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Ana Tijan y Luka Brajnovic, fe y amor en la Guerra Mundial

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«De novios, paseábamos por la calle rezando el Rosario; caían bombas, podía tocarte»: Ana, 94 años

Nació el año 1920 en Croacia, tiene ya casi un siglo de vida y en todo instante transmite vitalidad y esperanza. Ana Tiján es una mujer cuyos años e historia hablan del poder auténtico de la fe, espontánea, que se confía por entero a Dios, pudiendo sobrevivir a guerras, persecuciones y matanzas…

-Recuerdo que tenía catorce años. Yo vivía en Senj. Era mayo del 1935, el mes de la Virgen -comienza relatando en una entrevista que publica el portal web Amarantho-, y se celebraba una fiesta eucarística. Había una misa en la plaza en la que venía muchísima gente, sobre todo jóvenes que bajaban de los montes especialmente para la celebración. En aquella época no había autobuses, así que esa gente se movía en camiones. Todo estaba preparado para la ocasión…

»Decidí quedarme un rato más rezando. Cuando salí me encontré con el bullicio de la gente. En una de las plazuelas por las que tenía que pasar había un camión distinto a los otros. De todas las callejuelas salieron un montón de gendarmes que empezaron, sin más, a dispararnos. Yo no sabía qué hacer. Estaba asustadísima. Apuntaban más bien hacia arriba y hacia los otros camiones y yo, como era pequeña, me metí por debajo de las piernas de un gendarme y empecé a correr.

Tuve la suerte de que no me alcanzó ninguna bala, pero veía caer a mucha gente delante de mí. Había incluso chicos que intentaban escapar con la tripa abierta. Fue una gran carnicería…  Así empezó mi juventud, con este recuerdo tan tremendo. La ciudad de repente se quedó muda. En silencio. Fue un shock. Después de tanto tiempo, todavía no lo he olvidado.

Ana nació justo cuando Europa y el mundo buscaban sanar las heridas de la Primera Guerra Mundial. Por entonces su natal Croacia inició una aventura uniéndose a otras comunidades eslavas de los Balcanes para formar el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Pero fue imposible la armonía en esa diversidad y tras instaurarse en 1929 un régimen dictatorial surgió el Reino de Yugoslavia.

La Segunda Guerra Mundial trajo el descalabro suficiente que el dictador comunista ‘Mariscal’ Tito aprovechó para apoderase de Yugoslavia… Ana entonces vivió sus primeros años en medio de un campo de batalla

-¿Cómo enfrenta una niña todo este dolor?

-Si volvemos al recuerdo de aquel mes de mayo, cuando tenía catorce años, pienso: ¿Por qué me quedé yo en esa iglesia mientras los demás salían a la calle a disfrutar de la fiesta? La verdad es que había una imagen de la Virgen, muy venerada en Senj, y quise quedarme un rato más a rezar. Ahora estoy segura de que fue Ella quien hizo que no me tocase ninguna bala. Estoy segura de que Ella me salvó la vida ese día. Y en realidad todos, porque es un milagro que haya llegado hasta los 94 años después de todos los peligros que me han tocado vivir.

-Estudió Filosofía y Letras en la rama de Eslavística en la Universidad de Zagreb y se mudó a esa ciudad en 1939. ¿Cómo fueron esos años?

-Cuando yo empecé la universidad ya se oían tambores de guerra. Los alemanes se iban acercando poco a poco a nuestra tierra. Nunca pudimos tener clases normales…

-No debía de ser fácil ir a la Universidad en aquella época.

-Era muy difícil, pero de todo lo malo siempre se saca algo bueno. Conocí al que después ha sido mi marido y con él parecía que los problemas se suavizaban… De pequeña tenía dos metas: ir a la universidad y formar una familia. Una ya la había conseguido y también había conocido a Luka. En realidad no se podían tener metas. La única preocupación era sobrevivir día a día… la muerte estaba constantemente presente. Por eso teníamos que estar preparados siempre.

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