porque es lugar donde Cristo se entrega a su esposa la Iglesia. Es un monumento, es un lugar sagrado.
 
Bajemos al llano y veamos qué consecuencias tiene esto. Es evidente que esta realidad sacramemtal requiere de una estética muy particular y esmerada. El marco exterior favorece o destruye esa conciencia de sacralidad.

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