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Una traumática experiencia del Papa Francisco en su infancia, clave de la «Cultura del Encuentro»

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Le pape François alors archevêque de Buenos Aires
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El Pontífice confidencia el por qué… «Es un ansia que llevo desde chico».

El sacerdote y destacado mariólogo brasileño Alexandre Awi, no solo compartió sus valiosas reflexiones sobre el Pontificado de Papa Francisco en la entrevista concedida a Portaluz, cuando visitó Chile el pasado mes de abril. También confidenció una inédita y emotiva vivencia del Papa, que hoy publicamos pues incorpora ‘humanidad’ a la persona del Santo Padre y devela la riqueza espiritual que desde la infancia forjó el alma de quien es hoy el Vicario de Cristo.
 
Cuenta Alexandre que nada mas terminada la JMJ Río2013 en la que ofició de traductor y secretario del Santo Padre, escribió para una revista salesiana de Brasil un artículo sobre la “cultura del encuentro”; comentando la riqueza pastoral, espiritual y otras que en su parecer el Papa ofrece al mundo con esa propuesta.
 
Ya en el documento de Aparecida y mucho antes el Vicario de Cristo se refería a esta cuestión, que ha sido un eje temático en las catequesis de su Pontificado. Pero lo que Awi desconocía es que el anhelo de una ‘cultura del encuentro’ estaba profundamente arraigado en las experiencias que como niño vivió Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco.
 
Sería el propio Pontífice, quien se lo confidenciaría a padre Alexandre en una carta donde le agradece el referido artículo:
 
“Gracias por el artículo sobre la cultura del encuentro. Creo que te debo contar algo de esa expresión.  Cuando se rehízo el frente en la catedral de Buenos Aires optaron por copiar el frente de la Madeleine de París (no pega ni con cola con el estilo barroco del templo) y como era el tiempo de la reorganización nacional y se buscaba la unidad de la nación, optaron por esculpir en el frontispicio la escena del encuentro de José con sus hermanos. Esa imagen me llegó hondo. Creo que en parte debido a mi historia de familia y en gran parte por la Gracia de Dios.
 
En mi familia hubo una larga historia de desencuentros. Tíos, primos, peleados y separados. Cuando se comentaba algún caso de estos o se pre-anunciaba alguna pelea, de chico lloraba mucho, a escondidas y a veces ofrecía algún sacrificio o alguna penitencia, para que no sucedieran estas cosas. Me lastimaba mucho. Gracias a Dios que en casa Papá, Mamá y los cinco hermanos vivíamos en paz.
 
Creo que esta historia de chico me marcó mucho y fue creando en mi corazón ganas de que la gente no se pelee, que siga unida. Y si se pelean que se amiguen.
 
Releo lo que escribí y me da un poco de vergüenza, pero creo que en esta historia hay como un germen de lo que con los años y de un modo conceptual llamé “Cultura del encuentro”. Es un ansia que llevo desde chico.”
 
 
Artículo originalmente publicado por Portaluz
 
 
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