Obispos de Nicaragua piden mayor transparencia en lo que se refiere a las afectaciones, indemnizaciones y justicia de las tierras expropiadas a los campesinos
El Gran Canal Interoceánico ha enfrentado al pueblo de Nicaragua en una batalla interna que no se ha desbordado, hasta el momento, gracias, entre otras cuestiones, al papel mediador de la Iglesia católica y a la exigencia de ésta de una mayor transparencia en lo que se refiere a las afectaciones, indemnizaciones y justicia de las tierras expropiadas a los campesinos.
La Conferencia Episcopal de Nicaragua ha sido muy enfática en exigir apertura informativa y nula represión, así como exigente en cuanto al proceso mismo de concesión del Canal a una empresa -HKND Group-de capital chino y a cuyo frente está el empresario el empresario chino Wang Jing.
Los obispos de Nicaragua han escuchado a especialistas en el tema y han propuesto mayor transparencia al gobierno que encabeza Daniel Ortega Saavedra, sobre cuestiones muy puntuales, como es el caso de la salinidad del Lago Nicaragua (el mayor embalse del país, y hogar de una rica fauna acuática) que, con la construcción del canal, se usaría longitudinalmente.
Transparencia y democracia
Uno de los críticos del proyecto ha sido el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, junto con el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez. A principios de este 2015, monseñor Báez resumió la postura del episcopado nicaragüense diciendo: "No nos oponemos (los obispos) al Canal, pero si se hace como está proyectado ahora, será un desastre".
Por su parte, monseñor Álvarez ha sido muy enfático en la defensa de los derechos de las comunidades de su diócesis que están siendo afectadas, sin una explicación convincente de su reubicación o de la pérdida de sus fuentes de subsistencia.
Para monseñor Báez, el problema fundamental es la falta de transparencia por parte del gobierno sobre el proyecto completo. Ortega Saavedra y miembros de su gabinete, en los últimos meses, se han preocupado en presentar al Canal como un proyecto que podría ser el revulsivo de la economía nicaragüense y equipararla, en crecimiento, a la de Panamá, por ejemplo, con su Canal Interoceánico.
En ese sentido, desde el inicio del año -expresado por monseñor Álvarez–, los obispos "estamos a la espera de ver cuál será el trazado definitivo del Canal, de forma que sea claro para todos la cuestión".
"Con respecto al proyecto del Canal como algo nacional, en este momento no lo es, porque en realidad, en principio el pueblo no ha participado en la toma de la decisión", dijo recientemente monseñor Báez, quien cuestionó que hasta ahora no se haya hecho público el contenido de los estudios sobre el impacto ambiental, que se han presentado a la comisión del Gran Canal.
"El secretismo nunca es bueno en una gestión gubernamental. Mientras más transparente es un gobierno es más democrático".
Sin embargo, todo hace suponer que el secretismo continúa y se teme que existan de nuevo estallidos sociales como los que se produjeron la madrugada del 24 de diciembre de 2014 en la comarca El Tule (Río San Juan) y en el sector del barrio Los Pinos (Rivas), donde la Policía Nacional desalojó con violencia a campesinos que se mantenían en un plantón protestando contra el Gran Canal, con un saldo de 70 heridos.