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Organizador de la Cumbre del clima de París opina sobre la encíclica

© Edizioni San Paolo
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El enviado especial del presidente francés para la protección del planeta comparte su visión laica sobre «Alabado seas» del Papa Francisco: «Da a la ecología sus cartas de nobleza»

“Un texto potente y esclarecedor, y un refuerzo inesperado”; así califica la encíclica Alabado seas Nicolas Hulot, actual encargado de representar a Francia en temas de ecología y de preparar la próxima cumbre de París.
 
Sacralizar la cuestión
 
“Sin juegos de palabras, este texto tiene una primera virtud –considera el experto-: sacraliza la cuestión ecológica y da a la ecología sus cartas de nobleza. Coloca definitivamente la cuestión ecológica como una cuestión mayor”.
 
“Necesitábamos esto, recordar que la preocupación común es el futuro del hombre, de la condición humana, de los hombres de hoy y de mañana”, afirma.
 
“Cuando inicié el diálogo al principio de mi misión con las distintas religiones y con el Vaticano, algunos se preguntaban si estaba tan desesperado que buscaba un milagro –recuerda-. ¡Debo reconocer que me interesa!”.
 
De coraje y de honestidad
 
Para Nicolas Hulot, al hilo de las 192 páginas de esta encíclica, “el Santo Padre exhorta a los responsables políticos, y a cada uno de nosotros, al coraje y a la honestidad”.
 
“El coraje todos lo necesitamos porque hay todo un modelo a revisar –dice-, y la honestidad de no huir de la realidad. Esta encíclica nos invita a entrar en una nueva era de la responsabilidad, creo que esta noción es esencial”.
 
En su opinión, “este llamamiento llega en un momento particular, en que 196 países reunidos en París van a transformar las palabras en intenciones y las intenciones en acciones”.
 
“Si sabemos aprovechar esta oportunidad, la familia humana puede reencontrarse –aseguró-, a condición de pasar de un modelo económico de competición a un modelo de cooperación”.
 
“Yo acojo el apoyo de este texto potente, exigente, en este momento determinante, en el que nada está ganado, como una contribución inesperada y magnífica”.
 
Una verdadera hoja de ruta
 
Según Hulot, “en este texto uno reencuentra valores y principios que tienen sentido. Yo siempre he abogado por un enfoque integral de la ecología”.
 
“Veo y leo esta encíclica en primer lugar como una hoja de ruta, marcada por un cierto número de principios y de valores de los que, sin darse cuenta, la humanidad se está alejando y desembarazando con el paso del tiempo”, destaca.
 
“Este texto nos invita a no simplemente centrar la atención en los efectos, sino a entender las causas –continúa-. Invita también a un diálogo entre espíritu, ciencia, economía y política”.
 
“Creo que este tiempo de pausa que nos propone este documento en un mundo precipitado, que actúa por reacción, es siempre, sin juegos de palabras, providencial”, subraya.
 
No un callejón sin salida, sino una cuenta atrás
 
Sin embargo, el enviado especial de Francia reconoce por su parte que la tarea es difícil: “Entre mis interlocutores políticos, con los que me reencuentro después de tres años, lo más difícil es que cada uno aborda esta cuestión planetaria desde el prisma del interés nacional, o incluso personal, en un momento en que habría que dotarse de un estado mental universal”.
 
Pero esta encíclica es también un llamamiento a glorificar, a apreciar la belleza y la riqueza de lo que es: “Efectivamente hay en este texto una visión muy positiva y entusiasta”.
 
“No dice en absoluto que estemos en un callejón sin salida, pero nos recuerda que el tiempo está contado -constata-. Esto me lo tomo como un refuerzo y una ayuda inesperados, porque las palabras del Papa resuenan más allá de la comunidad de creyentes”.
 
“Es un embajador inesperado –concluye- y una forma de resistencia al fatalismo. Es la familia humana la que está frente a un muro. El Papa confirma que la cuestión climática es la piedra angular de la justicia social y de la dignidad humana. No es un texto que lleve a la culpabilidad, sino a la responsabilidad”.
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