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Wayward Pines: Shyamalan televisivo

Fox
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El director parece haber encontrado en la televisión un canal idóneo para allanar los odios viscerales que paulatinamente han ido despertando sus películas

Pasó de ser el nuevo Rey Midas de Hollywood a convertirse en veneno para la taquilla. Pulverizó las taquillas de medio mundo con El sexto sentido y firmó el único fracaso en años protagonizado por Will Smith, After Earth. Comenzó a despertar reticencias con El protegido, sospechas con Señales, hostilidad con El bosque y odio visceral con La joven del agua.

A partir de ahí todo fue cuesta abajo. Se lo jugó todo a una carta con la arriesgadísima El incidente y tras su tibia recepción en taquilla no le quedó más remedio que rendirse a los grandes estudios. Puso en marcha una desastrosa adaptación de anime con Airbender. El último guerrero y cavó su propia fosa con After Eart., Estrellarse con un talismán como Will Smith parecía muy complicado, hasta que llegó Shyamalan.

Con este panorama, M. Night Shyamalan ha decidido reconducir las cosas y hacer aquello que mejor sabe hacer, películas de atmósferas inquietantes con un fuerte componente sobrenatural. Su próxima película, que se estrenará en octubre, The Visit parece precisamente eso, un ejercicio de suspense sin demasiadas pretensiones. Es lo que tenía que haber hecho después del fracaso de La joven del agua, refugiarse en lo que uno sabe hacer.

En cualquier caso y a la espera de lo que resulte de The Visit, Shyamalan parece haber encontrado en la televisión un canal idóneo para allanar los odios viscerales que paulatinamente han ido despertando sus películas. Wayward Pines nos cuenta la historia de Ethan Burke (Matt Dillon), un agente del Servicio Secreto de Estados Unidos que, tras un accidente de tráfico, despierta en las inmediaciones de Wayward Pines, una pequeña población del estado de Idaho.

Sin embargo, desde el primer momento, las cosas no parecen muy normales allí: no parece haber nadie en el hospital en el que se recupera, no logra ponerse en contacto con su familia y el sheriff parece más preocupado por intimidarlo que por facilitarle las cosas. A partir de este momento Wayward Pines es un crescendo de intrigas y misterios sin explicación. Wayward Pines parece ser una especie de limbo espacio-temporal amurallado y cercado por extrañas criaturas. Cada episodio contribuye a generar una nueva incógnita.    

Planteado así, Wayward Pines parece un émulo de Perdidos en el que la profusa acumulación de incógnitas generó un importante berenjenal para en su último capítulo tratar de aunar demasiadas explicaciones a demasiados sinsentidos y que como es sabido no gustó a todo el mundo.

De momento, y cuando nos encontramos en el ecuador de esta miniserie de diez capítulos, Wayward Pines parece un esmerado empeño por limpiar el nombre de Shyamalan. El director, que ha terminado por convertirse en uno de los directores más odiados de Hollywood, ha decido demostrar que él también puede hacer lo que todo el mundo hace sin despeinarse, aunque esto implique perder algunas de sus señas de identidad.

El episodio piloto, un correcto capítulo de suspense sin grandes hallazgos solo recibió alabanzas en Estados Unidos. Aunque bien llevado, lo cierto es que ni el episodio ni la serie en sí aportan nada particularmente novedoso. Además en Wayward Pines no hay de momento rastro de esa mirada compasiva y esperanzadora que Shyamalan solía verter sobre sus películas.

A cambio Wayward Pines ofrece un intrincado laberinto de intrigas muy entretenido, todo hay que decirlo, pero sin apenas personajes y muchísimo menos trascendencia. No es malo que Shyamalan quiera limpiar su nombre tomándose un descanso con uno o dos productos vacíos y sin demasiada entidad. Solo cabe esperar que en unos años recupere su particular, emotiva y espiritual idiosincrasia.

 

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