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¿Qué hacer cuando el párroco es difícil? 7 consejos

Catholic Church in London – es

Catholic Church England and Wales

Henry Vargas Holguín - publicado el 15/06/15

Ayuda recordar que los sacerdotes son personas con todas sus fallas humanas

Quisiera pedirles un consejo: soy el líder servidor de un grupo de jóvenes de mi parroquia, he formado un grupo de monaguillos, un grupo de oración y un coro, cosa que en mi parroquia no hay. Desafortunadamente nuestro sacerdote es muy tradicional, no le gustan las guitarras y hemos tenido problemas con él. Él siempre quiere hacer lo que él diga y no es justo porque la Iglesia somos todos. Ya llevo 3 años y medio con el grupo y siento que se va a ir desintegrando poco a poco. ¿Qué puedo hacer?

“Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir a favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados” (Heb 5, 1- 3).

Recordemos antes que todo que el sacerdote es un hombre. Un hombre que sufre, que siente, que se equivoca y llora. Sin idealizar la figura sacerdotal, los fieles recuerden que, en medio de las debilidades humanas, los sacerdotes estamos empeñados en una misión difícil, gastándonos al servicio de Dios y de su Pueblo. No somos perfectos, pero acaso ¿alguien lo es?

Puede ser fácil exigir al sacerdote que sea santo… A veces los laicos son tan exigentes con sus sacerdotes cuanto más condescendientes son con sus debilidades. 

Un fiel, en vez de ser un “megáfono” de defectos y miserias ajenas, debe preguntarse qué hace para que su sacerdote viva su sacerdocio con alegría. ¿Reza por su sacerdote? ¿Se interesa por su bienestar? ¿Lo acompaña con comprensión, ante su agotamiento, desaliento o enfermedad?

Por tanto hay que orar mucho por el párroco. Él es una persona como todos y necesita del acompañamiento comenzando por la oración. Los fieles, cuando traten con los sacerdotes, recuerden que son personas como cualquier otra con todas sus fallas humanas; la única diferencia entre un fiel y su sacerdote son las manos consagradas de este. El fiel que sufra por la actitud de su párroco debe ofrecer su sufrimiento para gloria de Dios y conversión de todos.

Hecha esta introducción y pasando ahora concretamente a la inquietud del lector, veo que la única objeción que pone el párroco es el uso de la guitarra. ¿Este es todo el problema? El párroco acepta los monaguillos, acepta el grupo de oración y acepta el coro sólo que sin guitarras; pues organizar el coro sin este instrumento. Por ejemplo organizar una coral, si nadie sabe tocar otros instrumentos.

Pero indiferentemente de cómo sea el párroco o qué permita hacer y qué no, le presento unas consideraciones:

1. Recordar que una ayuda es sólo eso, una ayuda o una colaboración; no se puede pretender hacer más que lo que hace el párroco. él se podría sentir desplazado o suplantado y se podría incluso llenar de recelo; podría hacer ver que es él el párroco. Es que por fortuna o por desgracia todos los sacerdotes no dejamos de ser seres humanos.

2. No entrar en conflicto con el responsable de la parroquia, que por lo que veo es difícil de mirar. Hay un dicho: el que manda, manda; aunque mande mal.Mientras sea él el párroco hay que aceptar sus directrices aunque nos parezcan equivocadas. Es él quien tiene la última palabra y quien tiene que responder por la parroquia ante Dios y la Iglesia. En este caso, yo creo que no hay necesidad de recurrir a una instancia superior para que él cambie, pues la cosa no es grave; hacerlo generaría inconformidad y disgustos que dañarían la vida de parroquia y las relaciones fraternales.

3. Fomentar la amistad y el diálogo con el párroco para que se sepan escuchar y comprender, porque a veces pasa que nos encerramos en nuestro punto de vista.

4. Hacer humilde y gustosamente lo poco o mucho que el párroco acepte y/o solicite; recordar que es un servicio a Dios y a la Iglesia y no a la persona del sacerdote.
Más vale hacer poco y con una sonrisa en un buen ambiente, que mucho con tensión y malas caras. Recordar que se trabaja para Dios y a Él no le gusta que se hagan las cosas de mala manera y descontentos. Se pide humildad, docilidad y respeto hacia el sacerdote, recordando que ésta es la actitud ante toda persona mayor en edad, dignidad o gobierno.

5. Recordar que quien obedece nunca se equivoca. La persona si hace exactamente lo que se le manda no se debería equivocar; y si algo sale mal quien se equivoca es quien manda, no quien obedece (es obvio que una persona está obligada a obedecer siempre y cuando la orden no vaya en contra de su conciencia ni contra la voluntad de Dios).
La obediencia suele concretarse a partir de obligaciones o prohibiciones que implican la realización u omisión de ciertas acciones. El concepto contempla la subordinación de la voluntad individual a una figura de autoridad, en este caso el párroco. La obediencia implica humildad, depositar la confianza en alguien que ya nos ha precedido en un camino. Claro, no se trata de una obediencia ciega o la obediencia del borrego sino una obediencia basada en el amor de Dios.

6. Se podría también contemplar la posibilidad de que el servicio que la persona ofrece se pueda dividir en dos parroquias: una parte lo que le permita hacer el párroco y otra parte en otra parroquia.

7. También se podría ofrecer el servicio en otra parroquia distinta, comenzando por la más cercana. Si la persona no se siente cómoda con sus servicios ofrézcase a otra parroquia si tiene la posibilidad; que en cualquier otra parroquia será, tanto o más, valorado y siempre será bienvenido. No tiene sentido desempeñar un servicio o una función cuando no se es aceptada o valorada. Recuerde que es hermoso y muy gratificante trabajar para Cristo y servirlo en el hermano.

Y finalmente quiero expresar mis felicitaciones por el liderazgo juvenil, por las buenas iniciativas y por la fe que se quiere hacer realidad concreta. Dios y la Iglesia necesitan que todos arrimen el hombro en el proyecto divino de la implantación de su reino entre nosotros. Otra cosa importante es no desanimarse, pues un fiel así, disponible y generoso, siempre será necesario.

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