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Rezaron para que naciera viva y poderla bautizar: así respondió Dios

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La historia de Maria Grazia Letizia, la hija de Chiara Corbella y Enrico Petrillo:“Quizá no sabes que has nacido para la eternidad…”

El 10 de junio, día previsto para la hospitalización, Chiara llegó ya con algunas contracciones, a las cuales no les dio mucho peso la noche anterior. Pensó que quizá eran simples dolores, no las verdaderas contracciones de preparación al parto. En cambio, se trataban precisamente de las mismas.

Cuando llegó para la visita de control, el médico le preguntó si durante la semana había tenido dolores. Respondió que sí. El doctor miró sorprendido a Daniela: Chiara tenía seis centímetros de dilatación y el parto estaba más cercano de lo que pensaba.

También Daniela, junto a Enrico, advierte concretamente que esta es una señal y que Dios está haciendo su parte. Enrico nos mantenía al tanto de la situación mientras estábamos de viaje.

Nos dijo que Chiara se estaba preparando sola para el parto, y que los médicos ahora estaban de acuerdo sobre el hecho de que no era necesario oxitocina para inducir el nacimiento y estaban listos a proceder con un parto natural. Una noticia que daba mucha paz porque confirmaba que el Señor mismo había escogido ese día para María Grazia Letizia. Cuando llegamos al hospital, el bebé no había nacido.

Fuera esperaban algunos parientes y amigos.

Con la ruptura de la bolsa amniótica, la enorme panza de Chiara se vació en pocos minutos. Ella y Enrico dijeron a Daniela que el padre Vito quizá ya estaba afuera y estaba listo para bautizar a la pequeña. Daniela lo vió en la sala de espera. Tras presentarse velozmente, le dio un sayo azul y le dijo que lo siguiera.

El trabajo de parto y el parto ocurrieron sin dificultades, para dejar sin palabras. Todo lo que se temía no sucedió. María Grazia Letizia nació. Los médicos la llevaron inmediatamente a la incubadora. Algunos, al considerarla muerta, no querían enseñársela a los padres.

Daniela se opuso y logró llevarla a la habitación. Cuando Enrico tomó en sus brazos a su hija, sintió que su corazón latía aún. Se la llevó a Chiara. Le habían pedido al Señor que el parto fuera natural y que Maria Grazia Letizia naciera viva, para poderla bautizar.

Enrico entró y le dijo que era precisamente así, que Maria estaba todavía viva. El padre Vito la bautizó. Para Chiara es un momento inolvidable. “Su bautismo fue el don más grande que el Señor pudo darnos”, dijo. “Miraba a Enrico con nuestra hija en los brazos, tan orgulloso de ella. Estaba segura de que no hubiera podido tener un mejor padre”.

Se tomaron fotos, muchas fotos. Enrico llevó a la pequeña afuera para que la conocieran los abuelos, parientes y amigos. Todos estaban conmovidos.

“En la casa familia, los niños que entran te los encomiendan pocos meses o años, pero esto no te impide amarlos menos, más aún: tienes el deber de atenderlos con todo el amor que seas capaz, para dejarles un recuerdo del amor que Dios ha querido donarles a través de tus sencillos gestos. Dios amará a esta criatura a través de nuestros gestos, debemos, por lo tanto sentirnos honrados por una tarea tan grande”. Así escribió Chiara en su carta a Enrico para anunciarles la llegada de su hija.

Después de apenas cuarenta minutos del nacimiento en la tierra, María Grazia Letizia nació en el Cielo. Chiara y Enrico estaban verdaderamente felices. Estaban preparados para lo peor, no para tanta belleza.

“El momento en que la vi fue un momento que nunca olvidaré: entendí que estábamos unidos de por vida. No pensé que estaría poco con nosotros. Fue una media hora inolvidable.

Si hubiera abortado no creo que hubiera podido recordar el día del aborto como un día de fiesta, un día en que me habría liberado de algo. Habría sido un momento que habría querido olvidar, un momento de gran sufrimiento.

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