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La saga de Parque Jurásico: el grito instintivo más comercial

Universal Pictures
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Ni somos animales ni ángeles, pero muchas veces pudiéramos ser ambos

Compartimos con los dinosaurios, una parte animal y salvaje, pero no somos solo eso, sino mucho más. Ni somos animales ni ángeles, pero muchas veces nos comportamos como si pudiéramos ser ambos. Basta recordar cualquiera de los genocidios de la historia de la humanidad para detectar ese lado más salvaje e inhumano o pensar en Ghandi, la Madre Teresa, Mandela o en la reciente beatificación de Mons. Romero[i] para ver cómo esa instintividad está llamada a ser algo mucho más grande.
 
Nuestra sociedad tecnológicamente poderosa y endeble en los afectos, clama por lo monstruoso como parte del consumo mediático cotidiano; tanto en televisión con The Walking Dead, cualquier serie vampírica  o incluso programas del cotilleo más vulgar; como en cine, con películas como Godzilla, Depredador, la saga Alien e incluso películas como Pacific Rim o la saga de Los Vengadores (Hulk[ii]), por citar algunas.
 
            Jurassic World retoma con dignidad una saga que aunque no logra el impacto épico de la primera, parece seguir sus pasos de cerca y homenajearlos con acierto. Con unos personajes muy spielbergianos consigue, en medio de una película de dinosaurios, lanzar una bella y necesaria reflexión sobre la importancia de la familia.
 
            Todo empezó en 1993 cuando Steven Spielberg llevó al cine la novela de Michael Crichton Parque Jurásico. El público la convirtió en icono de una generación y la crítica, aunque cuestionó la adaptación del libro original, precisamente del mismo autor que escribió el guión, celebró en general la emoción, el suspense y la estupenda recreación de los reptiles gigantescos.
 
            Ese año fue memorable porque junto a Parque Jurásico, Spielberg se presentaba también a los Oscars con La Lista de Schindler, ganadora de siete estatuillas, incluida la de mejor director y mejor película. En 1997, quiso repetir fórmula con El mundo perdido: Parque Jurásico, secuela de la anterior, por un lado y Amistad por otro, pero esta vez no obtuvo tanto reconocimiento. El mundo perdido aunque mantenía la estela creada por su antecesora, no consiguió ese efecto ni en público ni en crítica y fue acusada de imitarla y de un guión poco original.
 
            Ya en 2001 apareció Jurassic Park III que terminó pareciéndose más a un telefilme de baja calidad, pues ya no estaba Spielberg narrando las escenas, que a la tercera parte de una gran saga. A pesar de todo eso fue otro gran éxito de taquilla pero la crítica ya no se contuvo y le otorgó una nominación a los premios Razzie como el peor remake o secuela del año.
 
            Al igual que con la saga Star Wars la banda sonora de John Williams es un personaje más y el leit motiv de Parque Jurásico, como cualquier otro de la obra del maestro Williams, tiene personalidad wagneriana propia y legendaria. En esta última entrega Jurassic World, Michael Giacchino (Tomorroland, Los Increíbles) consigue abrazar la tradición del maestro y empieza a despuntar como uno de los posibles discípulos más talentosos.
 
Aunque Jurassic World es, en parte, un elogio a la familia, también nos dice que existe algo más poderoso que la instintividad de nuestros genes, o que la de los dinosaurios, que es la belleza de una relación verdadera, como ya he comentado en otro lugar (http://www.pantalla90.es/2015/jurassic-world/).

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